Daniel García Veira: "Perder posidonia aumenta el riesgo de inundación costera"
Biólogo e investigador
PalmaDaniel García Veira (Carballo, 1997) es biólogo y ecólogo marino. En el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), investiga el papel de las praderas de posidonia oceánica en la protección marina.
¿Qué es exactamente la posidonia y qué papel ejerce en el mar?
— La posidonia oceánica es una planta marina endémica del Mediterráneo. Muchas veces se confunde con un alga, pero tiene raíces, tallo, hojas y flores, y forma extensas praderas submarinas. Ejerce un papel fundamental en el ecosistema marino: sirve de refugio y zona de cría para numerosas especies, almacena carbono, retiene partículas y sedimentos, y ayuda a mantener la transparencia y la calidad del agua. Además, protege la costa porque reduce parte de la energía del oleaje y la velocidad de las corrientes, y ayuda a estabilizar el fondo marino. Por eso, conservarla es proteger una especie y mantener un ecosistema que influye directamente en la calidad de nuestras playas y en la resistencia natural del litoral ante los temporales.
¿Qué le diríais a los que ven la posidonia acumulada en la orilla del mar como una molestia?
— Estas acumulaciones forman parte del ciclo natural de la posidonia. Se conocen con el nombre de banquettes y ayudan a retener arena, aportan materia orgánica y nutrientes al ecosistema, sirven de refugio y alimento para pequeños organismos y pueden actuar como una barrera natural frente al oleaje y la erosión, especialmente durante los temporales. Tienen un valor ecológico y costero importante. Forman parte del funcionamiento natural de la playa.
¿Cómo puede ayudar una planta marina a proteger una costa?
— Las praderas de posidonia modifican la manera en que el oleaje y las corrientes interactúan con el fondo marino. Las hojas frenan parte del movimiento del agua y reducen la energía con la que llegan las olas. Al mismo tiempo, las raíces y rizomas ayudan a fijar el sedimento del fondo; hacen que la arena sea más estable y se pierda con menos facilidad. Por eso, una pradera bien conservada puede actuar como una forma de protección natural y contribuir a reducir la erosión, amortiguar parte del oleaje y mantener la estabilidad del litoral.
¿Cuál es la conexión entre la pérdida de posidonia y un mayor riesgo de inundaciones?
— Si una pradera se va degradando, el fondo marino ofrece menos resistencia al movimiento del agua. Además, las olas pueden llegar con más energía a la playa y este hecho aumenta la capacidad de movilizar sedimento. Esto puede hacer que la costa sea más vulnerable durante los episodios de temporal. Si se reduce una defensa natural, se aumenta el riesgo de erosión. Por lo tanto, la pérdida de posidonia aumenta también el riesgo de inundación costera.
¿Hasta qué punto la presión turística también afecta la salud de las praderas de posidonia?
— La salud de las praderas de posidonia está condicionada por una combinación de factores globales y también locales, muchos de los cuales relacionados con la actividad humana. Por un lado, el calentamiento del mar asociado al cambio climático supone una presión importante para una especie sensible. Por otro lado, existen impactos más locales, como la contaminación, los vertidos, la pérdida de calidad del agua, los residuos, el fondeo de embarcaciones y determinadas actuaciones sobre el litoral, que pueden dañar directamente las praderas o reducir su capacidad de recuperación.
¿Las anclas de barcos y yates son una amenaza?
— Sí, sobre todo cuando el ancla cae directamente sobre la pradera o cuando la cadena se arrastra por el fondo. La posidonia es una planta de crecimiento muy lento, con apenas unos centímetros al año, y el fondeo puede arrancar haces de posidonia, romper rizomas y dejar claros dentro de la pradera. El problema es la repetición de muchos fondeos en las mismas zonas durante años.
¿Es suficiente para compatibilizar la actividad náutica con la conservación de este ecosistema?
— En Baleares existe una normativa específica sobre la conservación de la posidonia oceánica que prohíbe con carácter general el fondeo sobre praderas. Además, la especie tiene protección estatal. A partir de aquí, la compatibilidad con la actividad náutica implica evitar daños físicos sobre la pradera y utilizar correctamente la información y la cartografía disponibles para saber dónde se puede fondear sin afectar a la posidonia.
¿Qué amenaza más a la posidonia: el cambio climático o la actividad humana?
— Le afectan tanto los impactos locales como los globales. Entre los primeros, se encuentran la pérdida de calidad del agua, la contaminación, los vertidos, los impactos físicos sobre la pradera y determinadas alteraciones del litoral. Estas presiones pueden debilitar mucho las praderas en zonas concretas. Entre los segundos, el calentamiento del mar asociado al cambio climático es una amenaza cada vez más importante, porque la posidonia es una especie sensible a la temperatura. Ambos factores pueden sumarse. Por ello, reducir las presiones locales es clave para aumentar la resiliencia de la posidonia frente al cambio climático.
A partir de los modelos con los que trabajáis, ¿cómo imagináis las costas de las Baleares dentro de unas décadas si las praderas de posidonia continúan deteriorándose?
— Afectará la calidad y la transparencia del agua, la biodiversidad marina y el conjunto del ecosistema costero. En este escenario, las costas podrían ser más vulnerables a la erosión y a las inundaciones costeras, pero también perder parte de la calidad ambiental que caracteriza muchas zonas del litoral balear.
¿Hubo algún resultado de vuestras investigaciones que os sorprendiera especialmente o que no esperarais encontrar?
— Que no hay que pensar en una pérdida total de la pradera para constatar cómo pierde capacidad de protección de la costa. Es importante mantener estas praderas sanas, densas y funcionales.
¿Es posible recuperar una pradera degradada o hablamos de ecosistemas que necesitan décadas para regenerarse?
— Hay experiencias de restauración y trasplante que pueden funcionar en condiciones concretas, pero no sustituyen la conservación de las praderas que ya existen. La prevención es fundamental. Y sí, el daño se puede producir en poco tiempo, pero la recuperación puede necesitar décadas.
¿Si pudierais pedir una sola medida urgente a las administraciones baleares para proteger la posidonia, cuál sería?
— Reducir los impactos que ya le afectan, como los daños físicos, la pérdida de calidad del agua, la contaminación, los vertidos y algunas alteraciones del litoral. Para mí, la prioridad debería ser mantener las praderas en el mejor estado posible. Cuanto más sanas estén, más capacidad tendrán para resistir otros cambios más difíciles de controlar.
¿Si tuviera que convencer a un escéptico de que la posidonia es una cuestión que afecta directamente al futuro de las Baleares, qué le diría?
— Le diría que su estado está directamente relacionado con el futuro del litoral y que no se trata de una cuestión aislada de lo que pasa en el fondo marino. Protegerla tiene que ver con el hecho de cómo queremos que sean las costas de Baleares durante las próximas décadas, con esta costa que vemos cada día.