02/08/2026 - 08:37 h.
Subdirectora
2 min

Palmabuenos días, turista. Te escribo estas líneas para que entiendas un poco mejor la situación. Porque lo más seguro es que, mientras buscabas dónde podrías ir de vacaciones este verano, nadie te ha explicado que formamos parte de un sistema perverso, que somos un engranaje de una maquinaria destinada a hacerte trabajar once meses al año para que después devuelvas ese dinero y compres todo tipo de productos, incluidos los territorios que están bien lejos de tu casa.

Déjame decir primero que me gusta viajar y que conocer otros paisajes, culturas y maneras diferentes de interpretar el mundo nos hace mejores personas. También soy consciente de que haces un esfuerzo muy grande para que tu familia pueda disfrutar de unos días lejos de casa. Puede ser que hayas tenido que pedir un crédito para que tus hijos vayan a la playa y disfruten de los beneficios del sol. Incluso aumentarán sus niveles de vitamina D estos días, además de los beneficios de dejar las pantallas y nadar y reír mientras se comen un helado.

El quid de la cuestión es que el sistema no está diseñado para conocer paisajes, culturas ni maneras diferentes de interpretar el mundo. No le interesa tu enriquecimiento personal ni que vuelvas a casa con la mente un poco más abierta.

El sistema quiere que consumas el máximo posible en el mínimo tiempo posible. Por eso valoramos periódicamente cuánto gastas cuando nos visitas. Te aviso: si gastas poco, diremos que eres un visitante de baja calidad. Pero esto no es ninguna novedad, porque los pobres se suelen categorizar de esta manera, como mínimo.

Lo que no sabes es que también consumes agua, energía y territorio. Y también destruyes. En primer lugar, destruyes el derecho a la vivienda de muchísimas personas. El sistema necesita casas para que puedas pagar dos semanitas de alquiler. Es mucho más cómodo que tener que estar todos en la habitación de un hotel, ¿verdad? Además, no tienes que seguir horarios para comer y puedes cocinar lo que te apetezca. Mientras tanto, nuestro paisaje se llena de caravanas, chabolas y tiendas de campaña donde se meten los restos de lo que un día se llamó mercado de alquiler residencial. Lo sé: no eres mala persona, solo quieres pasar unos días felices. Pero te has convertido en una herramienta para que el sistema se perpetúe y se infle. Lo quiere todo para él. El problema es que se ha inflado tanto que está a punto de estallar. Y nosotros tenemos miedo.

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