¿Qué nos dice el lenguaje cuando no sigue el camino previsto?

Los desarrollos atípicos obligan a repensar cómo se organiza el lenguaje y qué relación mantiene con el cerebro

¿Qué nos dice el lenguaje cuando no sigue el camino previsto?
07/02/2026
4 min

Palma¿Cómo se organiza el lenguaje en el cerebro humano? ¿Qué hace posible que una criatura adquiera una lengua en pocos años, que esta capacidad se mantenga a lo largo de la vida o que, después de una lesión, el sistema encuentre formas de reorganizarse? Estas preguntas, que llevan muchos años lingüistas, psicólogos, médicos y neurocientíficos intentan resolver, no son sólo propias del ámbito académico: interpelan a cualquier persona interesada en entender cómo funciona una de las capacidades más básicas y, a la vez, más complejas de la especie humana.

Cuando pensamos en el lenguaje, a menudo lo hacemos a partir de una imagen bastante definida: hablantes que adquieren la lengua sin dificultades aparentes, que la utilizan con fluidez y que mantienen esta competencia a lo largo del tiempo. Esta imagen ha sido el punto de partida de buena parte de la investigación lingüística, psicológica y neurocientífica, permitiendo construir modelos sólidos sobre la organización del lenguaje y su relación con el cerebro. Sin embargo, este perfil no recoge toda la diversidad de trayectorias posibles.

Cuando el desarrollo lingüístico no sigue el recorrido esperado, cuando algunos componentes del sistema avanzan de forma desigual o cuando el lenguaje debe reorganizarse después de una alteración neurológica, emergen datos que obligan a ajustar muchas de estas hipótesis. Analizar estos perfiles permite entender mejor cómo funciona el lenguaje, porque hace visibles aspectos del sistema que en contextos más habituales tienden a pasar desapercibidos.

Lingüística clínica

Hace unos meses, en este mismo diario, Lluís Barceló reflexionaba sobre la creciente presencia de la lingüística en el ámbito de la salud y sobre el papel que pueden tener los lingüistas en equipos interdisciplinarios. Aquella reflexión apuntaba hacia que el contacto con la clínica incide directamente en la forma de pensar el lenguaje y de formular preguntas sobre cómo funciona, lo que es, precisamente, el ámbito de estudio de la lingüística clínica.

Esta disciplina utiliza las herramientas de la lingüística teórica y descriptiva para analizar el lenguaje de hablantes con perfiles muy diversos: niños con trastornos del desarrollo del lenguaje, personas con trastorno del espectro autista o con síndromes genéticos como el de Down, el de Williams o el de Prader-Willi, adultos con af el Alzheimer o el Parkinson. El objetivo no es establecer diagnósticos (tarea que corresponde a otros profesionales), sino describir con precisión cómo funciona el sistema lingüístico en cada uno de estos contextos.

Esta mirada parte de la idea de que el lenguaje no es una capacidad uniforme. En hablantes considerados típicos, la coordinación entre fonología, morfología, sintaxis, semántica y pragmática suele ocurrir desapercibida. En cambio, en perfiles clínicos, se pueden visibilizar ciertas disociaciones que aportan información relevante sobre la organización interna del sistema lingüístico.

El pasado 3 de febrero, la Universidad de las Islas Baleares acogió un seminario internacional de lingüística clínica que ofreció una panorámica de este enfoque. Las investigaciones presentadas partían de datos empíricos diversos (producciones orales espontáneas, narraciones, tareas de comprensión y producción o pruebas experimentales diseñadas para poblaciones específicas) y abordaban cuestiones muy variadas, siempre a partir del análisis pormenorizado de la comprensión, el procesamiento y el uso real del lenguaje.

Una de las preguntas que apareció de forma recurrente fue hasta qué punto las particularidades gramaticales observadas en ciertos trastornos reflejan un desarrollo más lento respecto a las trayectorias habituales o responden a una organización cualitativamente distinta del sistema. Los datos comparativos indican que esta distinción no siempre es clara y que, a menudo, es necesario hablar de trayectorias con regularidades propias.

En esta línea, varios trabajos mostraron el valor de las comparaciones transversales entre perfiles clínicos diferentes. Así, analizar cómo comprenden y producen el lenguaje personas con perfiles diversos (trastorno del espectro autista, síndrome de Williams, trastorno del desarrollo del lenguaje, síndrome de Down o síndrome de Prader-Willi, entre otros) permite detectar patrones que no emergen cuando cada grupo se estudia de forma aislada. De la misma forma, el contraste entre lenguas tipológicamente diferentes, como el inglés, el vasco, el francés, el neerlandés, el catalán o el serbocroata, ayuda a distinguir qué depende de las propiedades de cada lengua y qué parece responder a mecanismos más generales.

Bilingüismo

El seminario también dedicó especial atención al bilingüismo, tanto en poblaciones consideradas típicas como en hablantes con trastornos del lenguaje o del desarrollo. En contextos como el catalán, el canadiense o el vasco, en los que el contacto entre lenguas forma parte de la vida cotidiana, esta cuestión es especialmente relevante. Los datos presentados muestran, una vez más, que la exposición a más de una lengua no implica necesariamente dificultades añadidas ni introduce interferencias sistemáticas en el desarrollo lingüístico. Así pues, prácticas habituales como la de privar a algunos niños del acceso a ciertas lenguas no tienen ningún sentido.

Otras aportaciones ampliaron el foco hacia etapas de la vida menos tratadas, como la edad adulta o la vejez. El estudio del lenguaje en enfermedades neurodegenerativas muestra que las alteraciones comunicativas pueden ir más allá de problemas motores o de memoria y afectar también a aspectos de la pragmática y del discurso.

Finalmente, la investigación en lingüística clínica invita a revisar el vocabulario con el que describimos los perfiles lingüísticos. Términos como 'déficit', 'preservación' o 'afectación' a menudo son sesgados o simplifican realidades complejas de forma inadecuada. Así, los datos muestran sistemas lingüísticos con estructura, regularidades internas y capacidad de adaptación, aunque sigan trayectorias distintas a las más frecuentes.

En definitiva, observar el lenguaje desde estos perfiles permite ampliar el campo de análisis y entender mejor cómo funciona el lenguaje en general, tanto cuando se ajusta a los patrones esperados como cuando se desvía. Al fin y al cabo, en todos los casos sigue siendo un sistema organizado y dinámico, estrechamente vinculado a la forma en que los humanos interactuan con el mundo y con los demás.

stats