Deporte base

Deporte base: cuando termina el trabajo, comienza el entrenamiento

Entrenadores, directivos y coordinadores explican cómo la práctica deportiva se aguanta en Baleares gracias a la vocación, las ganas y el voluntariado

Jugadores de las categorías inferiores del Ciudad de Inca Futsal durante un partido.
07/02/2026
4 min

PalmaCuando la mayoría de gente termina su jornada laboral, comienza un segundo trabajo en los pabellones y campos de Baleares. Entrenadores, delegados, ayudantes, directores deportivos y presidentes de clubs se cambian la ropa de trabajo por un chándal y dedican horas a niños y jóvenes que forman el deporte base, a menudo sin cobrar o con compensaciones simbólicas. Este esfuerzo se sostiene por la vocación y convencimiento de que el deporte educa, aporta valores, integra y estructura vidas.

Con casi 125.000 deportistas federados en Baleares –el dato es del Consejo Superior de Deportes y corresponde a 2024–, el sistema se mantiene gracias a personas que hacen de técnicos, gestores, educadores y, en muchos casos, de referentes personales para niños y jóvenes. Lo hacen después de sus jornadas laborales, con fines de semana ocupados y con una responsabilidad que va mucho más allá de los resultados deportivos. Sin esa dedicación invisible, el deporte base, simplemente, no existiría.

Juanjo Cabra es entrenador –de guardería, Juvenil y Femenino– y coordinador del Ciudad de Inca Futsal, un club que ha pasado en seis años de tener una veintena de federados a tener 228. "Diariamente, dedico ocho horas al trabajo y entre seis y ocho, al fútbol sala", dice que realiza gestiones y organiza horarios. "Es una pasión, aunque hay momentos muy cansados", dice, y explica que hay entrenadores que se pierden los partidos de sus hijos porque los horarios coinciden con los de sus equipos.

El caso de Nofre Mas, presidente y entrenador –de Infantil– del Club de Baloncesto Campos es casi el mismo. Mas es comercial de una distribuidora de alimentación y dedica gran parte de su tiempo libre al deporte. "Hay días que termina el trabajo a las 16.30 hy comienza el entrenamiento a las 17 h", comenta. Y Guillem Llaneras, director deportivo del CE Constancia desconecta de su trabajo como empresario, quien "es más pesado y da más quebraderos de cabeza", gracias al deporte con niños y jóvenes.

La estructura que sostiene el deporte base en Baleares funciona gracias al trabajo desinteresado de las personas que se implican, que se levantan tiempo de descanso o por estar con la familia. En el caso del Ciudad de Inca, los técnicos reciben una cantidad para cubrir los gastos de gasolina y transporte. "No quiero dejar pasar la figura de los delegados. Son personas que ayudan y se involucran muchísimo, y lo hacen por una cesta de Navidad", subraya Cabra. Llaneras no cobra como director deportivo del Constancia –dedica entre 25 y 30 horas semanales– y señala que hay voluntarios que "no llegan ni a cesta". En Campos, "el coordinador y el preparador físico facturan". "Los otros vamos a cenar o montamos una fiesta en verano", explica Mas, y añade que hay entrenadores del club que se desplazan desde otros pueblos, como Porreres, "por nada".

Mucho más que entrenar

Dedicarse al deporte base va más allá de entrenar. Implica educación emocional, gestión de grupos, ejercer una autoridad positiva, mediar con las familias y, cuando surgen problemas, atender a niños con necesidades especiales, crear rutinas, fomentar el espíritu de comunidad... La lista es inalcanzable. "Cada edad requiere algo diferente. Con los más pequeños, intentamos que disfruten a través del fútbol sala y les transmitamos la importancia del trabajo en equipo. Con los adolescentes es muy importante que no pierdan la pasión por el deporte. Hay que competir hasta cierto punto, porque también deben aprender autocontrol, contención y capacidad de lucha, cosa que va más allá de más" la igualdad entre hombres y mujeres: "El deporte debe ser igualitario", remarca.

"Mis juegan todos. Les dije que, si alguien aspira a ganar un campeonato, tendrá que ir a otro sitio", apunta Mas, y explica orgulloso una anécdota bastante significativa: "Tengo un niño que es autista y sale titular siempre. dos y eso fue lo más emocionante de todo".

En el Constancia, las familias, los jugadores, los directivos y los entrenadores eligieron cuatro valores del club: solidaridad, cooperación, constancia y responsabilidad. "Intentamos formar a mejores personas y tenemos un compromiso con la ciudad de Inca: que los niños que quieran jugar al fútbol, ​​puedan hacerlo", dice Llaneras, además de remarcar la figura de la psicóloga del club, que "da una mano en las vertientes deportivas y extradeportivas". Además, el Ayuntamiento a veces deriva al club niños en riesgo de exclusión social. "El deporte puede ayudar a reconducir la situación y que encuentren una motivación", dice.

Los clubes desarrollan su labor con pocos medios económicos, y la colaboración con los ayuntamientos es primordial. También es importante la ayuda de empresas del municipio. "Tenemos nueve patrocinadores que nos ayudan a llevar mejor las cosas. También hacemos sorteos. Sobrevivimos así", apunta Cabra, y remarca que el Ciudad de Inca es el club de fútbol sala "con la cuota más barata de Mallorca". "Los equipos pagamos los arbitrajes, la mutualidad y la federación. Y, este año, como estamos saneados, no nos han concedido subvención municipal", añade.

"El Ayuntamiento nos ayuda mucho", señala Mas, en el caso del Club de Baloncesto Campos. En cuanto a Constancia, Llaneras destaca que el club tiene 31 equipos, más de 500 jugadores y mueve una masa social de unas 1.500 personas. "No podemos quejarnos del Ayuntamiento. Pero debemos pensar que, en el fútbol, ​​hay muchas cosas subvencionadas. En cambio, hay deportes minoritarios que no reciben ninguna ayuda y las familias deben pagarlo todo. Y luego quieren que ganen medallas olímpicas", lamenta.

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