"Después de 55 años en Gràcia, solo pedimos al Obispado una salida digna"
Sebastià Amengual y Francisca Miralles tienen que dejar el santuario en Randa después de más de medio siglo como donados
AlgaidaHay lugares que tienen alma, espíritu y fuerza, pero demasiadas veces olvidamos que buena parte de esa alma la ponen las personas. En el macizo de Randa –ya dentro del municipio de Llucmajor– bajo la belleza de la roca majestuosa, está el santuario de Nuestra Señora de Gracia. Un espacio que durante más de medio siglo ha tenido dos caras que lo definen: los algaidinos Sebastià Amengual y Francisca Miralles, los donados de Gracia.
El 26 de junio deben partir y dejar Gracia. "Es toda una vida". "Hemos intentado dialogar, hablar con ellos –la parroquia de Llucmajor– y ver de qué manera podemos salir con dignidad, con respeto, con elegancia“, dice Sebastià Amengual. "Yo lo reconozco, tengo una edad, y sé que esto no es mi casa. ¿Qué he dedicado la vida? Sí. ¿Más de lo que debería haber hecho? Sí. Pero yo llegué aquí en enero de 1970 cuando todo esto estaba abandonado y con esfuerzo y mucha ayuda e implicación de mucha gente lo hemos levantado y convertido en lo que es ahora Gracia, un espacio de acogida donde religiosidad y respeto son bandera“.
El 26 de marzo una carta enviada de la parroquia de Llucmajor los invitaba a partir. "Después de 55 años duele que se haga de esta manera. Aun así, fuimos a hablar con ellos para llegar a un acuerdo, pero vimos que la intención no es otra que el hecho de que dejemos el santuario“, explica Amengual.
En el año 1970, cuando Sebastià subió por primera vez como donado, Gracia no era el remanso de paz y orden que conocemos hoy. Era un espacio herido por el abandono. A partir de entonces, con unas manos que no han conocido reposo, se han levantado metros y metros de pared seca, se han hecho lagunas de agua, bancos, empedrados, tareas de electricidad… Con una voluntad de hierro, Sebastià Amengual, el donado de Gracia, construyó un espacio querido por los llucmajorers, por los randinos, algaidinos y toda Mallorca. Allí, los donados han construido el hogar, la familia. Es por todo esto y más que, ahora, después de 55 años de servicio incondicional, hay quien quiere mover las agujas del reloj de la historia más pronto de lo que la dignidad permite.
Diálogo
El fin de una etapa es inevitable, pero la manera como se cierra define la humanidad de cada uno. No hablamos de un simple contrato que se acaba; hablamos de toda una vida entregada a un bien común. Por eso, la voz de Sebastià no pide imposibles, solo pide respeto y elegancia.
Sabemos que hay cosas que no tienen cura, pero sí que pueden tener gracia. Las instituciones están formadas por personas, y es entre personas donde se debe encontrar la salida. Una salida que no implique la frialdad de un trámite administrativo, sino, como dice Amengual, “diálogo“. Hay que sentarse a la mesa, mirarse a los ojos y entender que 55 años de entrega merecen un epílogo escrito con gratitud.
Historia
El santuario de Gràcia, situado en el monte de Randa, es uno de los espacios espirituales más emblemáticos de Mallorca. Sus orígenes se remontan a principios del siglo XV, cuando el fraile llucmajorer Antoni Caldés y un grupo de seguidores se establecieron en una pequeña cueva conocida como la cueva de l’Aresta, buscando una vida de austeridad y recogimiento inspirada en san Francisco de Asís. Con el tiempo, aquel refugio de ermitaños se convirtió en un importante centro de devoción popular y, a finales del mismo siglo, se construyó una capilla dedicada a la Mare de Déu de Gràcia, abogada contra la peste y muy venerada por los llucmajorers.
A lo largo de los siglos, Gràcia ha sido un lugar de peregrinación y encuentro religioso para fieles de toda Mallorca. Su historia está marcada tanto por las constantes reformas y ampliaciones del conjunto como por la fuerte implicación del pueblo de Llucmajor, que contribuyó económicamente al mantenimiento del santuario. La actual iglesia comenzó a construirse en el siglo XVIII y, hasta hoy, el recinto ha continuado siendo un símbolo de espiritualidad e identidad colectiva.