A las mascotas, en catalán: el sorprendente hábito sociolingüístico de los futuros docentes bilingües
El primer estudio de usos de la Facultad de Educación constata la reculada de la lengua propia fuera del ámbito académico
PalmaLas mascotas de los futuros docentes bilingües han acabado ocupando un papel inesperado: el de interlocutores perfectos para practicar catalán sin presión, sin correcciones y sin debate lingüístico posible. La primera encuesta sobre usos lingüísticos del alumnado de la Facultad de Educación. El estudio revela que hablar con las mascotas es uno de los pocos contextos donde el catalán gana claramente terreno. En una escala en que 6 significa “siempre” y 1 “nunca”, el uso del catalán llega al 3,35, mientras que el del castellano se queda en el 2,96. De hecho, este es uno de los pocos ámbitos —junto con la relación con uno de los progenitores— donde el catalán se impone al castellano entre los estudiantes bilingües en las dos lenguas oficiales.
En el caso de los alumnos que tienen el castellano como lengua habitual, la puntuación de uso del catalán baja hasta el 0,74, mientras que la del castellano sube hasta el 4,54. Entre los catalanohablantes, en cambio, el uso del catalán con las mascotas se eleva hasta el 5,33, y el del castellano se mantiene en el 0,74. En cuanto al uso con amistades, abuelos, pareja, hermanos y progenitores, las dinámicas lingüísticas siguen la lógica habitual: el catalán predomina entre los catalanohablantes y el castellano entre los castellanohablantes. En el caso de los bilingües, el castellano se impone en todos los ámbitos excepto en el uso con las mascotas y con uno de los progenitores.
Perspectivas negativas
La Facultad de Educación se presenta como un oasis lingüístico dentro de la UIB y en relación con el conjunto de la sociedad, pero el informe constata que el catalán retrocede allí. Los estudiantes utilizan mayoritariamente el castellano en las relaciones personales y el 67,7% cree que el catalán se hablará menos dentro de cinco años. A pesar de mantenerse como lengua predominante en la docencia y en el ámbito administrativo, pierde presencia en los espacios informales entre estudiantes, en un contexto descrito como de diglosia creciente.
El estudio forma parte de un proyecto más amplio de la Facultad para analizar las dinámicas lingüísticas del centro. En cuanto a la lengua inicial, predominan los alumnos bilingües (34,95% entre los hombres y 38,19% entre las mujeres), seguidos de los catalanohablantes (31,07% y 32,23%), de los castellanohablantes (29,61% y 24,04%) y de los anglófonos (4,37% y 5,53%). En la lengua de identificación, el bilingüismo también lidera (39,15%), por delante del catalán (30,60%), el castellano (23,51%) y el inglés (6,74%).
Más competentes en castellano
Uno de los elementos destacados del informe es la percepción de competencia lingüística: sobre 40 puntos, los estudiantes puntúan el castellano con un 38,9, el catalán con un 36,21 y el inglés con un 24,93. Esta diferencia refuerza, según los investigadores, una asimetría en la competencia autodeclarada, ya que el castellano se percibe como la lengua más dominante en todas las habilidades.
En cuanto a los usos, el informe evidencia una fuerte división entre ámbitos académicos y personales. En los espacios informales predomina el castellano, mientras que el catalán mantiene presencia en la docencia y sobre todo en la administración, considerada un “bastión de supervivencia lingüística”. En el ámbito personal, el catalán retrocede entre amistades, parejas y buena parte de las relaciones familiares, con la excepción de vínculos concretos como los abuelos.
A pesar de ello, el 56,07% de los estudiantes apuesta por reforzar el catalán dentro de la facultad. En paralelo, un 19,92% considera prioritario potenciar el inglés y un 16,63% el castellano. La preocupación es especialmente relevante porque la Facultad forma futuros docentes, en un contexto en el que, según los responsables del estudio, el castellano es percibido cada vez más como la lengua común entre el alumnado de Magisterio. Y todo en un momento en que la escuela en catalán es más necesaria que nunca, como elemento de integración y de transmisión de la lengua propia.