Las islas inmobiliaria, un fracaso
Se le debe reconocer al consejero de Economía, Antoni Costa, la sinceridad de admitir una de las constataciones más importantes a las que ha llegado buena parte de la ciudadanía hace tiempo: en las Islas el crecimiento ya no se traduce en bienestar. De hecho, lo que no dijo Costa, porque al tratarse de uno de los máximos responsables del Gobierno tampoco le podemos pedir más piedras a su tejado, es que lo que realmente ocurre es que el crecimiento de las Islas genera cada vez más malestar.
Hace tiempo que hay que revisar la estructura productiva de las Islas. Porque hace tiempo que las Baleares se han apuntado a la inmobiliarización de todo. Pisos, casas, chalets, todo se alquila y todo se vende. Y de todo lo que eran hogares para vivir, se hace un uso que ha provocado la subida de precio más grande que se recuerda.
Por no hablar del hecho de tener barrios llenos de inmobiliarias que van perdiendo comercio y que se llenan de negocios de diseño donde venden muffins que son magdalenas precongeladas a 4 euros cada una. Y tampoco del consumo de recursos, como el agua, que provoca este modelo de chaletizar el territorio para que unos cuantos ganen más.
El problema que tiene Antoni Costa es que su Gobierno ni ha hecho ni hará nada para cambiar este rumbo. Porque supondría enfrentarse a los poderes fácticos. Si se quiere recuperar el bienestar, es más sencillo de lo que parece. Solo hace falta coraje: para poner fin al alquiler turístico ilegal, que todavía es enorme; para detener los chalets en campo abierto; para impulsar medidas fiscales contra la acumulación de pisos; para dejar de culpabilizar a Aena –que tiene mucha, de culpa. Convendría dejar de liar la madeja y ejercer las competencias que se tienen, en vez de pedir a los otros que lo hagan.