El gobierno demoniza al obispo de Mallorca por defender el territorio
El consejero de Turismo, Jaume Bauzà, ha reprochado a Sebastià Taltavull sus críticas a la masificación turística y le ha cuestionado la coherencia por el papel del santuario de Lluc
-
CAT -
ENG -
DE
PalmaEl gobierno de Marga Prohens cree en un nuevo Dios, diferente del que guía al obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull. El consejero de Turismo Jaume Bauzà ha puesto el grito en el cielo a raíz de la entrevista que el prelado ha concedido a este diario. Era con motivo de los 36 años de la publicación de la punzante carta pastoral titulada Ecología y turismo en nuestras Islas. Pautas para una actuación cristiana. Se trataba de la primera vez en la historia que los tres representantes de las diócesis de las Baleares firmaban un escrito conjuntamente. Entonces, Teodor Úbeda era el obispo de Mallorca; Manuel Ureña, de Ibiza-Formentera; y Antoni Deig ejercía de administrador diocesano de Menorca. En 1990 los tres se aliaron para clamar contra las terribles consecuencias que estaban teniendo sobre el territorio y la identidad insular más de tres décadas de boom turístico.
En sus últimas homilías, en medio del actual debate sobre la masificación turística, Taltavull ha querido rescatar del olvido la carta pastoral que él mismo ayudó a elaborar, siendo entonces vicario general de Menorca. En un tuit en la plataforma X, el consejero de Turismo se ha mostrado indignado con la codicia turística de estos años que denuncia el obispo en el ARA Balears. Lo ha hecho apelando, cínicamente, al famoso estribillo de una canción de Lluís Llach: “No era eso, compañeros, no era eso”. Bauçà acusa al prelado de ser un hipócrita. Le hace tres reproches: “Le molestan los ciclistas que suben a Lluc, a pesar de que no hace mucho el mismo santuario los invitaba con un entusiasta ‘Ciclista, Lluc es tu casa’. Es la parte buena de tener memoria: permite recordar que la hospitalidad, a veces, tiene una curiosa geometría variable. También le preocupan los cruceros, aunque una buena parte de sus pasajeros acaban visitando la Seu. Y mientras predica contra la codicia turística, convendría recordar las 268 plazas comercializadas en el santuario de Lluc, objeto de un expediente por presuntas irregularidades. Quizás la codicia es más fácil de reconocer cuando se contempla desde el campanario de alguien más”.
Bauzá incluso recrimina a Taltavull que 36 años después se haya querido apropiar de la famosa carta pastoral que entonces fue totalmente ignorada por la clase política y empresarial. “La modestia -sentencia- también es una virtud cristiana, especialmente cuando se trata de repartir méritos retrospectivamente”. Sorprende mucho la virulencia verbal del consejero contra el dirigente de la Seo, que siempre se ha caracterizado por su fuerte compromiso cívico. En la entrevista, Taltavull recuerda que a partir de los años 70 participó activamente en las movilizaciones ecologistas de Menorca. “Tenía claro que defender el territorio era defender a las personas, su identidad y su lengua”. El consejero se olvida de que, a pesar de las incoherencias que puede tener el obispado como institución, fue la primera entidad que, en pleno boom turístico, se preocupó por los más desvalidos. En 1961 creó Cáritas Diocesana de Mallorca, que todavía hoy salva vidas en medio de la derrota social que padecemos.
Si el consejero ha leído la entrevista, sabrá que el obispo en ningún momento critica el turismo, que, tal como ya afirmaron hace 36 años sus colegas, “es el pan de nuestras Islas”. Taltavull solo pide poner sentido común al colapso actual. Basta fijarse en las cifras para darse cuenta de que la industria se nos ha escapado de las manos y que las Baleares se han convertido en un parque temático donde los residentes estorban. Los 18 millones de turistas anuales triplican los que llegaban al Archipiélago en 1990. Y los últimos 25 años, la población se ha duplicado hasta superar los 1,2 millones de habitantes. Es un crecimiento demográfico insólito en Europa, que amenaza nuestra supervivencia como pueblo -solo cerca de una tercera parte de la población es catalanohablante.
El obispo conoce bien la cara oscura del turismo. Ya hace tiempo que de vivir del turismo hemos pasado a malvivir del turismo. La famosa ‘gallina de los huevos de oro’ solo cacarea con alegría para una minoría. Hoy la felicidad de los turistas se sostiene sobre el sufrimiento de unos trabajadores pobres que, en las nuevas ‘islas inmobiliarias’, no pueden ni pagarse una vivienda. Poco importa que se conculque así uno de los artículos de la sacrosanta Constitución. Por todo ello, es una indecencia que un dirigente político demonice a un pastor de la Iglesia que se preocupa por el bienestar de sus feligreses, cada vez más abandonados por unos representantes democráticos vendidos al turbocapitalismo. El ‘teoturismo’ del gobierno de Marga Prohens no entiende de caridad cristiana. Hay pecados que no tienen perdón de Dios por mucho que guste ir a misa.