Los apóstoles mallorquines de la teología de la liberación

A partir de finales de los 60, un grupo de misioneros liderados por el felanitxer Bartomeu Bennàssar regresó de Perú para ayudar a los trabajadores peninsulares explotados del 'boom' turístico. Lo hicieron imbuidos por la nueva filosofía cristina propugnada por el teólogo de Lima Gustavo Gutiérrez

Pere Fons, Jaume Santandreu, Cecili Buele y Bartomeu Bennàssar
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PalmaEn 1968 el mundo se regirá. Fue el año en que se intensificaron las movilizaciones contra la Guerra de Vietnam, iniciada 13 años atrás. En mayo, en París, cientos de estudiantes salieron a la calle con consignas tan sonadas como 'Se realista, pide lo imposible'. En Checoslovaquia, las fuerzas soviéticas reprimieron un intento de reforma llamado 'Primavera de Praga', que propugnaba el 'socialismo de rostro humano'. Estados Unidos, mientras asistía a la eclosión del movimiento hippy, se consternaba con los asesinatos de dos de los defensores de los derechos de la población negra, el reverendo Martin Luther King y el aspirante demócrata en la Casa Blanca Robert Kennedy –el mismo trágico final había tenido cinco años antes su hermano1, que había llegado a México1, que había llegado a México1, que había llegado a México. ametrallaba a universitarios que pedían más democracia en las vísperas de la celebración de los Juegos Olímpicos. En aquella cita deportiva, se visibilizó la corriente antirracista 'Black Power' a cargo de dos atletas afroamericanos que recogieron sus respectivas medallas levantando un guante negro y bajando la cabeza.

Desde Lima (Perú), observando un panorama mundial tan convulso, estaba el sacerdote Gustavo Gutiérrez Merino, de 40 años. En 1968 hacía un año que en Bolivia la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) había ejecutado a Ernesto Guevara, más conocido como el Che. En 1959, en Cuba, el famoso guerrillero argentino había participado con Fidel Castro en la revuelta contra la dictadura de Fulgencio Batista. Con su muerte, EEUU desactivaba, en plena Guerra Fría, la propagación de la revolución armada contra el capitalismo a favor del comunismo. Gutiérrez era consciente de la situación de opresión y subdesarrollo que sufría Latinoamérica. Para revertirla, se imbuyó de la lucha de clases marxista y de los aires renovadores del Concilio Vaticano II (1962-1965) del papa Juan XXIII. Fue en una reunión de teólogos en el pueblo de Chimbote donde puso nombre a su nueva idea de justicia social: Teología de la Liberación.

Preocupación episcopal por el alud migratorio

Uno de los asistentes a aquella reunión fue el misionero felanitxer Bartomeu Bennàssar Vicens. A 31 años, acababa de aterrizar en Perú, país que, junto al Burundi, formaba parte del área de actuación de la diócesis de Mallorca. "El mensaje de Gutiérrez –recuerda hoy a 88 años– reivindicaba la esencia del cristianismo. No gustó mucho, sin embargo, a una parte de la jerarquía eclesiástica peruana. Dos años después, a mí ya otros curas comprometidos nos animaron a partir del país". Desde Brasil, quien se mantendría firme con la causa sería el catalán Pere Casaldàliga (1928-2020), apoyando a los campesinos indígenas sin tierra.

De vuelta a Mallorca, Bennàssar quiso aplicar aquellos revolucionarios postulados al submundo oculto del boom turístico. Para conocerlo de cerca, el primer verano hizo de camarero de pisos en un hotel de Calvià. En 1964 el felanitxer ya se había interesado en el cambio que estaba experimentando la isla con una tesis doctoral titulada Turismo y pastoral. Síntesis de teología de las vacaciones. Sin embargo, seis años después se hizo cruces de la nueva realidad: la explotación laboral de más de 130.000 peninsulares que entre 1960 y 1970 llegaron procedentes de las zonas rurales más pobres. Los empresarios estaban obligados a ofrecerles alojamiento. Con todo, cumplían la ley cediéndoles las salas del todo insalubres de los sótanos de los hoteles, las conocidas 'llorigueres'.

En 1971 el obispo Rafael Álvarez ya se mostró preocupado ante la incapacidad de gestionar ese alud de inmigrantes. Así lo manifestó en una carta del 27 de noviembre: "Aquí no hay trabajo para tantos, ni colocaciones, aunque sea en hoteles en la época de mayor afluencia turística [...]. Para ahorrar sufrimientos a los propios emigrantes y, por no poner en una situación comprometida a los organismos oficiales y eclesiásticos que se preocupan de estos asuntos. Como dato elocuente de lo que escribo [...], en sólo cuatro meses, la Diócesis de Mallorca [...] ha repartido más de 400.000 pesetas en billetes de barco o ayuda de viaje para reintegrar a la Península a cientos de inmigrantes que no pudieran encontrar trabajo en nuestros hospitalarios pueblos".

Al cabo de un año, el sustituto de Álvarez, el obispo Teodor Úbeda, añadía un nuevo matiz al debate en otra carta: "Pedámonos todos –vosotros y yo el primero– queridos mallorquines: ¿Qué actitud tenemos delante de nuestros hermanos inmigrantes? Los acojamos –¿acaso? remuneración de puestos de trabajo [...]. ¿Procuramos que puedan tener viviendas adecuadas?". La respuesta a aquellas preguntas llegaría el 2 de abril de 1973 por boca de Carmel Bonnín, compañero de Bennàssar en Perú. En un escrito, Bonnín, nacido en Palma en 1942, recordaba al obispo que no se trataba de un problema de xenofobia sino económico: "Me refiero a que los mallorquines, asalariados muchos de ellos, ocupan en general lugares de privilegio dentro de la empresa comparados con los que tienen que aceptar los inmigrantes".

Apoyo de cristianas seculares

Con el apoyo del obispo Údeda, Cáritas Mallorca, entidad diocesana de acción social nacida en 1961, intensificó las campañas de atención a los inmigrantes de la hostelería, convertidos en los nuevos marginados. "Este cambio de actitud –dice Bennàssar– fue propiciado en parte por la Teología de la Liberación que llevamos de Perú a toda una generación de misioneros mallorquines". En 1971 nacía en un hotel del Arenal una iniciativa pionera llamada 'Acolliments', que también se extendería a Cas Català (Palma) y en Palmanova (Calvià). Sus impulsores fueron Carmel Bonnín y otro seguidor de Gustavo Gutiérrez, el manacorense Jaume Santandreu (1938-2025). Se trataba de un lugar de encuentro donde el personal tenía un bar y, en algunos casos, una guardería para los hijos de madres trabajadoras. También se ofrecían cursos de alfabetización y consulta jurídica con los primeros abogados laboralistas, Ferran Gomila y Catalina Moragues. En 1972 Bennàssar, junto con Bonnín, publicó un libreto con información jurídica titulado Guía del trabajador de hostelería. "Nuestra labor –asegura– incomodó a más de un empresario mallorquín que iba a misa. A ellos ya les iba bien que sus trabajadores vivieran en la precariedad".

Los 'Acolliments' se convertirían en la cuna del sindicalismo en la isla. También tuvieron la ayuda de un grupo de mujeres cristianas seculares. Una de ellas fue Sinfo García, que llegó a la puesta de Salamanca y se puso a trabajar en los hoteles. Lo mismo hizo la palmesana Maena Juan Marqués (1932-2019). De familia acomodada, pasó gran parte de su vida laboral en el hotel Bellver, donde, en octubre de 1973, siendo ella subgobernanta, tendría lugar la primera manifestación de camareras de pisos de toda España, liderada por la sindicalista de CCOO Maria Bonnín, hermana de Carmel, el cura –hoy son conocidas como en ' las que limpian. Juan se implicó a fondo en aquella lucha: financió el alquiler de pisos para trabajadores inmigrantes para evitar que durmieran en los temidos 'llorigueres' y les habilitó un centro de atención, la Escuela de Formación Social. La entidad, conocida como Mar Seis por estar situada en la calle del Mar, 6, de Palma, también organizaría campañas de captación de seminaristas para que en verano acudieran a trabajar a los hoteles para conocer su realidad.

Hospital de Noche

En 1973 la crisis internacional del petróleo dejó a miles de trabajadores de la hostelería en la calle. Para quienes no pudieran regresar a la Península, en 1976 Jaume Santandreu inauguró en Palma el centro de acogida de la Sapiencia. Dos años después, abriría otro, Can Gazà, en el Secar de la Real. En 1974 Bennàssar y Bonnín animaron al obispo Úbeda a crear la entidad Justícia i Pau –el primer presidente sería el mismo Bonnín, que, entre otras cosas, promovió las primeras jornadas sobre Inmigración, Racismo y Xenofobia y en 1982, la primera campaña del 0,7% que se hizo en los países.

En 1979, para coordinar mejor todo aquel tercer sector de la Iglesia, el obispo también creó la Delegación Diocesana de Acción Social. Al frente puso a Bennássar. Ese mismo año se sumó a la causa Cecili Buele, el primer mulado mallorquín, hijo de un guineano y de una arañera. "Yo –rememora a 81 años– acababa de pasar cuatro años en Perú y antes había estado otros tres en Burundi. También tuve la necesidad de poner en práctica la Teología de la Liberación. Lo hice desde la parroquia de la Encarnación de Palma que se me asignó". En 1981 Buele no dudó en dar una mano a Santandreu en la puesta en funcionamiento de otro de sus proyectos sociales: el Hospital de Nit, en el edificio de la Misericordia de Palma, entonces en estado ruinoso. "Hoy –lamenta–, 70 años después del 'boom' turístico y con un capitalismo desbocado, los trabajadores de la hostelería viven en condiciones aún más precarias. En los hoteles ya no hay 'llorigueres', pero fuera la gente alquila a precios abusivos habitaciones, donde duermen familias enteras".

Pere Fons, el último disidente

En 1978 la llegada al Vaticano del polaco Juan Pablo II, de talante conservador, supuso un freno para la propagación de la Teología de la Liberación. Aunque el papa Francisco (2013-2025), oriundo de Argentina, lo reivindicó, esta corriente poco a poco sería desplazada por la Teología de la Prosperidad impulsada por las iglesias evangélicas. Quien aún hoy lo pone en práctica es el manacorense Pere Fons Pascual, de 88 años. Es el último cura de la generación de mallorquines que en Perú se imbuyó de los postulados revolucionarios de Gustavo Gutiérrez. En el país andino estuvo como misionero 18 años de forma intermitente –de 1973 a 2003. Al volver, se centró más en el activismo parroquial que en trabajar junto a los marginados del boom turístico. El investigador inquero Bartomeu Ramis le acaba de publicar la biografía con el título Pere Fons, una leyenda (Edicions Documenta Balear). El protagonista no tiene pelos en la lengua. "En este libro –apunta– salen cosas que no debería haber dicho, pero ya está publicado".

Fondo nos recibe en la iglesia de Sineu, donde los fines de semana dice misa. Mientras se pone los hábitos para la celebración de la eucaristía, permanece fiel a su espíritu políticamente incorrecto. "Yo –honda– eliminaría el Vaticano y la Seo. El Vaticano tiene oro que sobraría para hacer una casa para los palestinos que ahora sufren los ataques de Israel". Sin embargo, el manacorense nunca se ha planteado salir de la Iglesia, como sí hicieron antiguos compañeros sus misioneros como Carmel Bonnín, Cecili Buele y Jaume Santandreu. "Debemos poder criticar a la Iglesia para que vuelva a sus raíces, representadas en la Teología de la Liberación. Es la teoría de la igualdad. Y para que así sea la debemos criticar desde dentro. Esto ya lo predicé a mi amigo Jaume Santandreu, que era de la misma edad que yo [murió el 2025]0. Entonces ya dejó de criticar a la jerarquía eclesiástica".

A principios de los 90, con el permiso del obispo Teodoro Úbeda, Santandreu hizo un muy buen tándem con Fondo al frente de la parroquia de María de la Salud, donde, entre otras cosas, pusieron en marcha un comedor social. En el municipio del Pla, Fons llegó en 1986 en sustitución de un párroco manifiestamente fascista. Hacía tres años de las primeras elecciones autonómicas y la entrada de la iglesia estaba presidida por una cruz dedicada a los caídos de Franco. "Lo primero que hice –apunta el presbítero– fue decir a los vecinos que con ese monumento yo no podía decir misa. Yo mismo quité todas las piedras y en su lugar sembré un olivo en señal de paz. Al cabo de unos días el olivo volvió a mustia porque alguien del pueblo le había echado gasóleo y tuve que siembra. 'No es sólo asesino quien mata a personas, también lo es quien mata árboles'".

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