Leer para vivir bien

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24/09/2026 - 07:37 h
Escritor
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No sé si me entristecen más los resultados del último informe PISA o el hecho de que hayamos dejado definitivamente atrás la célebre denominación con la que una vez lo bautizó Joana Maria Camps, consejera de Educación en tiempos de José Ramón Bauzá. Sea como sea, y bromas aparte, parece que nuestros niños y jóvenes están bien ‘pisoteados’, si comparamos los resultados de nuestra casa con la media europea en ámbitos como la lectura, las matemáticas y las ciencias.Como escritor y traductor, pero sobre todo como persona que no se podría concebir nunca a sí misma si no fuera a partir de la conversación con los demás y el mundo que es la lectura, me preocupa especialmente que el informe señale que las nuevas generaciones no tienen ningún problema a la hora de leer párrafos cortos, pero que encuentran dificultades importantes cuando deben entender y procesar textos complejos o más largos. Es decir, que ‘pueden’ leer, pero no ‘saben’ leer de verdad, dicho de forma llana.Ante esto, pienso que es importante no olvidar que leer puede ser un gran entretenimiento, pero también muchas otras cosas. Leer es una competencia esencial para vivir en el mundo en que vivimos: acciones tan básicas como entender bien y firmar un contrato, seguir la actualidad política y los principales debates sociales o bien defender los propios derechos con argumentos complejos y a la vez contundentes son difíciles de imaginar, sin tener un bagaje mínimo en lectura y escritura. Porque leer se parece tanto a entender como escribir se parece a pensar, a formular, y cuando sabemos hacer bien las dos cosas, tenemos más herramientas para habitar el mundo de una manera digna y más consciente.Y hacerlo, además, a lo largo de toda la vida. A menudo, cuando hablamos de lectoescritura pensamos sobre todo en aquellos años en que las personas sabemos leer por nosotras mismas y lo podemos compartir con las demás, pero son numerosos los estudios que señalan que leer (o que nos lean en voz alta, es decir, que nos hablen) es esencial también en los llamados mil días de oro. Son aquellos primeros tres años en los que el cerebro de los bebés tiene más plasticidad, en los que se desarrolla más, en los que los cuentos que nos explican, las canciones de regazo que oímos, el vocabulario que nos rodea, como un sabrosísimo caldo de cultivo, nos empiezan a hacer personas. De ahí a la lectura autónoma, claro está, y de esta a la socialización y a los clubes de lectura para jóvenes y adultos. Pasando, también, por la importancia del papel de acompañamiento que puede tener la lectura en las etapas finales de la vida, sea para combatir la soledad no deseada (enfermedad crónica del presente) o bien para acompañar un proceso de duelo.Hacer ciudadanos lectores quiere decir propiciar que en el futuro también sean libres. Que tendrán a su alcance más herramientas para el pensamiento crítico, que procesarán mejor la complejidad y que, en un contexto cada vez más convulso, sabrán encontrar o buscar la paz, detenerse, reflexionar.Nos equivocaríamos si, como sociedad, no hiciéramos de ello una prioridad: para vivir bien, hay que volver a los libros.

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