El bosque de posidonia de Pollença restaurado sobrevive... lentamente
La restauración llevada a cabo por Redeia y el IMEDEA en 2018 alcanza actualmente una elevada tasa de supervivencia, de hasta el 93%, pero constata un crecimiento lento de la pradera y los ecosistemas asociados
PalmaQue la posidonia oceánica es uno de los tesoros más grandes de nuestro mar podríamos decir que lo sabemos todos. O que deberíamos saberlo. También deberíamos saber que es la responsable del color incomparable de nuestro mar y la “casa madre” de todo un mundo de seres vivos que son y existen gracias a ella. Además, es un agente natural de lucha contra el cambio climático, porque captura el dióxido de carbono: es el pulmón del mar.
Las aguas que acarician nuestras Islas son las más afortunadas, porque acogen más de la mitad de las praderas de posidonia que habitan los fondos del Mediterráneo en el Estado español. Se estima una superficie total de 1.150 kilómetros cuadrados ocupados por praderas de posidonia, de los cuales 633 se localizan en las Islas Baleares.
Haber tenido esta suerte nos impone también —o así debería ser— una responsabilidad más alta en la conservación de la posidonia, uno de los seres vivos más viejos del planeta. Nos jugamos mucho. Porque todo lo que nos da la posidonia se vuelve frágil, principalmente, por la interacción humana: construcción en la costa, presión turística, fondeos de embarcaciones, vertidos… Es imprescindible avanzar en medidas de protección y conservación que garanticen que la posidonia se encuentra fuera del peligro de áncoras, basuras y contaminación.
La posidonia es un tesoro de más de 100.000 años de vida que, una vez dañado, tarda décadas o, incluso, siglos en recuperarse, aunque se replanten activamente praderas degradadas. Es una angiosperma marina endémica del Mediterráneo con una baja capacidad de recuperación natural debido al lento crecimiento de los rizomas y una floración que no ocurre cada año y que, en general, es escasa.
Red Eléctrica, empresa filial de Redeia –responsable del transporte de la energía y de la operación del sistema eléctrico español–, se topó con la posidonia cuando proyectaba el enlace submarino entre Mallorca y Eivissa en 2014. La necesidad de hacer compatible el desarrollo de una infraestructura eléctrica desde el respeto máximo hacia el entorno despertó el interés de la compañía por implicarse en la investigación sobre la posidonia, la conservación y la posibilidad de recuperar áreas degradadas de esta especie.
Con el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IMEDEA-UIB-CSIC), Red Eléctrica impulsó un proyecto I+D que concluyó con la articulación de una metodología de plantación que ha permitido recuperar dos hectáreas de pradera de posidonia en las aguas de Pollença.
Una vez definido el sistema, en 2018 se empezó a plantar y, hoy, el proyecto, del que han sido las caras más visibles los investigadores del IMEDEA Jorge Terrados e Inés Castejón, aporta las primeras conclusiones. Y, como en todo, hay noticias buenas y otras que no lo son tanto.
Primero, hablaremos de las buenas. El sistema de plantación –pionero en todo el Mediterráneo y exportable a otros puntos– funciona, porque los fragmentos plantados desde 2018 han conseguido una tasa de supervivencia de entre el 78 y el 93%. Son unos resultados de supervivencia que, hoy por hoy, se consideran altamente positivos respecto a otras experiencias llevadas a cabo.
Ahora bien, el crecimiento es muy, muy lento. Tanto, que aún no puede haber resultados concluyentes sobre la recuperación de la epifauna y los servicios ecosistémicos de la pradera en restauración. Hay que tomar nota, porque los resultados evidencian la necesidad de ser conscientes de la importancia vital de la conservación de la posidonia. No vale decir que, como tenemos un sistema de recuperación que funciona, pues, si se estropea, entonces ya lo arreglaremos. No.
Entre 2018 y 2020 se trasplantaron 12.800 fragmentos de rizoma de posidonia, en ocho unidades de plantación, y se ha hecho un seguimiento anual –normalmente, en verano– de un 20% de los nodos de cada unidad. El seguimiento ha constatado que los valores de supervivencia se sitúan entre el 78% y el 93%, con variaciones en los diferentes nodos, con una antigüedad de plantación de entre cuatro años y medio y seis años.
Además de la supervivencia, anualmente, se hace un seguimiento del desarrollo de los fragmentos de rizoma trasplantados. Las medidas que se toman in situ en cada fragmento son las del número de haces horizontales y del número de haces verticales.
El tamaño medio se mantiene similar al del momento del trasplante, aunque con una tendencia a la baja cuando aumenta el tiempo transcurrido desde el trasplante. No obstante, la similitud en la distribución de tamaño de los fragmentos que se observa en las unidades de plantado más antiguas sugiere que la reducción en el tamaño de los fragmentos se frena una vez pasan cinco años desde la plantación. A pesar de esta reducción general, el porcentaje de fragmentos con un tamaño igual o superior al inicial llega al 32% en alguna de las unidades de plantación.
Se ha llevado a cabo también un análisis de la biodiversidad de epifauna y peces para evaluar la recuperación del funcionamiento ecológico en la zona plantada, comparándola con la pradera de posidonia natural cercana a la restaurada.
El término ‘epifauna’ se emplea para hacer referencia a la parte de la comunidad de fauna que vive en la pradera de posidonia y está formada por organismos móviles que viven sobre las hojas o nadan entre ellas.
El grupo dominante en la epifauna son los crustáceos y constituyen un elemento importante en el funcionamiento del ecosistema, porque son fuente de alimento para los peces. Hoy por hoy no se ha podido constatar de manera concluyente ningún efecto de la abundancia de epifauna.
Igualmente, al analizar la presencia de peces se ha comprobado que el total de individuos es mayor en la pradera establecida naturalmente que en la zona replantada, tanto en lo que respecta a peces adultos como en lo que respecta a los juveniles. Estos resultados reflejan que la respuesta de la comunidad íctica a la replantación todavía no se produce, tal vez, un poco más en el caso de los juveniles.
Finalmente, al demostrarse que el desarrollo vegetativo de los fragmentos plantados es muy lento –con una pequeña biomasa viva de posidonia desde la plantación–, hoy por hoy se traduce en una baja capacidad de captura de carbono.
¿Cómo se ha hecho la restauración?
El objetivo de la restauración de una pradera de posidonia es recuperar la estructura, el funcionamiento ecológico y los servicios ecosistémicos asociados. La técnica empleada incluye las fases de recolección de haces foliares procedentes de la fragmentación natural por la dinámica marina, la preparación de los ejemplares, la plantación que llevan a cabo buceadores mediante el anclaje de cada fragmento de rizoma al fondo marino y, finalmente, el posterior monitoraje y seguimiento de la evolución de los fragmentos plantados.
La plantación se ha hecho sobre mata muerta de posidonia –siempre se debe hacer en un lugar donde haya habido antes posidonia– y el material que se ha empleado son los fragmentos de rizoma con un ápice de crecimiento horizontal y un mínimo de dos haces verticales. Se emplean rizomas recuperados a la deriva en el fondo marino, porque evidentemente no se recogen de praderas.
Hay que tener en cuenta también que los fragmentos de rizoma necesitan un sistema de anclaje al sustrato antes de la plantación. Este anclaje les permite permanecer en el lugar de plantado y en una posición correcta sobre el fondo para que el haz foliar apical con crecimiento horizontal pueda crecer sin obstáculos y producir nuevas raíces que fijen el fragmento al sustrato.
Cada fragmento se liga previamente a un estribo de hierro cubierto con cera de abeja en la parte central para evitar que la corrosión del metal afecte al rizoma. Se recomienda que el sistema de atado de los fragmentos se haga con un medio flexible, como una cuerda.
La técnica ideada y utilizada en el Bosque Marino de Pollença está recogida en la Guía Práctica. La plantación de Posidonia oceanica (2018), de la cual ahora se ha hecho una segunda edición a partir de los resultados. Está a disposición de los sectores científico, público, profesional y empresarial para el desarrollo de iniciativas de restauración de praderas de posidonia.
La experiencia del Bosque Marino de Pollença, además de haber sido pionera en el Mediterráneo, se ha convertido en la semilla de la plataforma Bosque Marino de Redeia, una iniciativa de un alcance mucho más amplio que impulsa proyectos de restauración activa y pasiva –siempre validados científicamente– de posidonia y otros hábitats marinos en otros puntos del Estado, en el Mediterráneo y en el Atlántico, y también de investigación y actividades de educación y divulgación ambiental.Actualmente, la plataforma Bosque Marino, creada en 2024 por Redeia y la fundación Ecomar, trabaja con la Generalitat Valenciana en el diseño de una iniciativa de restauración activa de praderas de posidonia. Además, Redeia y el Ayuntamiento de Altea, en la provincia de Alicante, desarrollan un proyecto de restauración pasiva de posidonia a través de la instalación de fondeos ecológicos en las zonas de arenales.Junto a la asociación Amicos, Redeia se ha implicado en la conservación y restauración de los fondos marinos en el entorno del Parque Nacional de las Islas Atlánticas, en las Rías Baixas de Galicia. En concreto, se están recuperando las poblaciones de gorgonias en la ría de Arousa. También destaca la colaboración con la Universidad de Sevilla en un estudio científico para conocer el impacto de una agresiva alga invasora que amenaza la flora y fauna de Tarifa y de la bahía de Algeciras.En el ámbito educativo, Redeia y Ecomar impartirán 15 talleres en centros educativos de toda España durante 2026 para impulsar la educación y sensibilización ambiental sobre la conservación de los ecosistemas marinos. En esta materia, las Islas Baleares han sido también pioneras, con el precedente del programa Posidonia en el Aula, en el que han tomado parte más de 1.000 escolares de las Islas.La plataforma Bosque Marino forma parte de la estrategia de impacto integral de Redeia, que desarrolla todas sus iniciativas con un enfoque integrador de escucha al territorio y siempre en colaboración con asociaciones, fundaciones, administraciones públicas, institutos de investigación y el tercer sector.