Salida de emergencia

Los mallorquines lo hemos vendido todo: también la lengua

Muelle Viejo de Palma.
04/05/2026
Escritor
3 min

Se organiza estos días en el muelle Viejo de Palma (o se ha organizado, depende de cuándo leáis esto) una feria de embarcaciones de espacio que lleva, como no, un título bien pomposo en inglés: International Boat Show, como corresponde a uno de estos eventos –o, en el buen mallorquín de nuestros gobernantes, eventos– pensados para complacer a la numerosa población de millonarios extranjeros que viven o pasan vacaciones en Mallorca, y atraer a más, si es posible. En esta feria, como explicaron en el Téntol de IB3 Ràdio, se podía adquirir un yate de 45 metros de eslora por el precio de 21 millones de euros. No es un hecho excepcional, sino una de las abundantes propuestas que se pueden encontrar en Mallorca en el mercado del gran lujo.El International Boat Show coincidió con un aniversario redondo y señalado: los 40 años de la aprobación en el Parlament, el 29 de abril de 1986, por unanimidad, de la Ley de normalización lingüística. Hay muchos que se han preguntado qué ha pasado en estos cuatro decenios porque con un instrumento jurídicamente y políticamente potente como esta ley la situación del catalán haya avanzado tan poco y, de hecho, haya retrocedido en aspectos claves como el uso social y la consideración que en tienen sectores amplios de la población. ¿Es culpa de los inmigrantes, dicen muchos, porque no se integran, no aprenden o no quieren aprender la lengua. Quizás tendría más sentido mirar hacia nosotros mismos: en estos 40 años, los ciudadanos de Baleares, y en particular los mallorquines, lo hemos vendido literalmente todo. Lo que teníamos y lo que no teníamos. También la lengua, claro está. Las ferias llevan títulos en inglés por puro provincianismo: piensan que, así, venderán más. ¿Más qué? Más barcas, más helicópteros, más mansiones, más trozos de tierra, más experiences (pronunciado en inglés, por favor), más de todo. Sucede que, en la mayoría de los casos, tanto los compradores como los beneficiarios de la compra no son mallorquines. Los mallorquines solo están ahí para hacer de indígenas sonrientes y agradecidos si se llevan alguna comisión. Que los turistas o los compradores sean ricos no significa de ninguna manera que sean turistas o compradores de calidad. ¿De dónde salen sus dineros? ¿Cómo los han obtenido? Mallorca está desfigurada porque la hemos vendido a gente cargada de billetes, muy a menudo sucios. La oferta de lujo es signo de un mercado maduro, dicen. Es posible que el mercado sea maduro, pero los que lo gestionan dan muestras de una inmadurez radical.Aún así, la feria de las barcas carísimas y el melancólico cuadragésimo aniversario de la normalización lingüística han coincidido con otro hito (evento?): el Correllengua Agermanat, una gran movilización en favor de la lengua catalana que ha gozado de la participación entusiasta de miles y miles de personas por todo los Paísos Catalanes. Una multitud, con predominio de los jóvenes, que no se conforma con el fatalismo de los que aseguran que ya no tenemos cabida en este mundo. Todos estos miles de personas dicen que sí, que la tenemos, y que esta cabida y el futuro que nos espera, que los jóvenes personifican, es en catalán. Tenemos, así, tres realidades yuxtapuestas. Por un lado, los extranjeros obscenamente adinerados que ignoran por completo la realidad de unas islas que para ellos solo son un decorado de fantasía. Por otro, los llorones de la normalización frustrada que afirman que ya no hay nada que hacer. Y aún, una enorme cantidad de ciudadanos, la mayoría jóvenes, con ganas de creer y de esforzarse por el futuro de estas Islas y de su lengua, cultura y paisaje. Si me lo permitéis, yo me apuntaré a estos últimos.

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