Cuando las huelgas generales duraban diez días
La trayectoria de los paros laborales totales en la historia de las Islas, ahora que se convoca otra para el próximo 11 de noviembre
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Palma¿Preocupación en las empresas? ¿Temor a posibles alteraciones del orden público? ¿Coincidencia con un periodo electoral? Nada nuevo. Ha habido de todo eso, y más, en las sucesivas huelgas generales que se han llevado a cabo en las Islas a lo largo del tiempo, una de las cuales llegó a prolongarse no un, sino diez días. Recordamos estos episodios cuando se ha convocado uno de estos paros totales, en el conjunto del Estado, para el próximo 11 de noviembre, poco antes de las elecciones generales.
Aunque la historia registra algún precedente, como cuando la plebe de la antigua Roma se cruzó de brazos hasta que fueran reconocidos sus derechos –más o menos como cuando se comenta, ahora, qué pasaría si los inmigrantes, tan injuriados, dejaran de trabajar un buen día todos al mismo tiempo–, lo cierto es que la huelga –la general también– fue una herramienta esencial a la que recurrió el movimiento obrero, surgido hacia principios del siglo XIX, como reacción a los excesos del capitalismo y a la precaria situación de los trabajadores.
La primera huelga general, en todo el Estado, fue en Cataluña, en 1855, en el ámbito de la industria textil, y es lógico que fuera así porque entonces el Principado ya era el motor económico –y todavía lo es. En Mallorca, el especialista en la historia del movimiento obrero Pere Gabriel contabiliza, entre finales del siglo XIX y los ‘felices años veinte’, cinco huelgas generales solo en Palma. En cuanto a las causas, las más habituales eran la reivindicación de mejoras en la condición de la clase obrera y, lo que es parecido, las protestas contra las penurias que sufrían los trabajadores –exactamente igual que, ahora, el problema apremiante de la vivienda.
La Semana Trágica de Barcelona de 1909 –motivada por la movilización de reservistas para la guerra de Marruecos y que supuso la caída del entonces presidente del gobierno, el mallorquín Antoni Maura– originó la convocatoria de una huelga general en Mahón: fueron detenidos varios dirigentes obreros e intervino el ejército. Por supuesto, no tuvo éxito: soldados menorquines también fueron enviados al conflicto.
El movimiento obrero europeo, inicialmente, se manifestó contra el militarismo generalizado que conducía a la I Guerra Mundial. Pero no tuvo más remedio que tirar la toalla, cuando esta estalló en 1914 y los obreros fueron movilizados. España se declaró neutral en aquel conflicto. Pero los suministros que hasta entonces abastecían la demanda interna pasaron a exportarse, a precio de oro, a los países combatientes. Esto generó una carencia de bienes de primera necesidad y un encarecimiento de los productos básicos que se convirtió en un excelente caldo de cultivo para una nueva oleada de conflictos. Entre 1914 y 1919 –el año siguiente al fin de la guerra–, hubo seis huelgas generales en Mallorca, cinco solo aquel 1919: tres en Ciudad, una en Inca y otra en Sóller.
Llega la República
La II República española fue un periodo de intensa conflictividad, lo cual fue miel sobre hojuelas para el posterior franquismo que utilizó la palabra ‘república’ como sinónimo de desorden. Lo cierto, sin embargo, es que el cambio político coincidió –¡justamente!– con la Gran Depresión global de 1929. También habría que añadir la ambivalencia de la izquierda –eran tiempos de radicalismos–, que por un lado, prefería una república burguesa a una monarquía, y por otro, quería ir más allá, hacia la revolución socialista. Solo entre 1931 y 1936 se convocaron en Palma siete huelgas generales, dos de las cuales, en 1932, y tres, en 1936.
El 15 de febrero de 1932 fue la Confederación Nacional del Trabajo, anarquista, la que convocó el paro general, en protesta por la deportación a la entonces colonia de Guinea de un grupo de militantes. La UGT se opuso y, aun así, la huelga fue un éxito en Palma. En todo caso, no sin incidentes: los huelguistas volcaron un tranvía en la plaza de Cort.
El récord de huelgas generales en el ámbito isleño corresponde, muy probablemente, a la que se realizó en Palma durante diez días: del 17 al 27 de octubre de 1933. Exactamente igual que ahora, coincidió con la realización de unas elecciones a Cortes. Pero no solo en fechas próximas: los comicios debían llevarse a cabo el día 19 de ese mismo mes, es decir, que quedaban dentro de las fechas de aquel largo paro.
¡El motivo? Pedir una jornada laboral de 44 horas semanales; ahora son cuarenta, pero es que, entonces, eran muchas más. Se acordó en una asamblea general celebrada el día 14 en la Casa del Pueblo –la casa regalada por Joan March–, y lo curioso es que todo el movimiento obrero estuvo de acuerdo: el sindicato socialista Unión General de Trabajadores y los comunistas y los anarquistas, a pesar de sus diferencias. La huelga sería indefinida. El gobernador civil consideró aquella convocatoria ilegal y la calificó no de carácter laboral, sino político –todo un clásico–, ya que coincidía con los comicios.
Pere Gabriel ha hecho una crónica detallada de aquel episodio. El primer día de huelga, 17 de octubre, fue todo un éxito: poca gente trabajó, salvo los ferrocarriles y las instalaciones de luz y gas. Aquella misma jornada comenzaron los incidentes: fueron apedreados al menos catorce escaparates de comercios que habían abierto y fueron detenidas una treintena de personas. El delegado de Trabajo prohibió las reuniones de trabajadores, salvo que fueran para decidir volver al trabajo, y el ejército salió a la calle: el comandante general de las Baleares era Francisco Franco, poca broma.
Los días siguientes continuaron los incidentes: petardos en las cocheras de los tranvías, cristales rotos de los comercios y un autocar destruido, que se detuvieron para permitir llevar a cabo en paz las votaciones. El día 21, una manifestación se dirigió hacia el gobierno civil y fue recibida a tiros. Los comités de huelga fueron detenidos. Solo la intervención del alcalde, Josep Tomàs, hizo posible un acuerdo de mínimos. El día 27, la práctica totalidad de los trabajadores volvían al trabajo.
La revuelta de 1934
La huelga había quedado en tablas, y las organizaciones de izquierdas –otro clásico– se reprocharon mutuamente aquel fracaso. Los socialistas calificaron el resultado de “catastrófico” y culparon a los anarquistas. Según ellos, se había abusado de aquel medio: la huelga general solo debía utilizarse para cuestiones “de vida o muerte”. Por tradición, los socialistas siempre se habían mostrado reticentes a estas convocatorias, mientras que, para los anarquistas, constituía una de sus bases esenciales en la lucha contra el Estado.
En octubre de 1934 estalló una revuelta, sobre todo en Asturias y en Cataluña, contra la entrada en el gobierno del Estado de tres ministros de la derecha, lo cual la izquierda consideró una traición, ya que dudaban de su fidelidad a la legalidad republicana. En Menorca se intentó realizar una nueva huelga general, pero se reprimió de manera contundente.
En Palma –añade David Ginard–, fue el Partido Comunista quien intentó, sin mucho éxito, llevar a cabo la huelga general. Fue atacado el diario El Día, de Joan March, se giraron visitas a fábricas para llamar a los obreros a la movilización, se intentó volcar un tranvía y se hizo estallar un artefacto en el poste de otro. Se practicaron una treintena de detenciones. La mítica Aurora Picornell colaboró en la protesta.
Unas nuevas elecciones generales, en febrero de 1936, desataron la conflictividad otra vez. En Ciudadela, el 20 de abril siguiente, dos obreros resultaron heridos por disparos en una manifestación, razón por la cual se declaró otra huelga general para el día siguiente, en toda Menorca.
El 4 de junio, dos falangistas hicieron estallar un artefacto explosivo en la Casa del Pueblo de Palma, y causaron siete heridos. Para el 5 de junio se convocó, como protesta, una nueva huelga general. Ciudad quedó prácticamente paralizada. Los ánimos estaban muy encendidos y los objetivos de las iras de los huelguistas fueron las sedes de los partidos de derecha y la Iglesia católica, a la cual se identificaba con ellos: se causaron destrozos en los templos de Santa Fe y San Jaime.
La última huelga general se organizaría como protesta contra el golpe de Estado del 18 de julio. Tuvo un cierto eco, a pesar del triunfo de los golpistas en Mallorca, en Palma, sa Pobla, Manacor y Sóller. En Menorca, donde el golpe fracasó, la huelga dejó Mahón prácticamente paralizada. En poco tiempo llegaría la prohibición total de las huelgas, fueran las que fueran: comenzaba la larga noche del franquismo.
La huelga general del próximo 11 de noviembre se llevará a cabo exactamente medio siglo después, con solo un día de diferencia, de la que se realizó en el Estado al final de los cuarenta años de dictadura, el 12 de noviembre de 1976. Se vivía de nuevo una crisis económica –la llegada de la democracia a España sufre una colosal mala suerte– y la izquierda no se fiaba mucho de aquel falangista reciclado, Adolfo Suárez, y de su reforma política.
La huelga, de veinticuatro horas, la convocó la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS), equivalente a la ‘Platajunta’ de la oposición democrática, que integraban los todavía ilegales UGT, Comisiones Obreras (CCOO) y Unión Sindical Obrera (USO). Iba contra la política económica del gobierno estatal, pero también por la amnistía y por la democracia –se ve que esto de las huelgas generales ‘políticas’ es otro clásico.
Las cifras de los sindicatos, probablemente optimistas, se situaron en 35.000 participantes. En Palma, la que todavía era la policía del régimen –los ‘grises’–, actuó con dureza contra los manifestantes, cargando contra ellos a golpe de porra. Entre los cerca de cuarenta detenidos, dos personalidades bien destacadas de aquellos años: Manolo Cámara, que poco más tarde se convertiría en secretario general de CCOO en el Archipiélago y que fue objeto de una sanción astronómica de medio millón de pesetas de entonces, y Josep Vílchez, uno de los fundadores del sindicato en las Islas, que aquel mismo año fue detenido tres veces más.
Desde entonces, hemos vivido un buen puñado de convocatorias. La última de todas, hace un año, en solidaridad con Palestina, fracasó en las Islas, según informaba el ARA Balears, si bien se produjeron manifestaciones de estudiantes en el campus de la UIB.
Información elaborada a partir de textos de Pere Gabriel, Miquel Àngel Casasnovas, Catalina Martorell Fullana, Antoni Janer Torrens, David Ginard Féron, Bartomeu C. Moragues Jordà, Albert Herranz Hammer y Joana Maria Roque Company, Grupo de Estudios Libertarios Els Oblidats, Joan Mas Quetglas, Miquel Rosselló, Colectivo Palma XXI, Lucía Rivas Lara y Susana Sueiro Seoane.