14 pisos para acoger a los familiares de los enfermos desplazados

La Asociación de Ayuda al Acompañante del Enfermo (ADAA) gana el premio ARA Balears Colonia Caixa Pollença a la Acción Social por acompañar a las familias de las Islas desplazadas a Barcelona para recibir tratamiento médico

La asociación ADAA pone viviendas a disposición de los familiares de enfermos que se han tenido que desplazar.
20/06/2026
4 min

PalmaCuando una familia de las Islas recibe la noticia de que tiene que dejar su hogar y partir hacia Barcelona porque uno de los suyos recibe tratamiento, la enfermedad deja de ser el único problema. Comienza otra carrera: encontrar un lugar donde dormir, gestionar el trabajo y aprender a vivir en la incertidumbre. Hace más de 20 años que la Asociación de Ayuda al Acompañante del Enfermo (ADAA) aligera esta carga con una tarea silenciosa y constante que este año le ha valido el premio ARA Balears Colonya Caixa Pollença a la Acción Social.

ADAA nació en Llucmajor en el año 2003, impulsada por un grupo de familias que habían vivido de cerca el desarraigo y la preocupación que acompaña a una enfermedad grave lejos de casa. Entre ellas estaba la de Jaume Cànoves, trasplantado de hígado en el año 1997 y alma del proyecto. "El paciente estaba atendido, pero el acompañante quedaba desamparado", resume Mercedes Alvarado, gerente de la entidad.

Alvarado recuerda los primeros tiempos, cuando había familias que dormían por los pasillos de los hospitales, que desconocían sus derechos o que sencillamente no tenían fuerzas para enfrentarse a la burocracia, peaje para poder acceder a ayudas escasas. "Si familias de clase media como aquellas primeras lo habían pasado tan mal con un familiar ingresado fuera de la isla, algo teníamos que hacer", explica.

Primero informaron y ayudaron a tramitar las dietas que ofrecía el IB-Salut. Después llegó el primer acto benéfico, un torneo de golf en el año 2005 para recaudar fondos. Con aquellos recursos pudieron alquilar el primer piso en Barcelona, en 2007. Hoy, ADAA dispone de quince viviendas: cinco de gestión directa –cuatro alquiladas a precio de mercado y una en propiedad gracias al legado del profesor Josep Antoni Gomila Grimalt– y otras diez compartidas con otras entidades. El modelo de su acción social es sencillo: alojamiento gratuito cerca de los hospitales, apoyo psicológico, ayuda administrativa e, incluso, tiques de comedor. "Si el acompañante no se cuida, tenemos dos problemas", resume Alvarado.

"Me he quemado. Ven"

Pero ADAA no se puede explicar solo contando pisos, socios o noches de alojamiento. Su trabajo se entiende desde los casos particulares. De hecho, un beneficiario propuso la entidad como candidata al premio del ARA Balears. Jaume recuerda que era mediodía de un día festivo cuando recibió la llamada de su padre. "Me he quemado. Ven", le dijo. Cuando llegó ya había bomberos, policías y ambulancias. El padre tenía quemaduras de segundo y tercer grado en gran parte del cuerpo. En Son Espases le dijeron que debían trasladarlo de urgencia a la Vall d'Hebron. Su estado era muy grave. "En ese momento el mundo se hunde. ¿Qué haces? ¿A dónde vas? ¿Cómo lo gestionas?", recuerda.

Su madre y él cogieron el primer avión hacia Barcelona. Reservaron un hotel para tres días, sin saber cuánto tiempo tendrían que quedarse. “Pensé: ‘¿Qué hago con el trabajo’? ¿Cómo nos organizamos? Todo eran dudas”, confiesa. En la UCI de Quemados les hablaron por primera vez de una asociación mallorquina que ayuda a familias como la suya. ADAA respondió. “Nos preguntaron cómo estábamos y qué necesitábamos. Sin nada a cambio. Siempre con la mano tendida”, relata Jaume. Les recibió la trabajadora social que tiene la asociación en Barcelona. Dos días después ya dormían en uno de los pisos de la entidad. Compartían espacio con otras personas en la misma situación que ellos. "Sin saberlo, se convirtieron en una pequeña familia", explica.

Durante el mes y medio que el padre estuvo ingresado tuvieron alojamiento y manutención gratuita. También el apoyo de la psicóloga de la asociación. “Hemos sido cuidados y acompañados. Hemos sentido una humanidad que cuesta explicar con palabras. ADAA no solo nos dio un lugar donde vivir; nos dio tranquilidad, apoyo y fuerza en el momento más difícil de nuestra vida".

Testimonios como el de Jaume es el patrimonio de la asociación, extrapolable a cifras: 7.328 familias atendidas desde que empezaron, más de 10.000 noches de alojamiento gratuito solo el año pasado. Más de 700 socios pagan una cuota anual de 40 euros. Algunos han recibido el apoyo de la asociación; muchos otros, no. “No tienes que hacerte socio para que te ayudemos”, aclara Mercedes Alvarado. El presupuesto de ADAA se completa con actos benéficos, donaciones y un convenio con el Gobierno que les aporta hasta 265.000 euros. “La diferencia con otras entidades es que nosotros no cobramos nada a quien necesita la ayuda”. En 2025 recibieron 280 solicitudes; pudieron atender 239; 526 personas en total. La decisión la toma una junta evaluadora atendiendo a criterios como la urgencia y el nivel socioeconómico.

Dos años para un trasplante de pulmón

Mercedes Alvarado lleva años trabajando allí. Empezó como voluntaria –Jaume Cànoves era su suegro– y todavía hoy se emociona cuando habla de algunos casos. De una mujer de cincuenta años que esperó dos años un trasplante de pulmón y no llegó a tiempo. De los niños que ha visto crecer. De las familias que vuelven solo para dar las gracias. "Esas cosas te tocan. Hay gente que nos dice: 'Nos habéis salvado la vida'. Y eso es muy grande".

"Nosotros estaríamos contentos de desaparecer", reconoce, porque significaría que ninguna familia de las Islas tendría que volver a dejar atrás su hogar por una enfermedad.

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