Una bomba demográfica que ha puesto fin a la calidad de vida en las Islas
Baleares es una sociedad más diversa y envejecida, con un mercado laboral que depende en gran medida de la llegada de migrantes
Palma"Bomba demográfica", así califican expertos como el catedrático jubilado de Geografía Humana de la UIB Pere Salvà el crecimiento de población que han experimentado Baleares en los últimos 25 años. La causa de este fenómeno es sólo una: la migración. Porque los isleños de cada vez tienen menos hijos. De hecho, la llegada de migrantes no ha podido revertir el proceso de envejecimiento de la población. Ahora bien, un aumento de esta magnitud en un territorio limitado ha afectado de lleno a la calidad de vida de los residentes, quienes, además de pérdida de poder adquisitivo, ven cómo es casi imposible acceder a una vivienda hoy en día.
En el 2000, Baleares rondaban los 800.000 habitantes, y 25 años después superan los 1,2 millones. Nunca, en tan poco tiempo, las Islas habían vivido una transformación demográfica tan intensa, rápida y profunda. "Es un incremento muy importante, similar al de las décadas de los 60 y 70 a escala mundial", explica Salvà, además de remarcar que más del 80% del aumento de la población se debe al saldo migratorio, un porcentaje que sube al 99% si se analizan los últimos siete años.
La migración, cuestión de clase
Los migrantes que han llegado a Baleares a lo largo de este tiempo también están atravesados por el eje de la clase social. Por un lado, las Islas han acogido a ciudadanos europeos de alto poder adquisitivo: mientras que en las décadas de los 80 y 90 hubo una migración de jubilados, posteriormente lo hicieron profesionales que pueden continuar vinculados a su país de origen en el ámbito laboral.
Por otra parte, el mercado laboral isleño ha integrado una gran cantidad de mano de obra no calificada para cubrir las necesidades del sector servicios y de la construcción. "Son sectores que exigen poca formación", dice el catedrático de Geografía de la UIB Macià Blázquez, quien destaca que "el magnetismo migratorio radica en la desigualdad". "El problema no es la cantidad [de migrantes] sino la desigualdad", añade.
Además, ha aumentado de forma significativa la llegada de migrantes irregulares por vía marítima, aunque el aeropuerto sigue siendo la principal puerta de entrada de personas en situación irregular. La consolidación de la ruta argelina, la más peligrosa del Mediterráneo, ha permitido que lleguen a las Islas personas no sólo del norte de África, sino también migrantes subsaharianos de procedencias como Senegal, Mali y Somalia. Lo que en 2018 empezó como un goteo de personas, hoy en día es una de las principales puertas de entrada a Europa, con cientos de víctimas mortales –según la ONG Caminando Fronteras, más de 320 personas han muerto intentando llegar a las Islas.
Aun así, el envejecimiento de la sociedad isleña no se ha frenado en los últimos 25 años y no parece que deba hacerlo en los próximos. La situación de la vivienda en las Islas hace que haya más migrantes que prefieren venir solos, sin su familia. También "llegan adultos de edades más avanzadas", apunta Salvà, además de "mujeres que vienen para el cuidado de las personas mayores, una profesión de futuro".
Durante este tiempo, ha habido dos períodos en los que la inmigración ha aumentado de forma más moderada: durante la crisis inmobiliaria de 2008-2013 y en los años 2020-2021, los de la pandemia de coronavirus. "La tendencia era muy alta, casi vertical, y en estos dos momentos se estabilizó un poco. Pero no se produjo ninguna bajada importante de personas. La curva no refleja una tendencia bajista", explica Salvà. Precisamente la pandemia intensificó el fenómeno del teletrabajo y las Islas reforzaron su atractivo como un lugar para vivir, más allá del trabajo durante la temporada turística.
Los isleños también han emigrado
En cuanto a la emigración de isleños a otros países, Salvá remarca que no es tanto una cuestión de cantidad como de calidad. "Afecta a un grupo significativo porque se han ido y se van personas bien formadas que aquí no tienen perspectivas", continúa. ¿La razón? De nuevo, la estructura económica de Baleares, que prioriza los puestos de trabajo de baja calificación, un problema que no han podido mermar los gobiernos, ni progresistas ni del PP. Así, Salvà apunta que una media de 3.000 personas dejan cada año a las Islas en busca de oportunidades laborales y condiciones económicas adecuadas a su formación académica. Y muchas de ellas no vuelven más que para pasar unas semanas de vacaciones.