Ecce moneyot

07/01/2026
2 min

La cosa quedó tan mal que a Cristo se le llamaba Ecce Mono, porque tenía una obvia y redonda cara de simio. Hablo del Cristo de Borja, Zaragoza, que hacia el año 2012 se hizo viral por culpa de una restauración fallida que dio como resultado aquella cara redonda e incomprensible, vagamente munchiana, que hizo que la autora de la chapuza se convirtiera en una celebridad mundial.

La señora se llamaba Cecilia Giménez y ha muerto estos días a 94 años (tenía 81, y ninguna formación como restauradora, cuando perpetró la fechoría). Cristo originario era valioso y del siglo XIX, pero al fresco no le visitaba ya nadie en aquella capilla a cinco kilómetros del pueblo, tenía una oreja descolorida o borrada sobre el yeso caído. Si se hubiera encargado un restaurador profesional, Cristo habría podido volver a verse en todo su esplendor clásico, pero sería otro Santo Cristo anodino y no más original ni llamativo que el de cualquier parroquia. Parece que la señora ya se había atrevido, con éxito, con un santo de la capillita. Pero Giménez logró crear un icono global, por mucho que fuera criticado al inicio por los expertos o que dijera que el trabajo estaba incompleto (nunca le dejarían rematarlo).

Su Santo Cristo se convirtió en cuestión de días en una imagen que recorrió el planeta de pantalla en pantalla, y que en Zaragoza han sabido explotar con astucia quizás no demasiado cristiana. Gracias a la cara de Cristo frito, la parroquia recibe ahora mismo a más de 40.000 visitantes anuales, y ya son casi medio millón de personas las que han venido de más de 120 países para admirar la tifarada. Visitantes que han tenido que pagar entrada, y se estima que son más de dos millones de euros lo que puede haber generado en beneficios, ese Cristo simio. Ni que decir tiene que en el pueblo han habilitado un espacio, todo un museo ya con el nombre de la restauradora; allí se pueden ver más de treinta y ocho obras inspiradas en Cristo deforme, toda casta de pinturas de valor visiblemente escaso, pero que 'dialogan' con la obra 'original' y hacen que todo sea aún más cómico. Sobre todo lo que vienen son camisetas. Todavía ahora son un símbolo de ironía postreligiosa propia de hipsters enrollados.

Todo esto puede despertar muchas reflexiones. En un mundo donde se busca enconadamente crear imágenes icónicas, una mujer lo consiguió sin pretenderlo. Cristo abollado de Borja es famoso en todo el globo, incluso lo he visto en las camisetas de personajes de series de televisión. También podemos decir que aquel Cristo es el que queda, ahora mismo, de Jesús, ya no sólo una caricatura sino una mueca arregada. Esa cara de Cristo no deja de ser también un espejo de los gustos contemporáneos. O que ésta es la cara más presente y significativa de quien había venido a salvarnos, ya quien ahora sólo podemos mirar en caricatura o con la carcajada de quien ve todos los mesianismos desde un desencanto ilimitado. Somos lo que queda cuando ya no queda nada. Que vuelva el hijo de Dios a mostrarse de nuevo. Amén. Y buen año. Etc.

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