La política es como el karaoke: todo el mundo tiene en ella sus minutos de gloria
El alcalde de Palma, Jaime Martínez, disfrutó de un baño de masas en la manifestación por Ceuta, es decir, para liquidar la legislatura de Sánchez
PalmaUno de los principales talentos que sirven para triunfar en la política es el don de la oportunidad. Se puede estudiar, tener un conocimiento amplio de la sociedad, ir cargado de buenas intenciones, querer cambiar el mundo... Nada como estar en el lugar adecuado en el momento que toca. Y el Partido Popular sabe que en el momento actual el lugar es Ceuta. Algunos van, como buena parte del gobierno español, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el líder de Vox, Santiago Abascal. Otros han recibido al presidente de la ciudad autónoma, como Marga Prohens y Felipe VI. Pero la mayoría se conforma con una especie de presencia espiritual y manifiesta su solidaridad con los ciudadanos de Ceuta, como si eso sirviera para arreglar un conflicto profundo, con aristas múltiples y complicado, que la clase política española se ha dedicado a simplificar y reducir al absurdo.
Como dice el titular de esta contracrónica, la política tiene un elemento común con el karaoke: todo el mundo puede disfrutar de sus minutos de gloria, cante bien, regular o mal. Así le ha pasado al alcalde de Palma, Jaime Martínez, que se dio un baño de masas, justamente en solidaridad con Ceuta. Un apoyo que se expresó al grito de “Pedro Sánchez, hijo de puta”. Una proclama que hace pensar que no fue precisamente la clase intelectual de Palma la que se dio cita en Cort.
Martínez disfrutó de lo lindo. Lo ovacionaron durante la lectura del manifiesto, colocó a la banda municipal en un rincón de Cort para que tocara dos veces el himno de España (la formación también interpretó el de Ceuta, pero la gente no le hizo ni caso) y tuvo a su lado a Prohens y a buena parte del Gobierno (no faltó la alcaldesa de Campos, Francisca Porquer, que esta vez no intentó dificultar la movilización como sí hizo en Es Trenc). Una jornada redonda. Lástima que al día siguiente los problemas de Ceuta continuasen igual que antes de la concentración en decenas de municipios españoles.
Mientras que la presidenta del Gobierno destacó que la protesta no tenía color político, Martínez criticó la ausencia de la izquierda, se pudieron ver algunas banderas franquistas (algún espontáneo recordó a Francisco Franco con estima) y un grupo de jóvenes de Identitas proclamaron que “España es una y no 51”. Desde la más exquisita neutralidad política, claro está.
Fue una celebración para el Ayuntamiento, que incluso iluminó la fachada y puso banda sonora pop al terminar el acto. Una alegría que algunos manifestantes no terminaron de entender al grito de “¡no es una fiesta, es una protesta!”. Pero, ¿tiene que ser incompatible bailar un poco, insultar al presidente del gobierno español y clamar por la integridad territorial de España?
La invasión de las Baleares
Buena cosa hizo Pedro Sánchez cuando dijo en el Congreso que los informes que alertaban de una avalancha de migrantes se referían a las Baleares. Antes que nada hay que decir que se trata de un problema humanitario muy importante. Precisamente por eso podemos reprochar a los políticos que lo frivolicen. Para empezar, ¿es oportuno soltar esta información como si nada, en un pleno de la Cámara Baja, sin haber informado a los territorios afectados y solo para salir del paso de las críticas (muchas con razón) de la pésima gestión de la crisis en Ceuta?
Por otra parte, ¿alguien pensaba que el PP balear no aprovecharía la ocasión para sacar el máximo rédito político? “Ciudadanos de las Islas Baleares”, empezó Marga Prohens en la rueda de prensa que el Govern convocó de urgencia el viernes, con un tono de solemnidad impostada. A partir de ahí, nada nuevo, más allá de reiterar una vez más que el presidente del gobierno español es la reencarnación del mal en la península ibérica. Es curioso el papel del presidente del Consell de Mallorca, Llorenç Galmés, que ha pedido la dimisión del delegado del gobierno español en Baleares, Alfonso Rodríguez, por esta cuestión (no por los porrazos que recibieron algunos ciudadanos mallorquines que tuvieron la osadía de quejarse de la masificación turística el 26 de julio).
El PSOE y la política cuántica
Al otro lado del espectro ideológico, el PSOE continúa jugando a ser turístico y antiturístico a la vez (recordatorio: la candidata a la presidencia de las Islas Baleares, Rosario Sánchez, continúa siendo la secretaria de Estado de Turismo). Mientras que los socialistas isleños claman que las Baleares ya no pueden asumir más visitantes y que hay que poner límites, el gobierno (socialista) español dice que podemos continuar soñando con la cogestión de los aeropuertos isleños, porque la cuestión aquí es que Aena tiene que continuar enriqueciéndose (a costa nuestra, claro está). Quizá eso convenza al diputado del Congreso Vicenç Vidal para salir de un grupo parlamentario que apoya al gobierno de Sánchez y pasar al Grupo Mixto (si le parece bien a la asamblea de MÉS per Mallorca, claro está).
Puede ser que los socialistas estén haciendo un ejercicio de política cuántica. Basta recordar la paradoja de Schrödinger, con un gato vivo y muerto a la vez, dependiendo de un acontecimiento cuántico aleatorio... ¿No se entiende? Pues el experimento del PSIB, tampoco.