08/07/2026
Escritor
3 min

El estreno de la película Obsesión ha coincidido en nuestro rincón del mundo con una polémica –¿sexual?– notable. Un político de más de 30 años ha sido finalmente expulsado de un partido político nacionalpopulista, porque mantiene relaciones afectivas con una menor de edad, si bien la niña ya tiene 16 años, la mínima para el consentimiento sexual (recordamos que antes era 14). Entre los dos había una relación de alumna-profesor, hecho que aún enturbia más la cosa.En las redes sociales se ha levantado un revuelo tremendo, motivado por la necesidad o no de posicionarse como sociedad en medio de una relación de este tipo, o por si basta con simplemente ceñirnos a la ley y dar por bueno el vínculo una vez se admite que el consentimiento de la chica es válido. Pero aquí hay una confusión de términos demasiado evidente: la ley habla del consentimiento sexual, y que las relaciones a partir de entonces pueden ser consentidas y, por tanto, deja de haber delito de abusos. Pero ¿qué tiene que ver esto con una relación? Incluso no sabemos, ni tenemos por qué saber, si ha habido alguna vez sexo entre los dos, aparte de la historia de amor (“relación sentimental”, dice el profesor en un comunicado público) que ha motivado el follón.Aunque podamos suponer que sí, el hecho sexual pasa a un segundo término, porque lo que interesa evaluar es hasta qué punto un hombre de más de 30 años juega limpio cuando entra a seducir a una mujer –¿mujer?– tan joven, la cual además ‘educaba’. Ponerse a evaluar esto no es de puritanos ni de estirados, ni de moralistas herederos de la Iglesia, la cual siempre ha casado a la gente con menos edad y todo. El tema es que el amor puede ser muy bonito, pero la vida es larga, y todo aquello que nos parece amor, al final quizás solo es dependencia emocional, e incluso abuso, el cual, más allá de que sea penalmente reprimible, no puede dejar de verse cuando las personas no son muy conscientes de lo que hacen o sienten. La escritora Vanessa Springora ha hecho un libro admirable sobre todo esto (El consentimiento); es la misma chica ‘enamorada’ quien después se gira hacia la sociedad y le pregunta: ¿Por qué me lo permitisteis?En la película Obsesión, recién estrenada, vemos algo similar: un chico hace que una chica se enamore de él con un conjuro mágico, y a partir de entonces no se la puede quitar de encima. El film se está convirtiendo en un fenómeno, y no me extraña, porque está magníficamente rodado e interpretado, sobre todo por la actriz (Inde Navarrete) que hace de chica ‘enamorada’. La consumación del sueño sexoafectivo del joven bobo se transforma en una historia de terror mayúscula, porque no hay nada más espantoso que un amor forzado. O que un amor verdadero en un mundo donde ya no tiene lugar, o cuando el enamorado no sabe estar a la altura de lo que se le da. Los hay que han querido ver en la película también una alegoría del consentimiento forzado, o de aquellas relaciones basadas en el engaño, o de la dependencia emocional de los amores jóvenes, que siempre son dolorosamente enfermizos. ¿Y quién es el monstruo, entonces, la chica fatalmente ‘enamorada’ o quien ha forzado este amor con malas artes?

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