Vuelve Terraferida: "Una Mallorca más verde y fértil todavía es posible"
El colectivo ecologista regresa diez años después de su nacimiento con un inventario que documenta el impacto urbanístico en el suelo rústico entre 2015 y 2024
PalmaEl colectivo ecologista Terraferida ha anunciado este lunes la reanudación de su actividad pública casi tres años después de haberla suspendido. Lo hace coincidiendo con el décimo aniversario de su fundación y con la publicación inminente de un estudio que, según avanzan, evidencia un "destrozo nunca visto" del territorio en Mallorca durante la última década.
La investigación, titulada Inventario de la devastación de Mallorca 2015-2024, pone el foco especialmente en el período 2021-2024, para el que ya se dispone de imágenes aéreas que permiten analizar con precisión la evolución reciente del suelo rústico. Según Terraferida, el estudio cuantifica y documenta la proliferación de cientos de nuevos chalés, piscinas, canteras y centrales fotovoltaicas en fuera de la villa, un proceso que —alertan— avanza a un ritmo "vertiginoso".
El colectivo sostiene que esta dinámica está transformando Mallorca de forma irreversible y advierte que, de no frenarse pronto, la isla corre el riesgo de convertirse en "una gran ciudad, un suburbio inmenso". Según la entidad, la pérdida de bosques, montes y tierras fértiles supone un impacto directo sobre los recursos naturales, la calidad de vida y la salud de la población y de los ecosistemas.
Terraferida critica que, salvo en el caso de Menorca, ningún gobierno ni institución haya impulsado cambios efectivos para detener este proceso, lo que consideran un "fracaso colectivo" con consecuencias graves para el futuro del territorio. Pese al diagnóstico contundente, el colectivo defiende que todavía es posible revertir la situación y recuperar espacios degradados si existe voluntad política y social.
Con esta nueva etapa, Terraferida anuncia que centrará sus esfuerzos en investigaciones y análisis de fondos que puedan ser útiles para el debate público, y reducirá la presencia constante en las redes sociales. "El futuro no está escrito, está por hacer", afirman, convencidos de que una Mallorca "más verde, bella y fértil" todavía es posible.
Historia
Cuando a mediados de la década pasada empezó a circular el nombre de Terraferida, Mallorca ya acumulaba décadas de crecimiento urbanístico y turístico, pero aún no había asumido del todo hasta qué punto ese modelo había entrado en una fase de saturación estructural. El colectivo ecologista —nacido en torno al 2013— apareció justo en un momento de cambio: cuando el debate ya no era si crecer o no, sino cómo y con qué consecuencias irreversibles.
Terraferida no irrumpió como una entidad clásica del movimiento ecologista. No centró su acción en grandes movilizaciones ni en campañas simbólicas, sino en un trabajo de análisis, recuento y denuncia sistemática de las transformaciones del territorio. Su principal aportación ha sido convertir intuiciones compartidas —que Mallorca se llenaba, que el suelo rústico dejaba de serlo, que el consumo de recursos subía— en datos medibles y comparables.
Del caso puntual al fenómeno estructural
Una de las claves del trabajo de Terraferida ha sido huir del caso aislado. Allí donde tradicionalmente el debate público se había centrado en una urbanización concreta, un proyecto polémico o una infraestructura determinada, el colectivo optó por mirar al conjunto. Con análisis de fotografías aéreas, bases de datos catastrales y estadísticas oficiales, empezó a cuantificar fenómenos que hasta entonces se habían tratado de forma dispersa.
Así, Terraferida puso números a la proliferación de viviendas unifamiliares en suelo rústico, al aumento sostenido de piscinas privadas, a la ampliación de construcciones ya existentes o al potencial edificable aún latente en los planeamientos vigentes. El mensaje estaba claro: no se trataba de excesos puntuales, sino de un modelo territorial permisivo que, sumado año tras año, generaba un enorme impacto acumulativo.
En este sentido, la entidad tuvo un papel clave como sensor de alerta. Evidenció que muchas de las transformaciones más relevantes no se producían en grandes promociones visibles, sino a través de miles de pequeñas decisiones administrativas, a menudo legales, pero ambientalmente insostenibles.