05/06/2026
Dirección del semanario
2 min

PalmaDespués de recorrer la exposición retrospectiva de Joan Fontcuberta en el casal Solleric, volví atrás. No se me quitaba de la cabeza una duda: qué era verdad y qué no en Fauna, la gran instalación que, firmada con Pere Formiguera, ocupa dos de las salas más grandes del centro.

Mirad que conozco la historia, que la debía tener simplemente arrinconada en algún rincón de la memoria. Mirad que sé bien que Fontcuberta ha construido gran parte de su trayectoria jugando con las líneas finísimas que separan la realidad de la ficción. Mirad que sé que el engaño es una de las herramientas que utiliza con más habilidad para mostrarnos hasta qué punto vivimos rodeados de mentiras, simulaciones y relatos fabricados. Mirad que soy consciente de que nos hablaba de las fake news antes de que existiera la expresión, que hace décadas que nos advierte sobre la manipulación de las imágenes y sobre la facilidad con que cualquier historia puede ser presentada como verdad. Y, sin embargo, volví atrás.

a la Fundació Toni Catany de Llucmajor, y a Lo mejor de Fontcuberta es que no nos engaña porque sí. Quizás nos engaña para que entendamos mejor cómo funcionan los mecanismos de la manipulación y también los de la credulidad. Para que descubramos hasta qué punto la verdad es vulnerable cuando una mentira está bien construida. Esta idea atraviesa también las otras dos exposiciones de Fontcuberta coincidentes en Mallorca. Al gran montaje de Via Làctia en la Fundació Toni Catany de Llucmajor, y a Orquídies i macarres en la galería Xavier Fiol de Palma. En las tres comparece la misma pregunta: ¿qué es real y qué es una construcción? ¿Qué pertenece a los hechos y qué al relato? ¿Qué observamos y qué nos hacen observar?

Durante mucho tiempo pensamos que los engaños prosperaban porque faltaba información. También creímos que el remedio era el conocimiento. Hoy no estamos tan seguros. Resulta que podemos estar informados sobre un tema, conocer las estrategias de manipulación y, aun así, somos vulnerables. No basta saber que existe el engaño para evitarlo. No basta estar advertido. La sofisticación de los mecanismos de simulación crece más rápido que nuestras defensas.

Y esto es muy relevante en un momento en que la inteligencia artificial es capaz de generar imágenes, vídeos, voces y relatos cada vez más indistinguibles de la realidad. No menospreciemos lo que Fontcuberta nos hace ver desde hace décadas. Su obra no habla solo de fotografía ni de arte. Habla de nosotros y de la utilización que se hace, de nuestra necesidad de creer.

Yo volví atrás para mirar de nuevo Fauna. Sabía que me engañaban. Sin embargo, por un rato, lo dudé igualmente. Y esto no ha hecho más que empezar.

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