Pollença revive el simulacro de Moros y Cristianos el día grande de la Patrona
Miles de personas llenan las calles del municipio para seguir el acto central de las fiestas, que ha vuelto a recrear la defensa del pueblo ante el ataque corsario de 1550
"¡Virgen de los Ángeles, asistidnos! ¡Pollentins, levantaos, que los piratas están aquí!" El grito de Joan Mas ha vuelto a resonar este domingo por las calles de Pollença y ha dado inicio al simulacro de Moros y Cristianos, el acto central de la Patrona y una de las representaciones históricas más emblemáticas de Mallorca. Miles de personas han llenado el centro histórico para seguir una nueva recreación de la defensa de la villa ante el ataque corsario de 1550, en una jornada que ha vuelto a convertir el pueblo en un escenario al aire libre.
La plaza Mayor calienta motores
Aunque la jornada había comenzado de madrugada con la Alborada y había continuado con los actos religiosos e institucionales, el ambiente se ha intensificado a partir de la tarde. La Plaça Major se ha ido llenando de pollencinos y visitantes para recoger las tradicionales camisetas del simulacro mientras la Banda de Música de Pollença interpretaba las primeras piezas de la tarde.
Las camisetas enarboladas al ritmo de la música han dejado una de las imágenes más características de la previa de la batalla. Mientras tanto, los bares y las terrazas del centro acababan de llenarse y las calles se teñían del blanco de los cristianos y de los colores vivos de los vestidos de los moros.
Mientras la plaza respiraba ambiente de fiesta, los protagonistas ultimaban los preparativos. Hacia las 17.50 h, Rafel Morro se vestía de Dragut en el patio del Ayuntamiento rodeado de familiares y amigos. Media hora más tarde, un emocionado Daniel Pérez llegaba a la casa desde donde, siguiendo la tradición, sale Joan Mas antes de iniciar el recorrido hacia la calle Major.
El grito que enciende la batalla
Puntualmente, a las 19.00 h, Joan Mas ha aparecido en la ventana, ante una calle Mayor completamente llena. Después de encontrarse con Dragut, ha pronunciado el grito que cada 2 de agosto marca el inicio del simulacro: "¡Virgen de los Ángeles, asistidnos! ¡Pollencines, alzaos, que los piratas están aquí!".
A partir de aquel instante, el centro de la villa se ha convertido, un año más, en el escenario de una batalla que los pollencines conocen de memoria, pero que continúan viviendo con la misma emoción. La representación ha recorrido los espacios habituales, desde la plaza de la Almoina hasta can Escarrinxo, pasando por la calle Mayor, can Nogués y la plaza de Sant Jordi, ante miles de espectadores que ocupaban balcones, portales y cualquier rincón desde donde seguir el combate.
Una representación que continúa movilizando a todo un pueblo
Los papeles principales del simulacro han recaído este año en Daniel Pérez, como Joan Mas, y Rafel Morro, como Dragut. Les han acompañado Marc Llompart como lugarteniente, Miquel Alfonsín como abanderado y Toni Cànaves Llobeta, Biel Bauzà Manresa, Martí Cladera Cifre y Tolo Villarreal Polar como Ayuntamiento Viejo.
La interpretación de los cargos ha sido seguida con expectación desde el primer momento y ha recibido el aplauso del público a lo largo de todo el recorrido, especialmente en algunos de los instantes más emblemáticos de la representación.
La preparación del simulacro comienza mucho antes del 2 de agosto. Los ensayos, la confección de los trajes y la puesta a punto del material forman parte de un trabajo discreto que se alarga durante semanas, para que, cuando llegue el día, cada detalle responda a una tradición que se transmite de generación en generación. Como recuerdan a menudo los mismos participantes, en Pollença no se habla de disfraces, sino de trajes, una manera de entender la fiesta que pone el acento en el respeto por la historia y el significado del simulacro.
Más allá del combate, el simulacro sigue siendo el gran punto de encuentro de los pollensinos. Familias enteras, niños, antiguos cargos y visitantes comparten una jornada que transforma completamente el centro de Pollença y que, año tras año, convierte las calles del pueblo en un espacio de memoria colectiva.
Cuando la batalla acaba, las calles conservan durante un rato las huellas del simulacro: restos de pintura sobre el empedrado, olor a pólvora y de mesclat, espadas bajo el brazo y trajes que vuelven a casa después de una jornada intensa. Es una imagen que se repite cada 2 de agosto y que resume la esencia de una fiesta que va mucho más allá de la representación histórica. Para los pollensinos, el simulacro es patrimonio, identidad y una tradición que continúa pasando de generación en generación.