Ibiza ha inventado el ultraturismo, o cómo ser ricos y pobres a la vez

El éxito del turismo 'premium', las discotecas y las villas millonarias convive con desalojos, infraviviendas y una emergencia residencial cada vez más visible

Según sea vuestro presupuesto, en Ibiza tendréis unas vistas u otras.
04/06/2026
4 min

IbizaIbiza constituye una oferta turística sin competencia. Suena exagerado pero no lo es. Lo que marca la diferencia son las discotecas, las mejores del mundo, según han reconocido varios galardones en el último par de años (los Golden Moon Awards y el ranking anual de DJ Mag). Los clubs siempre han sido el elemento distintivo ibicenco, pero su peso en el conjunto de la oferta se ha disparado a partir de la entrada del Grupo Matutes en el negocio con tres grandes salas: Ushuaïa, Hï y desde hace dos temporadas UNVRS. Ahora mismo en Ibiza puedes estar de fiesta de noche o de día, bajo las luces estroboscópicas de un club o en una playa, tanto se vale.

Súmale, a esto, una excelente oferta de restauración, con varios establecimientos con estrella Michelin y una legión de cocineros famosos y sus marcas en busca de clientes: Gordon Ramsay (Hell’s Kitchen), Dabiz Muñoz (StreetXO), Dani García (Lobito de Mar), Paco Roncero (Sublimotion)... Súmale algunas de las mejores calas y playas del Mediterráneo, con aguas extraordinariamente transparentes gracias a la posidonia –una planta que es patrimonio de la Unesco y que se muere de estrés climático y de tanto que fondean encima. Y súmale una oferta hotelera e inmobiliaria también de lujo, con villas de insomnio y piscinas infinitas.

No es una metáfora: una piscina infinita es aquella que da la impresión de continuar en el mar. Las encontraréis en mansiones que también tienen chef privado, seguridad, helipuerto o acceso privativo a un beach club; os costarán entre 30.000 y 70.000 euros la semana en temporada alta. Si además sois superricos o famosos podréis acceder al segmento de villas off-market, donde podréis llegar a pagar 130.000 la semana. Lo gestionan empresas como Luxury Lifestyle Villas e Ibiza Luxury Villas. Todo es luxury, aquí. No es extraño que el sector turístico ibicenco facturara en 2025 más de 4.500 millones de euros (datos del Institut Balear d’Estadística). La cifra produce vértigo si se compara con las dimensiones de la isla: 570 kilómetros cuadrados y 160.000 habitantes. Ni tampoco es extraño que el aeropuerto de Ibiza sea el segundo de España en operaciones de jets privados, solo por debajo del aeropuerto de Mallorca.

El posicionamiento de Ibiza como destino de lujo no ha sido cosa de hace dos días. No solo ha habido una visión clara por parte de potentes empresarios, también desde el ámbito público se ha participado de manera decidida en el relanzamiento ibicenco como producto de alto nivel. La creación de la marca Ibiza Luxury Destination a través de Fomento del Turismo es un buen ejemplo; en su vídeo promocional se mezclan imágenes de Dalt Vila, un yate cruzando el mar, una joven con un capazo de esparto y un Ferrari Testarossa: esta es la idea, autenticidad y opulencia a la vez. Y ha funcionado. La apuesta ha resultado un bálsamo a la hora de superar la pandemia y reposicionar Ibiza en un segmento como el sol y playa, que ya está saturadísimo.

Y, ahora, encontrad casa donde vivir

Pero todas las medicinas tienen efectos secundarios. En Ibiza, las necesidades de vivienda no han sido planificadas con la misma eficacia que la marca turística. Da la impresión de que no han sido en absoluto planificadas. Mientras las inmobiliarias, las discotecas y algunos hoteles viven una era dorada, el personal que tiene que trabajar allí lo tiene muy difícil para acceder a una vivienda. Un piso de 60 metros cuadrados puede dispararse fácilmente a 1.600-1.800 euros mensuales. Una cifra que equivale a la totalidad del salario medio. Muchos propietarios prefieren alquilar a turistas y se reservan las viviendas. Es así que en los últimos años se han multiplicado en Ibiza los poblados de chabolas, algunos con cientos de habitantes. En el asentamiento de Can Rova, desalojado en julio de 2025, llegaron a vivir 300 personas en 90 infraviviendas; después de echarlos, los servicios municipales retiraron 900 toneladas de residuos. Se empezó a hablar de la Ibiza de las chabolas en lugar de la Ibiza del glamour.

Mala cosa. Este año las excavadoras ya estaban preparadas. En abril, antes de empezar la temporada, el Ayuntamiento de Ibiza ejecutó el desalojo del poblado de la Joveria, con 120 habitantes, y el de Can Misses, con 80 personas. La consigna ha sido clara: evitar como sea que se vuelvan a formar grandes concentraciones de chabolas. El departamento de Bienestar Social del Ayuntamiento de Ibiza ha asegurado que no hay más desalojos judiciales previstos, pero hace unos días una veintena de caravanas cerca de los antiguos asentamientos han recibido la notificación de que deben abandonar la zona. En un bosque cerca del núcleo urbano de Sant Antoni, esta semana la Policía Local ha utilizado un dron para localizar tres pequeños asentamientos formados por tiendas de campaña. Solo son casos de los últimos siete días.

“Los desalojados a alguna parte tienen que ir”, opina el coordinador de Cáritas en Ibiza, Gustavo Gómez. “Si los echan sin ofrecerles ninguna alternativa, se tendrán que buscar la vida”. A los comedores sociales de la entidad continúa llegando gente que vive en infraviviendas. Y en el centro de acogida que tiene Cáritas, destinado solo a mujeres e infantes, están al 100% de ocupación; allí han acabado algunas de las últimas familias desalojadas. La pobreza ya no es solo cosa de gente que no trabaja. “Ahora tenemos el comedor social lleno durante todo el año; antes durante el verano siempre bajaba”, explica Gómez. “Quiere decir que la gente tiene necesidades aunque tenga trabajo, normalmente porque el alquiler se come una parte importante de sus ingresos”.

Los salarios normales ya no pueden pagar el elevado nivel de vida ibicenco. Pero la vida siempre se abre paso. Recientemente, en el centro de acogida de Cáritas se ha producido un ingreso según un método poco habitual, una nueva usuaria que se llama Ailani: es niña, tiene solo tres semanas y ha nacido en el mismo centro. Quizás algún día su madre le explicará las circunstancias en las que nació. La madre de Ailani es una inmigrante colombiana. “Pero la niña es ibicenca”, remarca el coordinador de Cáritas.

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