Ampliar lo que es posible

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31/10/2026 - 08:31 h
Activista ecologista

Cada vez más nos cuesta imaginar el futuro. Y aún más, diría que nos cuesta imaginar un futuro diferente al presente. Un presente en el cual cada vez sentimos que se estrecha más el círculo, cada vez sentimos más presión sobre nuestras vidas, cada vez sentimos más desánimo al ver la deriva del mundo y cada vez sentimos incluso miedo al ver este declive que a veces podríamos incluso decir que parece el declive de la humanidad moderna, no solo en su construcción, sino también en los valores humanos que la han construido o destruido, más bien. Así, el presente parece engullir los futuros posibles que serían deseables y nos cuesta imaginar futuros que puedan ir a mejor. La incertidumbre, el miedo, el desgaste y la realidad misma, nos acercan más a imaginar las catástrofes que están por venir que a pensar en salidas posibles y viables si la sociedad se organizara sobre otras bases y sobre todo, sobre otras relaciones con todo lo vivo. Mark Fisher denominó “futuro cancelado” esta incapacidad colectiva de imaginar alternativas al capitalismo. Como si, a pesar de todas las crisis que se acumulan, no hubiera ninguna otra manera posible de vivir. Como si no tuviéramos escapatoria y la resiliencia se convirtiera en sinónimo de soportar lo insoportable.

Y esta dificultad creciente se explica por muchas razones. Por algunas de las que ya he expuesto, pero también por cómo se han modelado nuestros deseos. Nos pensábamos que teníamos claro qué era tener ‘éxito’, disfrutar y vivir bien. Y está claro que todo esto depende de tu contexto vital y cultural y que está atravesado por muchas diferencias de clase, de origen y de género, pero nos lleva a normalizar situaciones de explotación, y a pequeños (o grandes) autoengaños para hacerlas soportables, que llegan a normalizar, e incluso legitimar, desigualdades, injusticias, el racismo, la devastación ecológica, el expolio, las discriminaciones e incluso las guerras o los genocidios. A esto o a una rabia y frustración contenida que algún día nos hará explotar colectivamente o a implosionar individualmente. Y cuando hablamos de transformar este modelo, el relato a menudo queda atrapado en las palabras ‘sacrificio’, ‘renuncia’, ‘esfuerzo’ y ‘límites’ o, incluso, ‘imposibilidad’.

Es por eso que nos hace falta un esfuerzo ingente, muy necesario y determinante ahora mismo. Tenemos que enfocar nuestra mirada y nuestro deseo y pensamiento no solo a advertir sobre el futuro que podemos perder (y que, de hecho, ya estamos perdiendo): necesitamos desear el futuro que queremos vivir y, por tanto, es el momento de la disputa cultural, política y afectiva sobre qué entendemos por vivir bien, y entender cuáles son las decisiones que son necesarias hoy para hacer palanca hacia este faro común y deseable. Sobre esto ha ido esta semana el pódcast que grabamos con las compañeras de la Fundación Rezero y que liga también con el contenido de la jornada ‘Decisiones de presente, impactos de futuro: los derechos de las generaciones futuras en los ámbitos legal, político y social’ organizada en Barcelona por la Alianza para las generaciones futuras y a la que también pude asistir.

Queremos construir nuestro propio futuro y no ser solo espectadores de las dinámicas que lo devoran, que lo cancelan. Queremos y sabemos qué necesitamos para hacerlo posible y qué mecanismos, herramientas y valores, jurídicos, políticos y sociales, hay que disputar para hacerlo posible. Pero debemos tener claro que el futuro del que hablamos no parte del presente conocido, ni del ánimo de garantizar a perpetuidad un supuesto bienestar construido sobre la explotación de personas y territorios en una civilización que colapsa ecológicamente. Se trata de construir condiciones colectivas para que otras maneras de vivir sean posibles y deseables, y disputar esta posibilidad: las redes de apoyo mutuo, las cooperativas, la economía social y solidaria, las luchas por la vivienda, las acampadas, las prácticas de cuidados y las dinámicas y articulaciones para defender el territorio, la organización colectiva para hacer posible una huelga general por una cuestión tan vital como es el acceso a la vivienda. Todas estas son, sin duda, las grietas por donde puede volver a entrar la luz de un futuro posible y deseable. No ofrecen una receta única, pero nos permiten experimentar relaciones diferentes y ensanchar aquello que hoy consideramos posible.

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