La confesión del PSOE de Armengol: la izquierda no tiene nada que hacer

08/07/2026
Periodista
3 min

Faltan 10 meses para la campaña electoral y menos de 11 para las elecciones. Y no se ha movido nada en relación a hace dos años, cuando se empezaba a ver una oposición de izquierdas deprimida y sin ánimo, que el Gobierno toreaba a Vox y que el PP y la ultraderecha volverían a sumar la próxima vez.El hecho más trascendente que confirma que todo está como estaba es la renuncia de Francina Armengol a disputar la presidencia a Prohens otra vez. Si se lee solo la letra grande del hecho, o bien tal como la ha vendido el PSOE isleño, no se puede apreciar de ninguna de las maneras la carga política que tiene de verdad. Para valorarla en su justa medida se ha de poner en el contexto pertinente.Armengol recibió la derrota de 2023 como un golpe, si no personal, al menos contra su orgullo político. Y muy profundo. Que se explica por lo que aseveraba su entorno durante todo el año anterior a los comicios. Que existía lo que llamaban ‘el efecto Francina’, la atracción directamente imputable a la personalidad pública de la líder y a la gestión hecha en el Govern, que produciría un número de votos suficiente que desharía las suposiciones sobre una potencial victoria de derechas, posibilidad que despreciaban, sobre todo, porque no creían que Prohens tuviera capacidad de recuperar suficientes apoyos para el PP.Era una concepción de la política electoral que se abstenía voluntariamente de la principal característica que ha tenido el comportamiento del sufragio en Baleares durante las últimas décadas: la creciente importancia de la clave nacional. A pesar de este fenómeno, fácilmente perceptible en la evolución de los resultados en urnas desde el –como mínimo– 2007, afrontaron los comicios del 2023 con aquella convicción.Cabe decir que no era solo el entorno armengolista el que lo decía así. Se trataba de una percepción más extendida. Incluso entre determinados nacionalistas se creía que la presidenta tenía un plus personal y político que la ayudaría —y de paso, a toda la izquierda— a repetir en el cargo por tercera vez consecutiva. Y no solo pasaba en el mundo de la aristocracia política: sindicalistas y miembros de las asociaciones civiles independientes, anti PP y proizquierda pensaban dos cuartas partes de lo mismo.Todo, sin embargo, cambió cuando pocas semanas antes de las elecciones la cúpula socialista comenzó a entender –seguramente por culpa de las encuestas internas que le llegarían de la sede central– que la fantasía del mencionado efecto se estaba desvaneciendo, si es que alguna vez había existido.La noche electoral no hizo más que confirmar la catástrofe: la izquierda perdía el Gobierno y Armengol, la presidencia. De pronto, sin embargo, los socialistas advirtieron –era una lectura correcta, no había duda: tenían razón– que ellos no eran los responsables del desastre, sino el hundimiento de la ultraizquierda. Indudable: Podemos pasaba de 6 diputados a 1. El neocomunismo se hundía y arrastraba a toda la izquierda hacia el abismo opositor.La consigna que impuso entonces la dirección del PSOE local fue que la derrota era un simple paréntesis y que Prohens, en su incapacidad, no saldría adelante y Armengol volvería a ser presidenta en 2027, aunque hubiera huido hacia Madrid, aprovechando las elecciones generales de julio de 2023.Es creíble que así lo pensara. O, como mínimo, que tuviera ganas de volver y “de acabar el trabajo”.A finales del año 2024, en el congreso federal del PSOE, en Sevilla, Armengol dejó entrever al menos a dos periodistas mallorquines –que después lo contaron– que sería, en efecto, candidata contra Prohens. Todavía es más contundente que cuando se hizo el congreso regional, en marzo de 2025, la página web del Partido Socialista balear así saludaba la reelección de la líder indiscutida: “Armengol anuncia la primera medida para cuando vuelva a ser presidenta en 2027…”.Los meses siguientes, de hecho, durante todo aquel año, las cosas –posiblemente a base de encuestas feroces para los socialistas– cambiaron. Cuando en febrero de 2026 el diario Última Hora avanzaba que Armengol renunciaría por la evidencia de que las opciones de volver a ganar eran nulas, seguro que ya estaba decidido desde hacía bastantes semanas.El mismo diario publicaba hace poco la encuesta –hecha por el siempre fiable Instituto Balear de Estudios Sociales– de intención de voto que dejaba en evidencia el motivo de la renuncia: el PSOE ya pierde 3,7 puntos porcentuales sobre el resultado del 2023 y, lo que es peor, resta 4 escaños, mientras que la extrema izquierda desaparece. Los nacionalistas solo suman un diputado más, en Menorca, y los regionalistas no sacan ninguno; el PP roza la mayoría absoluta y si no la tiene –cosa que es más probable– podrá volver a pactar con Vox, que al menos aumentará en un escaño.Esta es la razón que explica por qué Armengol quiere quedarse en Madrid y confirma aquello que hace dos años se empezaba a ver y que ahora el PSOE ha confesado implícitamente: que la izquierda no tiene nada que hacer.

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