Joan Carrero: "Vivimos en el imperio de la mentira"
Activista y escritor
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Joan Carrero es activista pacifista y fundador de la Fundación S’Olivar, con sede en Estellencs, desde donde ha trabajado durante décadas por la paz y la justicia en el África de los Grandes Lagos. Fue uno de los primeros objetores de conciencia del Estado y su trayectoria le valió diversas candidaturas al premio Nobel de la paz. En 2013 recibió la Medalla de Oro del Consejo de Mallorca. Impulsó una querella contra el presidente ruandés Paul Kagame y ha denunciado reiteradamente el expolio de minerales que se realiza en el Congo con la connivencia del mundo occidental. Acaba de presentar su nuevo libro ¿La humanidad va hacia el Armagedón? ¿O hacia la plenitud del Punto Omega?Decís que este es "el libro que Pere Sampol esperaba" y que quería recomendar a sus compañeros. ¿Qué hay en este segundo volumen que cree que Sampol consideraba especialmente necesario explicar?
— Pere afirmó a los medios de comunicación que la lectura de La hora de los grandes “filántropos”, mi segundo libro, le había cambiado radicalmente la visión del mundo. Más adelante, en la presentación de Los cinco principios superiores, mi tercer libro, hizo una valoración extraordinaria de él. El amigo Vicens Matas filmó buena parte de su intervención, pero él tenía interés en un libro más autobiográfico. Un libro en el que explicase más extensamente lo que habíamos vivido en nuestra lucha por la verdad, la justicia y la paz en Ruanda y en el Zaire/Congo, mi acompañamiento de Adolfo Pérez Esquivel en la mediación entre el gobierno de Felipe González y ETA, etc.
— Y resultó que no fui capaz de exponer públicamente mi intimidad ni de asumir tanto protagonismo. Así que finalmente salió El “Shalom” del resucitado, un libro en el que el protagonista central es Jesús de Nazaret. Cuando lo hubo leído, Pere quedó desconcertado y me dijo que un libro tan absolutamente místico no lo podía recomendar masivamente a los compañeros. Por tanto, su petición quedó pendiente durante unos cuantos años, hasta que me he decidido a escribir ¿La humanidad va hacia el Armagedón? ¿O hacia la plenitud del Punto Omega?, en el que explico estas vivencias personales. ¡Aunque se ha acabado convirtiendo en un libro... de cuatro volúmenes!
Usted escribe y sigue los grandes conflictos internacionales desde S’Olivar, en Estellencs, uno de los lugares más pequeños y aparentemente más alejados de los centros de poder. ¿Se puede entender mejor el mundo desde la periferia? ¿Qué le aporta Mallorca para mirar la geopolítica con una cierta distancia?
— Intento seguir los pasos de un aldeano marginal, un tekton –aquello que hoy sería un picapedrero o carpintero autónomo– que, además, vivía en un pequeño pueblo de Galilea, una región marginal de Israel. E Israel, a su vez, se encontraba en los márgenes del Imperio Romano. Pero resulta que aquel aldeano dio la vuelta primero al judaísmo, después al Imperio y, finalmente, al mundo entero. Esta marginalidad a la que te refieres no solo no es un problema a la hora de llevar a cabo las grandes revoluciones, sino que parece que es una condición sine qua non.
— Desde los primeros textos bíblicos, de hace tres milenios, en los que la gran figura es un Moisés que no sabía hablar –posiblemente era tartamudo–, hasta la mitología reciente de J. R. R. Tolkien, en la que solo los pequeños y pacíficos hobbits pueden llevar a cabo la misión de salvar el mundo, la paradoja se repite: son personas socialmente insignificantes –los profetas, David, María de Nazaret...– las que generan grandes cambios por medio de unas leyes superiores, Los cinco principios superiores, que no contradicen las leyes convencionales, sino que las integran dentro de un ámbito mucho más amplio. Esta es una de las dos cuestiones centrales del volumen I. La otra es la necesidad imperiosa de que los cristianos integremos la espiritualidad y la lucidez política.
Defendéis que hay que continuar mirando de frente las heridas de la Guerra Civil. En las Baleares, precisamente este año se ha derogado la ley de memoria democrática. ¿Qué os dice este hecho sobre la manera en que todavía nos relacionamos con nuestro pasado?
— ¿Seguro que hablamos del pasado? Cuando empezaba a tener el libro en la cabeza, en diciembre de 2025, se celebró en la catedral de Jaén –la misma donde fueron encarcelados cientos de cristianos admirables– la beatificación de 124 sacerdotes, religiosos y laicos de la provincia, víctimas durante la Guerra Civil. Cinco eran de mi ciudad natal, Arjona. Uno de ellos, Francisco de Paula Padilla, rector de la iglesia de San Martín, se convirtió en el Kolbe español al conseguir ocupar el lugar de un padre de familia y ser fusilado en su lugar. Cuantos más detalles conocía de todo esto, más me emocionaba. Pero cuando fui comprobando que ningún santo ni mártir de los vencidos parece merecer la canonización, algo dentro de mí me decía que esto no era justo ni, mucho menos, evangélico.
— La reconciliación no es cosa del pasado: es una urgencia del presente. Y la canonización de miles de mártires católicos es futuro. Mi convicción final es que, si continúa excluyendo a los vencidos y sin reconocer sus propias responsabilidades graves –antes, durante y después de la Guerra–, la Iglesia española no contribuirá, con estas beatificaciones masivas de mártires realmente admirables, a la importantísima tarea que san Pablo llamaba 'el ministerio de la reconciliación'. Más bien continuará alargando aquel partidismo antievangélico del cual ya se lamentaba, antes, durante y después de la Guerra, el extraordinario cardenal Vidal i Barraquer. Mis análisis se centran en la cuestión religiosa, que entonces fue fundamental. Pero también son aplicables a otras cuestiones, como la memoria democrática.
Usted establece un paralelismo entre el anticomunismo que justificó el golpe del 36 y la actual 'rusofobia' occidental. ¿No es una comparación muy arriesgada entre contextos históricos radicalmente diferentes?
— Si nuestro paradigma mental sobre la situación geopolítica mundial lo hemos ido forjando a base de los 'informativos' de las 'nuestras' televisiones, de los análisis de los 'nuestros' expertos 'de reconocido prestigio', de editoriales y artículos, ya sean de los 'nuestros' grandes medios o de los medios locales que se limitan a reproducir los informes de las 'nuestras' grandes agencias globalistas –medios y agencias que, prácticamente en su totalidad, son propiedad de BlackRock–, ciertamente estaríamos ante una comparación muy forzada.
— Pero yo hace ya bastantes años que solo me informo a través de aquella documentación que nos muestra lo que la gente del estado profundo intercambia entre sí cuando cree que nadie los ve, los lee o los escucha. Por ejemplo, WikiLeaks. Y solo sigo los análisis de aquellos verdaderos expertos que se basan en esta documentación oficial e imperial. Esta misma documentación pone en evidencia lo acertado que es el subtítulo del volumen I de mi libro: vivimos en el Imperio de la Mentira.
— Esta documentación nos muestra que, ya desde Brzezinski, el objetivo imperial fundamental es doblegar a Rusia y controlar el corazón del mundo: Eurasia, donde se concentra la mayor parte de la riqueza, la población y el potencial militar del planeta. Precisamente la zona en conflicto, Rusia/Ucrania, es el centro de este corazón. Pero una operación de este tipo es imposible sin una propaganda masiva de demonización de Rusia. Y la gran causa que justificó el Glorioso Alzamiento fue precisamente la cruzada contra el comunismo ateo. Juzgadlo vosotros mismos. Los paralelismos son muchos. Incluso se envió a la División Azul a luchar en el Leningrado asediado. Igual que ahora han luchado contra Rusia decenas de miles de mercenarios occidentales.
Cuando denunciáis la propaganda occidental sobre Rusia, ¿dónde situáis la responsabilidad de Putin en la invasión de Ucrania? ¿Existe el riesgo de que denunciar los intereses de Occidente acabe minimizando los de Moscú?
— A Kissinger, el otro 'gran hombre' de los Rockefeller, la Trilateral, etc., junto con Brzezinski, no le preocupaban mucho Israel y su entorno. Incluso pensaba que este estado artificial es insostenible y que acabará desapareciendo. Era Rusia, la que le preocupaba. Fue uno de los duros que apostó por traicionar la promesa que se había hecho al ingenuo de Gorbachov de no extender más la OTAN hacia el este.
— Otras grandes figuras norteamericanas de la diplomacia fueron más lúcidas y honestas: advirtieron de la gran crisis en la que ya nos encontramos. Como no me puedo alargar, para demostrar que Rusia fue provocada intencionadamente y empujada a defender su propia seguridad existencial, solo recordaré el informe secreto de la Corporación RAND de 2019. En él declaraba que la única manera de derrocar a la Federación Rusa era obligándola a extender excesivamente sus recursos interviniendo en Ucrania.
Hace más de veinte años que usted y el Foro Internacional por la Verdad y la Justicia en África de los Grandes Lagos impulsaron la querella por los asesinatos de nueve españoles y por los crímenes cometidos en Ruanda y el Congo. ¿En qué punto se encuentra hoy aquella batalla judicial? ¿Tiene todavía alguna posibilidad real de llegar hasta responsables de primer nivel del régimen de Paul Kagame?
— Como decía Pere durante nuestro viaje a los Estados Unidos, cuando se trata de cuestiones internacionales no hay ninguna diferencia entre demócratas y republicanos. Aquí, tanto el PP como el PSOE son responsables de la desactivación de la justicia universal. Ni a los unos ni a los otros les importa hacer justicia a la decena de españoles excepcionales que fueron asesinados por orden de Paul Kagame. Y todavía menos a los millones de ruandesos y congoleños que también asesinó. Como muestran cinco cables de WikiLeaks, prefirieron seguir las directrices del departamento de Estado: cambiar la ley de justicia universal y acusar gravemente a los que promovíamos la querella.
— Además de las graves acusaciones de la ONU, publicadas en la primera página de El País y Público, para neutralizar nuestra querella y las cuarenta órdenes de detención del juez Fernando Andreu, y también para lavar la imagen del gran criminal Kagame –que proporciona a Bill Gates coltán manchado de sangre, pero a un precio de extorsión para los congoleños–, se montó en Madrid el show de unos objetivos del milenio copresididos por Kagame y Zapatero. En la foto histórica, daban cobertura a este criminal personas como Ban Ki-moon, Bill Gates y Miguel Ángel Moratinos. Pero creo que conseguimos reventar aquel descaro.
— A pesar de todo, la querella continúa activa gracias a la acusación de terrorismo. Sobre todo, por el atentado del 6 de abril de 1994, en el que fueron asesinados los presidentes hutus de Ruanda y Burundi. Un atentado que desencadenó el genocidio de los cien días.
Después de tantos años persiguiendo responsabilidades en Ruanda, ¿se siente derrotado por los límites de la justicia universal española o todavía cree que habrá algún momento de rendición de cuentas? ¿Y qué significaría eso para las familias de los cooperantes y misioneros españoles asesinados?
— Hay quien lucha por conseguir resultados inmediatos. Otros tienen misiones con un horizonte en la Historia. Merecen elogio y apoyo. Personalmente, tengo un horizonte de eternidad. En Los cinco principios superiores argumento que lo importante no son los resultados. El quinto principio, y el superior, es el de la dignidad 'ineficaz': hacer aquello que es correcto, dar 'inútilmente' la vida si Dios así lo quiere. Como la dio Jesús y tantos mártires admirables.
— En este horizonte de eternidad, todos, empezando por Kagame y terminando por aquellos que siguieron las directrices del Estado Profundo, rendirán cuentas muy pronto.
Vosotros habláis de propaganda, miedo y manipulación como instrumentos políticos. En España, la ultraderecha continúa creciendo –el último CIS sitúa a Vox en el 16,6%, y otros sondeos, todavía más arriba. ¿Qué explica este auge? ¿Es solo inmigración y malestar económico, o veis en ello una crisis más profunda de la democracia?
— Acabamos de ver en Alemania que la sociedad ya no tolera la gran crisis que se empezó a gestar cuando, para perjudicar a Rusia, fueron destruidos los gasoductos Nord Stream. Pero resulta que Alice Weidel, la líder de la oposición triunfante, trabajó para Goldman Sachs. ¿Nos volverán a colar un fraude como lo han sido Obama y Meloni?
— Si los partidos socialistas y progresistas no nos hubieran traicionado, embarcándonos, por ejemplo, en gastos exorbitantes de decenas de miles de millones de euros para Ucrania y la OTAN, ¿los más desfavorecidos tendrían necesidad de Vox?