La Patrona de Pollença 2026: la batalla que continúa cuando callan las espadas

La fiesta pollensina es también todo lo que pasa después: las emociones compartidas, los recuerdos, la participación colectiva, que permiten que una tradición centenaria continúe viva

Juan Mas, el héroe legendario de Pollença.
Joan Mayol
23/07/2026 - 11:31 h.
4 min

Pollença“Solo una derrota puede ser más triste que una victoria: los supervivientes lloran por los que estarán ausentes para siempre más, otros chillan de dolor [...] Entonces aparecen los otros héroes que recogen los desechos y limpian las calles de orina y vasos de plástico”.

La mirada del historiador Pere Salas invita a entender la Patrona de Pollença más allá del combate. La fiesta no acaba cuando las armas simbólicas dejan de sonar ni cuando el simulacro llega al desenlace. La Patrona es también todo aquello que pasa después: las emociones compartidas, los recuerdos, la participación colectiva y los pequeños gestos que permiten que una tradición centenaria continúe viva.

Esta es precisamente la idea que inspira la Patrona 2026: mirar la fiesta desde el paisaje que queda después de la batalla, desde las consecuencias emocionales y sociales de uno de los grandes rituales colectivos de Mallorca.

Porque la Patrona no es solo una recreación histórica. Es una celebración que cada año vuelve a poner en diálogo memoria y presente, tradición y cambio, identidad y participación.

Aunque el inicio oficial de las fiestas será el día 26 de julio, día de Santa Ana, el programa de este año avanzará una jornada con una actividad previa: la verbena del día 25 en la Plaça Major, con la actuación de Avalanx.

La formación ofrecerá una propuesta musical que combina instrumentos acústicos –saxos, trompetas, trombones y percusiones– con elementos electrónicos como teclados, guitarra, bajo y percusiones electrónicas. Una fusión pensada para transformar grandes éxitos de la música electrónica de baile en nuevas versiones y creaciones propias.

Así, la Patrona vuelve a mostrar una de sus características principales: la capacidad de incorporar lenguajes nuevos sin perder el vínculo con su esencia.

Una batalla hecha de muchos momentos

La simulación de los moros y los cristianos no es un único combate. Su fuerza reside precisamente en el conjunto de todas las escenas que la forman. La victoria no se decide en un único instante, sino que la batalla avanza por las calles de Pollença hasta llegar a su desenlace final.

Los combates de la Almoina, el grito de Joan Mas, la salida del Ayuntamiento Viejo y de las cristianas de Sant Jordi forman parte de un relato más amplio que culmina entrada la noche en ca n’Escarrinxo.

La batalla entre moros y cristianos es uno de los momentos más impresionantes de la Patrona de Pollença.

Por eso, la organización recuerda que todas las partes del simulacro merecen el mismo respeto y protagonismo. Dejar espacio a los participantes es también una manera de preservar la calidad de la representación y permitir que los cargos y los dos bandos puedan desarrollar los combates con toda la intensidad.

El último combate, especialmente, requiere que solo participen las personas integrantes de los dos bandos. La implicación del público es esencial, pero también lo es garantizar que la representación mantenga su sentido y su fuerza simbólica.

La Patrona es una fiesta que también entra por los ojos. La vestimenta y los elementos de los dos bandos forman parte de una imagen colectiva que se ha ido construyendo a lo largo de los años.

El bando cristiano mantiene elementos tradicionales como los vestidos de hilo blanco, las espardenyas de esparto con cinta blanca y las armas simbólicas: el falcón y la filosa en el caso de las cristianas y la barra de madera, en el de los cristianos.

El bando moro incorpora el guardapechos y los pantalones, el turbante, las espardenyas de esparto, la espada de madera y los elementos característicos que completan su imagen.

El Ayuntamiento recuerda que pueden participar en el simulacro las personas mayores de 16 años nacidas, empadronadas o residentes en el municipio de Pollença, y reforzar así la dimensión participativa de una fiesta que se construye con la implicación del pueblo.

La Patrona no es una fotografía fija del pasado. Es una fiesta que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y mantener su valor simbólico.

La filóloga Teresa Cànaves lo resume al afirmar que “hemos sabido adaptar nuestra fiesta al siglo XXI, la hemos hecho más inclusiva y democrática, más participativa”.

Esta evolución forma parte también de la reflexión de otras voces que han contribuido al programa de este año. Josep Lluís Reig recuerda que “para disfrutar de las repercusiones emocionales que nos ofrece cualquier celebración, se ha de entender que todas las emociones son positivas y que cuando aparecen es por un claro motivo evolutivo”.

Margalida Cànaves pone el foco en las marcas que deja cualquier celebración con su texto Las cicatrices de la Patrona, mientras que Jaume Pons reivindica, a partir de Blai Bonet, que “las palabras son el paisaje después de la batalla”.

Un paisaje que, en el caso de Pollença, está formado por generaciones de personas que han mantenido viva una fiesta que continúa interpelando al pueblo.

Una Patrona para convivir y compartir

El alcalde de Pollença, Martí March, y el concejal de Fiestas, Mateu Tugores, remarcan que la celebración ha de servir para reforzar los vínculos entre los vecinos y vecinas, para encontrarse, escucharse y compartir una tradición común.

Su llamada es que la fiesta se viva con respeto, responsabilidad y alegría, pero también con seguridad y libertad.

Porque la Patrona es esto: una batalla simbólica que solo tiene sentido porque detrás hay una comunidad que la hace posible. Una tradición que mira al pasado, pero que continúa construyendo su futuro.

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