País cohesionado o simple territorio de paso: ¿qué futuro quieren las Islas?
Baleares viven en una paradoja: necesitan mano de obra inmigrante y, a la vez, expulsan a trabajadores a causa del elevado coste de vida, con la vivienda como epicentro de los problemas
PalmaA medida que la población de Baleares ha aumentado, también ha ganado terreno la carencia de cohesión social. Si se añade la difusión del discurso de la extrema derecha a estos ingredientes y la consolidación de la llegada de personas vulnerables por el mar, se hace evidente que las Islas afrontarán, un año más, el gran reto de la cohesión social en 2026. Con más de 1,2 millones de habitantes, la mitad de los cuales ha nacido fuera, hay que repensar la identidad multiculturalidad. Todo esto, mientras las condiciones de vida son cada vez más complicadas para el grueso de una población que ya no puede ni soñar con acceder a una vivienda. Mucha gente se ve obligada a partir, a hacer de las Islas una tierra de paso. La situación es complicada, no admite recetas sencillas y pide un esfuerzo a todo el mundo, sobre todo a la clase política y las instituciones.
"La cohesión social es el principal reto para cualquier sociedad, pero ninguna otra tiene la diversidad demográfica que hay aquí", señala el profesor de Sociología de la UIB, David Abril, quien reclama integración social "más allá de cuestiones identitarias" y la implicación de las instituciones. "Esta foto de diversidad cultural no se está trabajando desde la política pública y la sociedad balear del siglo XXI se cuenta desde la inmigración", prosigue Abril, quien también reclama "cierto orgullo" por la diversidad de la sociedad isleña.
El demógrafo y profesor de la UAB AndreuDomingo pone el acento en el carácter generacional que tienen las identidades de los territorios. Este dinamismo debe servir como antídoto a los discursos sobre sustitución cultural de la extrema derecha, que ya han adoptado también sectores progresistas. "Cada generación interpreta y lee la identidad, que es cambiante. El momento es muy importante, porque se decide cómo lee la cultura la sociedad de las Islas, con migrantes e hijos de migrantes. ¿Se sienten baleares? ¿Qué hace la escuela? ¿Y la industria cultural? ¿Quién domina el sistema de reproducción cultural y social en Baleares? ¿Quién toma las decisiones?", son cuestiones.
Trabajadores que no pueden vivir allí
Necesitar trabajadores ya la vez expulsarlos porque en las Islas no es posible en estos momentos desarrollar un proyecto de vida: ésta es la gran paradoja en la que se encuentran las Islas, una situación que afecta en gran medida a los inmigrantes y los jóvenes. "Necesitamos gente de fuera y, a la vez, nuestro modelo económico le expulsa", remarca el secretario general de CCOOBalears, José Luis García, además de apuntar que, pese a que llegan migrantes titulados, acaban haciendo "trabajos no calificados".
Ahora bien, si las Islas quieren retener la mano de obra que necesitan, uno de los frentes más urgentes es la emergencia de la vivienda. "Por mucho que busquemos gente en otros países porque nos falta mano de obra aquí, la vivienda hará imposible que la gente venda", dice García. De este modo, "el crecimiento económico se detendrá como resultado del propio crecimiento económico". Otra paradoja.
"Los datos del INE demuestran que no retenemos población. [En 2024] vinieron 43.000 extranjeros y partieron 28.000", apunta Abril. En el caso de trabajadores procedentes de otras comunidades autónomas, quedaron 1.383, pero habían llegado 21.000 personas. El sociólogo destaca que, con el actual modelo económico, el mercado laboral de Baleares debe necesitar 15.000 personas cada año.
Los trabajadores, que cada vez más vienen solos y sin la familia para trabajar unos meses, no son los únicos que se marchan. Muchos jóvenes isleños, buena parte de ellos calificados, se van a otros territorios del Estado oa países del extranjero en busca de una mínima calidad de vida. Si en 2022 5.022 jóvenes de 16 a 34 años emigraron a otro país, "en 2023 ya fueron 5.969", dice Abril, y añade que "una cantidad equivalente se marchó a otra comunidad". "Partieron casi 12.000", afirma, y recuerda que la mitad de los salarios de los trabajadores de las Islas "no llegan a 18.000 euros", una cifra que hace del todo imposible acceder a una vivienda, ni de compra ni de alquiler. "No sólo hay un éxodo de jubilados hacia la Península. También ocurre con los jóvenes", subraya José Luis García, seguro que "el acceso a la vivienda será el epicentro de la crisis" que venderá.
Es necesaria una nueva perspectiva para los migrantes, para los que migraron hace tiempo y para los que nacieron aquí. Un nuevo enfoque que también ofrezca oportunidades a los menores que realizan un trayecto muy peligroso para llegar solos a las Islas. "Los tenemos estigmatizados. No pensamos en ellos desde el punto de vista de los derechos humanos, ni desde un punto de vista más egoísta, para formarlos y aprovechar ese capital humano", lamenta García. Pero Baleares tiene otro reto humanitario para afrontar, si se trata de defender los derechos humanos: "Nos debería preocupar que no mueran. Más de mil muertos [en la ruta argelina hacia las Islas en 2025] deberían caer sobre la conciencia de todos", sentencia Abril.