29/03/2026
Jefe de redacción
2 min

PalmaNoelia Castillo concedió una entrevista al programa Y ahora Sonsoles de Antena 3 cuatro días antes de su eutanasia. La presentadora, Sonsoles Onega, con un tono teatral, afectado y condescendiente, incidía una y otra vez en la escrupulosidad del tratamiento del material. Excusatio non petita, accusatio manifesta...La reportera Bea Osa había conseguido una exclusiva periodística muy valiosa desde un punto de vista informativo, humano y social. Un material de este calibre merecía emitirse al estilo de los grandes reportajes: sobrio, directo, desnudo y dejando que la protagonista dijera todo lo que considerase oportuno. Todos podríamos escuchar qué razones han llevado a una mujer de 25 años a decidir que quería morir. Que la asistieran en su suicidio. Ha tenido que aguantar casi dos años de dilaciones por un padre que intentó paralizar su decisión, legitimada por cada una de las autoridades competentes, hasta llegar al Tribunal de Estrasburgo.

No obstante, Onega y su equipo decidieron adulterar el material y rentabilizarlo al más puro estilo Mediaset de Vasile, solo que aquellos lo hacían con entretenimiento, un circo pactado y, por supuesto, no lo vestían de una solemnidad bajo la cual solo había amarillismo.

El testimonio de Noelia no necesitaba música lacrimógena de fondo, el plano en bucle de ella subiendo penosamente unas escaleras, ni merecía ser troceado en fragmentos de cuatro frases para que una mesa de tertulianos analizase desde el conflicto lo que no tenía análisis posible. Al menos en estos términos de espectáculo. Morir era su decisión, amparada por una ley garantista.

Los ojos grandes, inertes, mirando al vacío, de Noelia decían tanto o más que sus palabras. Sabía perfectamente lo que quería y por qué. Por el dolor insoportable físico y psicológico de una vida desgraciada, marcada por el sufrimiento y la desdicha. Si existe un fracaso aquí no es el que señalan los conservadores que, desde el privilegio y la ausencia de empatía, argumentan que solo Dios tiene derecho a quitar la vida a alguien. El fracaso es el de quien no supo cuidarla, amarla y protegerla; primero, sus padres y familia; y, más tarde, las instituciones y servicios sociales que debían velar por ella. El fracaso es, en última instancia, social y colectivo. Está claro que ningún padre debería ver morir a su hija, pero, como ella remarcaba, quién había pensado antes en su dolor.

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