Jimi Hendrix en Mallorca y nuestro Woodstock fallido

Este noviembre el festival In-Edit Barcelona estrena un cortometraje documental sobre un concierto que se ha convertido en leyenda

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Jimi Hendrix durante en una imagen de archivo.
Celestí Oliver
30/10/2026 - 23:28 h

PalmaDurante cinco días de finales de julio de 1968, un año antes de Woodstock, Palma podría haber sido el escenario de un festival con artistas internacionales de renombre que debía iniciar Jimi Hendrix. El músico estadounidense sí que cerró un año después, a las nueve de la mañana –del lunes 18 de agosto– el mítico festival que aglutinó el espíritu de la contracultura del verano del 69 y que tuvo lugar a las afueras de Nueva York, durante más de tres días y con una treintena de artistas de primer orden.

El verano anterior y en Mallorca, The Jimi Hendrix Experience aparecía en el cartel de la primera jornada de un intento fallido de festival. Fue, sin embargo, el único artista que en aquellos días llegó a Mallorca para actuar, precisamente tres meses antes de que publicara uno de los álbumes más capitales del rock, el 'Electric Ladyland', y que entonces ya había grabado, su tercer y último disco que contiene ‘Crosstown Traffic’, ‘All Along The Watchtower’, ‘Voodoo Chile’ y la apoteósica ‘Voodoo Child (Slight Return)’, entre otros. Dos años después, el 18 de septiembre de 1970, Hendrix moría a los 27 años.

Único concierto en España

El 15 de julio de aquel 1968 se inauguraba en Palma, en el edificio Neptuno de la plaza del Mediterráneo de Gomila, la discoteca Sgt. Peppers, propiedad de Mike Jeffery, mánager de The Animals, con la actuación de quien el inglés también era representante: un Jimi Hendrix desconocido para buena parte de los asistentes, mayoritariamente ingleses, entre los cuales, el futbolista George Best –habitual de Mallorca– y muy poco público mallorquín. Eso sí, estaban los Z-66, que tocaron antes y, entre otros, el periodista Miquel Vives.

Icónico es el recuerdo de la clavija de su Stratocaster hundida en el techo de la sala. Un año antes, las imágenes prendiendo fuego a la guitarra en el Monterey Pop Festival, en California, ya habían dado la vuelta al mundo.

“Hendrix, que solía tocar la guitarra a la espalda o con los dientes, en uno de estos movimientos detrás de la nuca, la levantó sin querer y agujereó el techo. El interiorista inglés que Jeffery había hecho venir para decorar la sala se llevó las manos a la cabeza. Fue la parte cómica”, recuerda Vives, locutor y periodista musical de la época en Ràdio Popular y del diario Baleares.

“Estábamos todos bastante cagaditos”, reconoce Llorenç Santamaria, entonces cantante de los Z-66. “Yo cantaba dos canciones de Hendrix: ‘Fire’ y quizá ‘Purple Haze’. Lo admirábamos; sobre todo Vicenç Caldentey estaba alucinado. Aunque las críticas fueron malas porque la gente no estaba acostumbrada a este tipo de actuación de guitarras distorsionadas, los que lo seguíamos alucinábamos”, rememora.

Tomeu Canyelles, Joan Bover y Lorenzo Santamaría.

“Me decepcionó bastante, esperaba sentir al verdadero Hendrix”, reflexiona Miquel Vives. “No dudé de su virtuosismo a la guitarra, pero hizo exhibición. Vi en potencia a un guitarrista extraordinario, pero no me gustó su pose en el escenario: salió con una ostentación horrorosa, guiñaba el ojo a las chicas, sacaba la lengua…”, recuerda.

“Estoy convencido de que no actuaba normalmente como hizo en el Sgt Peppers, que se lo tomaba en serio y no en plan de fiesta. No debemos perder de vista que vino a actuar gratuitamente”, apunta Vives. Jimi Hendrix aceptó tocar a cambio de unos días de vacaciones en la isla. “El propietario de la sala J&J de Madrid quería contratarlo y se fue horrorizado y Jeffery, que creía que sería una bomba, se enfadó: era el inicio de una gira”, comenta. Así, el de Mallorca se convertía en el único concierto de Hendrix en España.

“Si hubiera estado todo el mundo que dice que estuvo, el Sgt. Peppers habría pasado desapercibido. La mayoría de público no sabía quién era, lo conocían los cuatro músicos 'progres' y quienes éramos informadores. Éramos 150 personas como máximo –de 700 que tenía el aforo–, entre las cuales había una setentena de marines norteamericanos. Habían repartido publicidad del concierto por el puerto”, recuerda Vives: “No tuvo ninguna repercusión. Se ha creado un mito del concierto”.

Quien lo corrobora es el historiador Tomeu Canyelles: “Se ha sobredimensionado por el mito de Hendrix y su influencia como icono. Aun así, no se puede reducir a una simple anécdota. Las circunstancias únicas que lo llevaron a la isla son altamente descriptivas respecto al funcionamiento de la industria musical de aquel entonces y procura un alto número de interacciones con la Palma de los sesenta más allá del Sgt. Peppers. También es un episodio que activa los mecanismos engañosos de la memoria popular: relatos que se distorsionan a medida que pasan los años y en los que ya se hace difícil distinguir aquello que fue cierto de aquello que forma parte de la leyenda”. Canyelles ha hecho el guion de una película a punto de estrenarse sobre aquella visita histórica que ha retratado el cineasta Edu Biurrun. “Me interesaba mostrar cómo funciona la memoria. Cada uno recuerda los hechos a su manera y con el paso del tiempo los recuerdos se transforman, se mezclan y, a veces, se convierten en leyenda”, remarca el director.

La leyenda, en documental

The Night of the Voodoo, el pedal perdido de Jimi, el cortometraje documental de Edu Biurrun, se estrena el 2 de noviembre en la 24ª edición del In-Edit, el festival internacional de cine documental musical de referencia de Barcelona.

“Terminó la actuación; los camerinos, pequeños, estaban debajo del escenario y allí había baúles con guitarras y pedales, y recuerdo que Jimi Hendrix le regaló a Vicenç el pedal que todo el mundo busca y nadie encuentra”, cuenta Santamaria sobre el Fuzz Face que acabó en manos del guitarrista de los Z-66 Vicenç Caldentey.

“Todo gira alrededor de este pedal, pero es una excusa, un hilo conductor para hablar de aquella noche, de una época y de una generación que vivió una especie de despertar cultural. Funciona un poco como un MacGuffin de Hitchcock: un objeto que pone la historia en marcha, pero que nos acaba llevando hacia otros lugares. También es un símbolo de cómo un objeto puede acabar convirtiéndose en una leyenda”, comenta Biurrun.

Del pedal de distorsión, “la última constancia que se tiene es de mediados de los años ochenta, cuando Luis Massot, del grupo Taifa y Elikat, vio el pedal en el estudio de grabación de Vicenç Caldentey”, dice Biurrun. “En aquellos momentos, transcurridos unos quince años desde el concierto de Hendrix en el Sgt. Peppers, presentaba un importante deterioro. No es osado pensar que un objeto medio oxidado, medio pelado, acabara, desgraciadamente, en la basura. Pero no es el pedal en sí, sino su búsqueda, como si se tratara de un Santo Grial”, añade Canyelles. “Yo le he seguido la pista tanto en Mallorca como fuera, y hasta aquí puedo contar”, concluye Biurrun.

En el documental también aparecen los testimonios del fotógrafo Joan Torrelló, el autor de las ocho únicas fotografías del concierto; del subdirector de la sala, Sandro Fantini, y del músico Ramon Farran.

“Estoy convencido de que cuando se proyecte el documental saldrán nuevas pistas. Quizás tendremos que hacer una segunda parte. Tengo horas y horas de testimonios, hay material para hacer un documental largo”, explica Edu Biurrun.

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