Marga Prohens, antes de ser recibida en audiencia por el rey Felipe VI este viernes.
25/07/2026 - 17:10 h.
Jefe de redacción
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La izquierda balear debe ser una fuerza política prodigiosa. Hace más de tres años que está en la oposición y aún consigue colapsar las carreteras, encarecer la vivienda, saturar las playas y llenar el aeropuerto. Hay gobiernos que a duras penas dejan legado. El Pacto, en cambio, parece haber descubierto el secreto de la inmortalidad política.

La última prueba la ofreció Marga Prohens tras la audiencia con el rey en la Almudaina. A las puertas de una nueva manifestación contra la turistificación, la presidenta volvió a atribuir el crecimiento “desbocado” de Baleares a los ocho años de gobiernos de izquierdas. No es un argumento nuevo, sino uno de los pilares sobre los que el PP ha construido su relato desde que llegó al Consolat. Y tenía sentido. Al principio.

Todo gobierno dispone de un tiempo de cortesía para explicar la herencia recibida. Los primeros presupuestos no son suyos. Muchos proyectos, tampoco. Incluso algunos problemas necesitan tiempo para corregirse. Culpar al anterior forma parte del ritual de cualquier cambio político. También lo hicieron los otros.

Lo que resulta más difícil de entender es que la herencia siga ocupando el centro del discurso cuando la legislatura ya se acerca a su fin. Porque llega un momento en que la explicación se convierte en coartada.

Si, con casi una legislatura completa, los principales problemas de Baleares continúan teniendo el mismo responsable, hay que preguntarse cuál ha sido, entonces, el margen de maniobra del Govern. ¿Qué parte del precio de la vivienda, de la presión turística o de la sensación de saturación responde ya a decisiones propias? Gobernar consiste, precisamente, en asumir que, con el paso del tiempo, el presente deja de pertenecer a los anteriores.

Hay, además, una pequeña contradicción en este relato. Si todo lo que es malo responde a la inercia del Pacto, habría que admitir que esa misma inercia también habrá contribuido a lo que sí funciona. Las herencias no distinguen entre aciertos y errores. No se activan solo cuando conviene políticamente.

Más allá de la lectura que el Govern haga de la manifestación contra la masificación, cuesta creer que, menos de un año antes de las elecciones, la principal respuesta del Ejecutivo sea mirar por el retrovisor. La oposición vive del pasado. Los gobiernos, no. Tienen que vivir de lo que hacen mientras gobiernan y culpar a la herencia no es más que una excusa.

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