Las tejedoras artesanas de Can Morató de Pollensa
En el año 2022, cuando todavía la fábrica de Can Morató estaba en ruinas, publiqué un trabajo sobre su fundación y especialmente sobre las trabajadoras dentro del libro Dones, treball i moviment obrer. Europa, Espanya, Illes Balears (1868 - 1936), coordinado por David Ginard. Y ahora, que Can Morató está a punto de terminar su restauración, he creído adecuado ofrecer una síntesis. La fábrica fue un hito más de aquella Mallorca industrial definitivamente perdida. En Palma ya hacía años que existían algunas fábricas de esteras como La Alfombrera, abierta en 1882 por la familia Vidal y dedicada a las alfombras industriales hechas con telares movidos a vapor. En 1885 se abría en Santa Catalina la fábrica Mora, que era artesanal, de tapices y alfombras. Por tanto, ya existía una demanda de esteras de consumo interno y de exportación muchos años antes de que se abriera la fábrica de Pollença. La legislación laboral que prohibía el trabajo infantil en las fábricas y que protegía a la madre obrera no se cumplía. Esta era una lacra que afectaba a enclaves textiles como Sóller, Esporles, Bunyola y Palma. En La Alfombrera de Palma, y en muchos talleres, como se quejaba La Vanguardia Balear del 7 de abril de 1917, trabajaban muchas niñas de menos de diez años.
Pere Bosch Oliver, fundador de Can Morató, era el secretario del Ayuntamiento de Esporles y en 1882 construyó en los terrenos propiedad de su mujer, Maria Cabot, una fábrica de mantas de lana mecanizada, la cual dirigió durante muchos años y que tuvo su momento de esplendor gracias a la demanda de mantas para el ejército español durante las guerras coloniales de Cuba y Filipinas. En Esporles, Pere Bosch, entre 1909 y 1912, entró en contacto con Rafel Morató Font, un joven ingeniero industrial nacido en 1886 en el Principado, quien había montado en el pueblo unos talleres artesanales de alfombras de lana y con quien Maria, la heredera del fabricante Bosch, se acabaría casando. Hacia 1912 se produjo una crisis y como consecuencia, los dos grandes fabricantes de mantas, Joan Riutort y Pere Bosch vendieron sus fábricas de Esporles.
Se ve que Morató tenía una creciente demanda por sus alfombras artesanales, lo cual llevó a Bosch a asociarse con él y a fundar la fábrica de Pollensa, porque, terminada la guerra europea, se abrían los mercados a los productos artesanales de calidad con el consumismo de élite de los felices años 20. Además, las esteras manuales tenían un coste cero en capital fijo y maquinaria, y el coste laboral era bajo por la baratura de los salarios femeninos. El año 1922 se inauguró en Pollensa la fábrica de esteras de Can Bosch, que más adelante se llamaría Can Morató. Los dos fabricantes primero hicieron pruebas en unos talleres que abrieron en un local del antiguo convento de Santo Domingo de Pollensa, como una manera de asegurarse mano de obra con habilidad artesanal. Así, en aquellos talleres, un grupo de mujeres aprendió el oficio de tejer esteras. La fábrica se ubicó en la entrada del pueblo por la carretera del Puerto, pegada al torrente de Sant Jordi, y los empresarios se hicieron construir allí la residencia familiar, adosada. La empresa producía una gran variedad de esteras de lana de diseño refinado que se procesaban íntegramente en la fábrica, desde que la lana en bruto llegaba allí, se lavaba, se hilaba, se hacía el tintado y hasta que se tejía. La factoría disponía de sus propios diseñadores y producía alfombras de lujo que se exportaban a Barcelona, Santander, Bilbao, San Sebastián y muy pronto ampliaron la demanda hacia los Estados Unidos, Alemania e Inglaterra.
Hacia 1930 el yerno de Pere Bosch, Rafael Morató, le sustituyó en la dirección de la empresa, la cual en los primeros años 30 ya tenía 280 husos y 11 telares a mano. Rafael Morató, que en 1930 era el principal contribuyente residente en el pueblo, fue concejal del Ayuntamiento durante la República por el Partido Republicano de Centro, la reconversión republicana del antiguo Partido Liberal, dominado por Joan March. Durante la Guerra Civil en la fábrica se produjeron mantas y sacos de lana para el ejército nacional. En 1960 la fábrica cerró por la muerte de Morató y la competencia por la demanda de mano de obra del sector turístico.
La confección artesanal de esteras de lana aprovechaba la mano de obra femenina que se adaptaba perfectamente a un trabajo que no requería ningún gran esfuerzo físico pero que sí necesitaba cierta pericia. Además, las mujeres pollencinas tenían experiencia en el textil, ya que desde principios del siglo XX trabajaban el algodón en los talleres abiertos por Martí Pons, que durante la Primera Guerra Mundial se habían convertido en una fábrica, instalada en la calle de Ferragut, con telares eléctricos en los que fabricaban ropa de lona. Como era recurrente, los patrones del textil preferían la mano de obra femenina porque el salario era cerca de la mitad del de los hombres y también empleaban un buen número de niñas. A principios de los años 30, el propietario de Can Morató había aumentado el número de telares y de trabajadoras, que llegaron al centenar. Normalmente, los telares manuales ocupaban alrededor de 25 mujeres y niñas que ayudaban como devanadoras, además de las hilanderas y los hombres que trabajaban el tintado. Los tintoreros y los encargados solían ser hombres, con una categoría y un sueldo muy superior al de ellas. Era la fábrica que daba más trabajo al pueblo y los testimonios orales todavía recuerdan cómo sus sirenas organizaban la vida de Pollença.