Sexo pinzándose como cangrejos que se chupan
Poema del deseo es un canto épico que asume desde el principio una elevada ambición filosófica y poética. Rosa Font Massot modula su nuevo canto a partir de un marco teórico que ella misma explicita: un diálogo con Baruch Spinoza y Simone Weil. Del primero toma la idea de que la esencia del ser humano es el deseo. De la segunda, la intuición que el deseo proyecta al ser humano hacia lo absoluto y hacia lo ilimitado. Estas dos columnas pensamentales sostienen una investigación literaria que entiende el deseo no sólo como impulso erótico sino como pensamiento, lenguaje y potencia de proyección ontológica. La obra construye un espacio literario en el que el deseo no se cierra en la relación entre cuerpos, se expande hasta fundirse con el mundo: el deseo es fusión con la naturaleza, con lo que se percibe y con lo que somos. Esta expansión convierte la experiencia del deseo en una forma de conocer, de decir y de habitar la realidad. El cuerpo no es sólo pura materia deseante, también es un fascinante vehículo cognitivo.
La estructura del volumen en siete partes funciona como una arquitectura simbólica muy precisa. Siete partes como siete días de navegación, como el trayecto de una barca que despeja el útero de la noche, como las siete jornadas de la creación del mundo según el relato bíblico. Esta imagen de desplazamiento y travesía marca el tono del libro, que avanza por acumulación de intensidad y no por progresión narrativa. Cada sección profundiza en una variación del deseo, como si se tratara de un ritual que requiere una serie de repeticiones, retornos y profundizaciones consecutivas. Uno de los aspectos más remarcables del Poema del deseo, de Rosa Font Massot, es su carnalidad verbal. La palabra se convierte en cuerpo, y por eso las imágenes poseen una fuerza física tremenda. Tal apuesta convierte al largo poema fragmentado en una auténtica experiencia sensorial. En este sentido, Poema del deseo sorprende también por la presencia de imágenes de violencia física perturbadora. Estas imágenes no son gratuitas ni ornamentales: ponen en juego la dimensión más radical del deseo, aquella que desborda el placer y se avecina al riesgo, a la pérdida ya la disolución del sujeto. El deseo aparece así como una fuerza ambivalente, creadora y devastadora a la vez. La ilustración de Joan Tibau dialoga con el texto sin subordinarse. No resume ni explica: refuerza el carácter orgánico y visceral del volumen en un solo cuerpo expresivo de bella factura en la editorial Proa.
También hay que situar estos versos dentro de un contexto más amplio de poesía erótica contemporánea. No es casual que Rosa Font Massot participe en la reciente antología Una cerilla a la lengua, publicada en la codiciada colección Idillis de Ediciones de la Ela Geminada, ya que Poema del deseo es un libro sensual, intenso y valiente gracias a un riesgo expresivo que explora el deseo como fuente fundacional.