Racismo para todos los gustos
La extrema derecha marca el discurso del Gobierno sobre la inmigración, mientras el PP y PSIB sacan adelante las medidas para paliar los efectos de la guerra de Irán y dejan a Vox al margen de la política útil
PalmaSi se puede atribuir un hito a la extrema derecha esta legislatura, es la de fijar el marco ideológico en que se mueve el debate sobre la inmigración, con la regularización extraordinaria del gobierno español en la palestra las últimas semanas. El efecto llamada, el colapso de los servicios públicos, la criminalización y la instrumentalización de los derechos de las mujeres como excusa para exhibir comportamientos racistas no son patrimonio exclusivo de Vox, con un PP preocupado por captar todo el voto 'descentrado' y a la derecha que pueda las próximas elecciones. "No basta, ahora queremos mucho más, más mayorías, más estabilidad, menos trabas, menos zancadillas", así lo resumió el jueves la presidenta del Govern, Marga Prohens, durante la presentación de su candidatura para volver a encabezar el PP balear. La líder popular enarboló la bandera de la libertad, otro mantra habitual cuando se trata de exaltar los valores del partido.
De esta manera, la Proposición No de Ley (PNL) que el PSIB defendió en el pleno del Parlament del martes, relativa a la regularización de migrantes, no tuvo más utilidad que la de corroborar la sintonia del PP y Vox en la materia. La diputada Cristina Gil fue la encargada de exponer los argumentos de los populares. Gil justifica con convicción el posicionamiento del PP en temas delicados y próximos a la extrema derecha como el arrinconamiento de las políticas de memoria democrática y la oposición a la regularización masiva de personas que ya viven en Baleares, a pesar de que el PP estatal votó a favor de tramitar una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) en este sentido. Eso sí, Gil no innovó y se limitó a repetir la letanía habitual, porque era una de aquellas ocasiones en que conviene hacer una apuesta segura. Ya es la enésima vez que los populares proclaman que quieren una inmigración legal y ordenada. Podría parecer que esto es un motivo de peso para regularizar la situación de quien ya vive aquí desde hace meses. Pero no, para el PP es una razón contundente para que los recién llegados no puedan tener los mismos derechos y obligaciones que el resto de la ciudadanía y continúen en un limbo legal.
El diputado socialista Omar Lamin alabó en castellano las bondades de la regularización, y lo hizo, como ya es costumbre del PSIB, ante un grupo de migrantes que presenciaron cómo la derecha y la extrema derecha los denigraba desde la tribuna del público. La pregunta que aquí hay que hacer es si los integrantes del PSIB explicaron a estas personas que las repercusiones de una PNL son prácticamente nulas, más allá de debatir durante un rato antes de salir a comer. También habría que preguntarse si los socialistas no instrumentalizan a los migrantes que van al Parlament para sobreactuar de cara a la galería y las redes sociales, en lugar de tomarse en serio la necesidad de organizar bien el proceso de regularización. Basta recordar que Extranjería no es capaz de sacar adelante los procesos ordinarios para intuir que hay que ponerse las pilas para que las cosas vayan bien. Por otra parte, llama la atención que Lamin, un saharaui, no tuviera ni siquiera una mención para su pueblo, que ha quedado fuera del proceso de regularización. Un nuevo revés después de que el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, diera apoyo a la propuesta de Marruecos para considerar el Sahara una autonomía bajo la soberanía marroquí.
Romanticismo político
Ahora bien, las desavenencias migratorias entre PP y PSIB no pasaron factura a la sintonía de los dos partidos mayoritarios para sacar adelante el decreto de medidas para paliar las consecuencias de la guerra de Irán en el tejido económico de las Baleares. Los amantes esporádicos recordaron la estima que los une y arrinconaron el rollo de la extrema derecha, incapaz de hacer propuestas constructivas más allá de clamar contra la agenda globalista, la destrucción de España y la extinción de los españoles en manos de despiadados musulmanes, y de propugnar la aniquilación del catalán.
Vox no encaja dentro de los márgenes de la política útil y sus representantes no tienen habilidades discursivas más allá del enfado constante. La portavoz de la extrema derecha, Manuela Cañadas, no ahorró apelativos para la alianza de populares y socialistas. "Este decreto debería ser el decreto del engaño del PP y PSOE", dijo Cañadas, además de asegurar que la iniciativa no era más que una cortina de humo para hacer desaparecer como por arte de magia la incapacidad del PP para sacar adelante unos presupuestos. "Lo mismo que Sánchez a nivel nacional", criticó la portavoz entre las risas de los diputados, como si se tratara de un monólogo de comedia. "Pinza de supervivencia del bipartidismo corrupto en contra de los ciudadanos de las Illes Balears"; "Consumación de una traición"; "El PP en brazos del PSIB, los sindicatos y la patronal de siempre"; "El PP utiliza un conflicto a miles de kilómetros para gestionar Baleares como si fueran su 'cortijo'"; "No al wokismo", fueron algunas de las perlas que Cañadas fue desgranando.
Pero, más allá de la comicidad de la situación, Vox dio un aviso al PP como mejor sabe: paralizando iniciativas. La extrema derecha tumbó todas las enmiendas de los populares a la ley de proyectos estratégicos, con las que querían modificar decenas de leyes. Esta advertencia hace prever que el idilio con el PSIB no pasará de aquí.