25 años de cultura: más profesionales, igual de precarios
El impulso que han dado centros como Es Baluard y ESADIB y la aparición de IB3 no ha bastado para consolidar un sector en auge en el Archipiélago
PalmaMuchos de los cambios que ha vivido el sector cultural en las Islas Baleares en los últimos 25 años se pueden resumir en uno que los define de forma muy clara: se han dado los primeros pasos para la profesionalización de aquellos que lo integran. Todos los expertos consultados coinciden en señalar que tanto en el audiovisual como también en la música, así como en el ámbito de la literatura y de la escena teatral, en este primer cuarto de siglo XXI se ha avanzado en relación con las condiciones de trabajo de quienes se dedican a ello. Estas mejoras no pueden desligarse de ciertas políticas públicas que se han desarrollado en este sentido –con el actual catálogo de subvenciones disponibles como uno de sus ejes principales– y que han derivado en la aparición de puestos de trabajo y centros de formación. También han permitido una mayor diversidad de estilos, temáticas y géneros explorados por los creadores de Baleares y, en definitiva, un mayor reconocimiento y conexión con la audiencia, tanto local como de fuera.
Ahora bien, todo ello ha implicado una burocratización que no siempre beneficia al ámbito creativo y, lamentablemente, si hay una palabra que todavía ahora define el sector es 'inestabilidad'. Pese a la mejora de las condiciones de trabajo, el día a día de quienes se dedican a la cultura sigue mayoritariamente atravesado por una precariedad que ya le acompañaba hace 25 años. Como apunta el guionista Ernest Riera, "se ha empezado a andar para dotar al sector de estructura, pero falta que las instituciones y la sociedad crean en él del todo, que realmente se entienda que la cultura no sólo es necesaria sino que también puede ser beneficiosa en el ámbito económico, político y social".
Más producciones
El ámbito audiovisual es uno de los que de forma más clara y evidente ha experimentado este cambio. En 2000, quienes se podían dedicar a la producción audiovisual eran casos excepcionales, y lo hacían principalmente en documentales o cortometrajes. En estas dos décadas y media ha llegado a las salas la primera película de ficción dirigida por una mujer de las Islas –Bittersweet Days, de Marga Melià, estrenada en el 2017–, se han rodado cientos de piezas y el talento isleño ha sido reconocido a premios como los Goya, donde Jaume Carrió y Laura Gost recogieron el de mejor cortometraje de animación por Woody and Woody, Carles Bover el de corto documental por Gaza y donde el gran cineasta mallorquín, Agustí Villaronga, hizo historia con Pan Negro en 2011, convertida en la producción en catalán que más galardones había recibido nunca en estos premios.
IB3 y la aparición de las plataformas
En todo caso, uno de los hitos más destacados para el conjunto del audiovisual en estos primeros años 2000 fue el nacimiento de IB3, el ente de radiotelevisión pública que comenzó las emisiones en el año 2005. Desde entonces se ha convertido en una pieza clave para el desarrollo y consolidación de numerosas cadenas, que han proporcionado coproducciones con el soporte del ente. Entre las series, destacan casos como el de Treufoc, uno thriller producido por la televisión autonómica que, gracias a la distribución internacional, se ha podido estrenar en países como Estados Unidos y Canadá.
De hecho, la internacionalización de los proyectos, gracias sobre todo al auge de las plataformas, es otro de los movimientos sustanciales que ha vivido este sector, y no sólo en Baleares. "Las plataformas han dado visibilidad a muchas obras de pequeño o medio formato que se han convertido en producciones internacionales. Películas o series independientes que, a lo sumo, tenían audiencias reducidas, que eran consideradas productos locales, y que ahora pueden llegar hasta la otra punta del mundo. Y eso ha hecho que pueda haber también más libertad creativa, y muchas más posibilidades a la guionista de películas como Primate y Nowhere.
El auge de los festivales
En el ámbito del cine, en estos 25 años han desaparecido la gran mayoría de los videoclubes y muchas de las históricas salas de cine, como el Metropolitan de Palma y el Novedades de Inca. Los Renoir pasaron a ser el CineCiutat en 2012 gracias a una iniciativa ciudadana que 13 años después sigue activa. El cierre de salas ha coincidido con el auge de los festivales, que en el ámbito del cine han visto florecer propuestas como la Atlántida y la Evolution en Mallorca, además del Menorca Doc Fest o el Ibiza Cine Fest. Esta transformación se ha producido también en el ámbito de la música: la aparición del Mallorca Live ha coincidido con la desaparición de una parte importante de los locales que ofrecían programación estable de música en directo en Mallorca, como Sonotone, Casino Royal y Bluesville, entre otros muchos. De un circuito sólido y provechoso para los músicos locales se ha pasado a grandes eventos nutridos mayoritariamente de artistas foráneos.
Las librerías, centros culturales
También se ha incrementado de forma muy considerable el número de presentaciones que acogen las librerías de Baleares. "En el año 2000 eran pocas las ocasiones en que un autor de Madrid o Barcelona, ya no digamos internacional, venía a Mallorca para presentar un libro", expone el presidente del Gremio de Libreros Miquel Ferrer, "y ahora casi cada semana tenemos alguno en alguna librería de aquí. Ha habido una gran explosión de actividades en este sentido", apunta Ferrer, para " en parte del ecosistema de gestión cultural. "También hemos visto nacer proyectos híbridos u orientados a públicos específicos, como el infantil, y han aterrizado en Mallorca por primera vez grandes superficies como Casa del Libro, Abacus o Agapea", señala el librero. "Creo que en el sector literario y editorial local también hemos visto una transformación importante: hay mayor diversidad de géneros y temáticas, y numerosos autores de aquí que publican con gran éxito fuera, como Aina Bestard o Joana Marcús, auténticos fenómenos de los últimos años", remarca.
Consolidación de la dramaturgia
No sólo en el ámbito literario se ha visto cómo los autores de Baleares atravesaban fronteras, también en la dramaturgia, el elemento clave del cambio de ciclo que han vivido las artes escénicas en los últimos 25 años según Cristina Bugallo, miembro de la compañía Produccions de Ferro. "Yo destacaría la consolidación de la autoría propia, que se ha atrevido a crecer y adentrarse en la contemporaneidad, lo que les ha llevado no sólo a estrenar en Barcelona y Madrid, y en los territorios de habla catalana, sino también a ser traducidos a múltiples lenguas ya darse a conocer a otros lugares. La creación de la Asociación de Dramaturgas y Drama Bugallo. Coincidían el dramaturgo Pep Ramon Cerdà y el crítico JA Mendiola al presentar el libro 10 años de teatro en Mallorca (2013 - 2023), editado por Lleonard Muntaner. "Hemos entendido que no es necesario hacer sólo obras de autores de fuera", exponía Cerdà en declaraciones al ARA Baleares, "y la explosión de dramaturgos vivida en Barcelona a finales de los 90 aquí no nos la creímos hasta diez o veinte años más tarde. En cambio, ahora tenemos una Marta Barceló, un Miquel Mas.
EL ESADIB
Por otra parte, Cristina Bugallo destaca el papel que ha jugado en la transformación del sector el ESADIB, la Escuela Superior de Arte Dramático de las Islas Baleares, que abrió sus puertas en el año 2006. “El sector teatral de Baleares hace muchos años que existe, con una serie de compañías como Iguana Teatre o Estudi Zero, que hacía estas décadas. han incorporado a otros que han podido mantenerse e incorporarse a un ecosistema profesional que puede mirar al futuro con cierta tranquilidad, a pesar de que la estabilidad cuelgue siempre de un hilo. formarse sin partir de ahí, y esto se ha notado en la consolidación del sector profesional", argumenta.
Es Baluard
En el terreno del arte, uno de los hitos más importantes en estos 25 años es la inauguración, en 2004, del museo Es Baluard, y lo ha sido también la evolución que ha hecho desde su apertura, como expone la comisaria y jefe de programas públicos del museo, Pilar Rubí. "Es Baluard ha madurado con las sucesivas direcciones que ha tenido, que han logrado sintonizarlo con lo que se hace en espacios de las mismas características de todo el Estado", comparte Rubí, "es cierto que hace 25 años había galerías, que han ido cerrando, como Altaïr, Joan Guaita o Ferran Cano, absolutamente pioneras. alternativo, que se manifestaba con revistas como Casa Tomada, que llegó a tener local propio, bares y tiendas que funcionaban como salas de exposiciones. Esta pequeña red de espacios culturales surgida del entusiasmo cultural de un grupo de amigos se ha ido desmantelando", apunta la experta en música y arte. Paralelamente, de hecho, también se ha producido la desaparición de la crítica de todos estos acontecimientos, la cual a principios de siglo XXI tenía una presencia destacada tanto en publicaciones el ecosistema cultural. "Había revistas como DP o Concepto que servían para reflejar todo el movimiento que había", reflexiona Rubí, quien subraya que entonces todo era "mucho más amateur". "A principios de 2000 era impensable que existieran los manuales de buenas prácticas. Hemos aprendido mucho, sobre la profesionalización, aunque todavía queda mucho trabajo por hacer".