ARA Balears
07/02/2026
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La plaza de la Drassana era un espacio clave del arrabal de mar, donde se construían y reparaban barcos que conectaban Palma con el Mediterráneo.
A pesar del nombre, nunca hubo cónsules fijos en el edificio del Consolat, ya que las reuniones se hacían en diferentes espacios de la ciudad, como la Lonja o la Universidad.
La Lonja de Mercaderes, obra de Guillem Sagrera, es una de las mejores muestras del gótico civil mediterráneo. El aspecto exterior de fortaleza de la Lonja contrasta con el interior, donde las columnas helicoidales simbolizan movimiento y dinamismo comercial.
El Consolat de Mar fue una institución creada en 1326 para resolver conflictos entre mercaderes y navegantes derivados del comercio marítimo.
La estatua de Jaume Ferrer, en la plaza de la Drassana, recuerda a un navegante mallorquín del siglo XIV que llegó más lejos de la costa occidental conocida de su tiempo.
En la Lonja se reunían mercaderes, se negociaban contratos y se concentraba el poder económico de la Palma medieval.
El muelle de la Riba era una extensión del puerto histórico, sobre terrenos ganados en el mar después del desvío de la Riera en el siglo XV. Esta zona conectaba directamente el arrabal de mar con la bahía y era fundamental para la carga y descarga de mercancías.
Tras el paseo a pie por el arrabal de mar, el antiguo barrio marinero de Palma, hemos embarcado en el 'Blue Circle', un catamarán 100% eléctrico, para contemplar el puerto desde el mar.
El faro de Portopí, documentado desde 1300, y el castillo de Sant Carles, construido en el siglo XVII, atestiguan la importancia de Portopí como puerto natural y como punto clave en la defensa estratégica de Palma ante la piratería mediterránea.
La Puerta de Gavella, o de la Gabella de la Sal, era una puerta de la muralla medieval de Palma donde se controlaba y se cobraba el impuesto sobre productos básicos, sobre todo la sal, que entraban en la ciudad desde el puerto.
El castillo de Bellver, único por su trazado circular, reforzaba la defensa de la ciudad desde el interior y simbolizaba el poder real.
La Sede de Mallorca, situada frente al mar, completa este triángulo de poder: religioso, político y económico, junto con la Almudaina y la Lonja.
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