'A real loser, Mr. Trump'
Un test proyectivo es el instrumento de evaluación psicológica que detecta aspectos emocionales o vinculados a la personalidad. La técnica proyectiva se basa en la capacidad de provocar en el sujeto, a través de estímulos ambiguos, reacciones inconscientes que, de algún modo, 'delatan' rasgos de su personalidad: filias y fobias, valores, prioridades...
Diría que, pese a resultar muy sugerentes a los profanos y muy fotogénicos en películas y series, el actual exhibicionismo emocional de los humanos les está dejando obsoletos. Vivimos una época en la que la contención, la discreción y la prudencia se han desvanecido. El escóndete –sabia máxima epicúria– resulta ininteligible a los ojos contemporáneos. ¿Quién necesita un test para escrutar una personalidad que exhibimos impúdicamente sin contención alguna? De hecho, cualquier estímulo de la realidad actúa como un eficaz test proyectivo: nos manifestamos como somos.
Es lo que ha ocurrido estas semanas a raíz del ataque unilateral de Trump y Netanyahu en Irán, y del consiguiente escenario bélico que ha desestabilizado a toda la región. O sea, que todo el mundo ha ido mostrando el plumero.
Uno de los primeros en hacerlo fue Sebastian Ebel, consejero delegado de TUI, que en la ITB de Berlín ya descifró la nueva guerra en el Golf en términos de 'oportunidad para destinos como España o Baleares'. También dejó caer que, vistas las buenas perspectivas dibujadas por los bombardeos, las plazas hoteleras mallorquinas podrían resultar 'insuficientes'.
Le siguieron una sarta deinfluencers y vividores diversos, radicados en alguno de los excéntricos países del golfo Pérsico, por lo de ganar muchos dineritos y no tener que pagar impuestos. Todos fueron sobresaliendo en demagogia, sobreactuación y falta de madurez. Invariablemente, se sentían abandonados y no entendían cómo el mundo entero no se había detenido para rescatarlos específicamente a ellos. Fue curioso sentirles invocar el sistema público y que, de repente, no parecieran tan entusiastas del individualismo, la iniciativa privada y el libre mercado.
En la misma línea se expresaban algunos de los muchos turistas esparcidos por Oriente Medio, India, Sri Lanka, Tailandia... que, por dificultades con las conexiones, no podían volver fácilmente a casa. No mostraron mucha empatía por la evidente complejidad de la situación: 31.000 españoles en la región directamente afectada, 158 atrapados en Irán y toda una embajada por desmantelar.
Otros que cumplieron sobradamente las expectativas fueron los hoteleros mallorquines, que por boca de su presidente y en tiempo récord, criticaron al gobierno español por haber condenado la guerra. Sorprende que no estén más centrados en las posibles consecuencias catastróficas de la crisis provocada por Trump sobre su vulnerable negocio: los turistas son por naturaleza asustadizos e hipersensibles a los atentados terroristas ya las subidas de precios. Además de nuestra absoluta dependencia de las conexiones aéreas, claro.
También se retrató el sector del transporte, que ya pide ayudas a las todas. Y el inmobiliario, que detecta una migración importante de turistas top desde Dubai y Abu Dhabi: demandas triplicadas en sólo 48 horas y con presupuestos de hasta 100.000€ por semana. Está visto que siempre nos toca...
Sin embargo, el más previsible de todos ha sido el Gran Trump aplicando una vez más su errática doctrina de la ley del más fuerte. Ya suponíamos que nuestro milhombres no había leído De iure bello yac pacis, de Hugo Groot, ni La paz perpetua, de Kant. Sin embargo, parece que tampoco ha asimilado referentes más modernos y comívolos como el de Ransom Stoddard –el hombre que (no) mató a Liberty Valance– y su anhelo de conducir al Far West hacia un modelo de sociedad civilizada y basada en la justicia y la legalidad. Incluso la filmografía de John Ford es una epistemología demasiado envitricollada para Mr. Trump.
Pero donde se proyectó con mayor crudeza fue cuando, para descalificar el rechazo a la guerra, utilizó la expresión 'loser', palabra totémica en el vocabulario 'USA' que divide a las personas en ganadoras y perdedoras. Y que presupone, obviamente, que ambas condiciones son sobradamente merecidas.
Ido ya que le gustan las dicotomías sencillas, Mr. Truth, aquí le deje –por gentileza de Vicent Marzà– unas comparativas USA/Unión Europea que le pueden interesar: Tasa de homicidios 5,5/100.000 vs. 2/100.000; Mortalidad infantil: 5,6/1.000 vs. 3,3/1.000; Esperanza de vida: 78 años vs. 81 años; Energía renovable 22% vs. 47%; Muertos por arma de fuego: 14/100.000 vs. 1/100.000; Muertos en carretera: 13,8/100.000 vs. 4,6/100.000; Muertes por sobredosis: 31/100.000 vs. 2/100.000; Permiso por hijo/a: 0 semanas pagadas vs. mínimo 14 semanas; Familias arruinadas por deudas sanitarias: 500.000/año vs 0... Who is the loser now, baby?