07/09/2026 - 07:37 h.
Escritor
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Un ejemplo gráfico de lo que significa la expresión ‘vergüenza ajena’ es ver a tus propios representantes institucionales recorriendo las calles junto a grupos de extrema derecha y neonazis, en una manifestación en la que se profieren gritos racistas y de odio, y en la que el cántico preferido incluye la expresión ‘hijo de puta’, en este caso dirigida al presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez. La presidenta del Gobierno de las Baleares, Marga Prohens, participó en una manifestación de estas características, y acto seguido hizo un tuit divertido, porque explicaba otra manifestación que no había sucedido. En versión original, tuiteaba así la presidenta Prohens: “Ceuta no está sola. [Pausa dramática]. Miles de personas hemos salido a la calle para trasladar todo nuestro apoyo al pueblo ceutí y decir alto y claro que Ceuta no se negocia y que la soberanía y la integridad territorial de España no están a la venta. [Pausa dramática]. Ceuta somos todos”. El tuit no hacía más que reproducir el argumentario del Partido Popular tal como lo habían enviado de Madrid, que es el discurso que acostumbra a ofrecer la presidenta Prohens. Esta vez, sin traducirlo, ni nada. Muy bien. Lástima que la realidad no tiene nada que ver con todo esto. Lo que hay en Ceuta es una profunda crisis migratoria, humanitaria y política, en la que la unidad y la integridad territorial de España no pintan nada, salvo para aquellos que realmente se creen que las setenta mil personas que entraron los días 30 y 31 de julio procedentes de Marruecos son una “invasión”. Deben ser las tropas de Boabdil, que vuelven para reconquistar Granada quinientos años después. Lo que hay en Ceuta, también, es un conflicto geopolítico en el que el objetivo principal (de potencias como Rusia, Israel o los EE. UU. de Trump) es la desestabilización de Europa, y en el que la frontera española es utilizada para conseguirlo. La frontera y la población civil marroquí, con más de 140 muertos y cientos o miles de personas abandonadas a su suerte.La manifestación a la que acudió la presidenta Prohens no iba de nada de todo esto. Fue una manifestación, por cierto, en la que la Policía se abstuvo de dar ni un solo golpe de porra, a pesar de las maneras decididamente agresivas de muchos de los participantes. La manifestación, de hecho, no debería ser considerada como tal: las ‘manifestaciones’ donde asisten la extrema derecha y los neonazis utilizan uno de los derechos fundamentales de la democracia, que es el derecho de manifestación, para hacer una exhibición pública de fuerza bruta. Un ejercicio de intimidación: no son otra cosa los gritos con insultos, las proclamas racistas, la exigencia de acabar con aquellos que se consideran “enemigos de la patria”. El fascismo (que en España va revestido de neofranquismo) siempre ha funcionado de esta manera: buscando la intimidación mediante el odio y la fuerza bruta. El Partido Popular ya no flirtea ni festeja con el fascismo, sino que se ha unido definitivamente a él, se ha hecho suyo el discurso y se esfuerza por blanquearlo y normalizarlo. La presidenta Prohens, como por otra parte ha hecho siempre, obedece órdenes y, si se tiene que dejar retratar al lado de individuos con el brazo levantado a la romana o al lado de individuos que exhiben la imaginería neonazi de grupos como Plus Ultra, lo hace. Si alguna vez alguien se toma la molestia de recordar el mandato de Prohens (tendrá que hacerlo algún desocupado, con interés por las cosas insignificantes), estas fotos quedarán muy lucidas en su biografía.

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