En Movistar estrenaron una serie sobre la policía represiva del Estado. Se llama Antidisturbios y es bastante buena; Rodrigo Sorogoyen es un muy buen director y guionista; con esta serie hizo un trabajo excelente. Retrataba a todo un conjunto de individuos que trabajan para las fuerzas de seguridad del estado español y que, cuando es necesario, deben quitar las porras y atender a quien diga la comandancia. Aquellos hombres no eran extraordinarios: eran falibles, débiles, a veces con todas las tendencias de esa 'masculinidad tóxica' que el director ya había retratado a otras de sus ficciones. Pero gracias a la mirada cinematográfica te los hacías tuyos, te acababan cayendo bien, y seguías la hipotética historia de su corruptibilidad; en el fondo, hacía buena esa idea de Hannah Arendt de la 'banalidad del mal', que quizás no era aplicable a los nazis, pero sí a unos cuerpos de seguridad 'democráticos' que se limitan a hacer cumplir la ley sin hacerse demasiadas preguntas, por mucho que esto pueda implicar atizar a la ciudadanía.
La serie acababa con la llegada de estos personajes al puerto de Barcelona al ser enviados –como miembros de la Operación Catalunya– a vivir en ese barco de los dibujos animados, todo para evitar a porrazos que se votara el referéndum catalán del 1-O. Así, se anunciaba una segunda temporada que, por desgracia, nunca llegó a filmarse. Quizás porque habría sido demasiado comprometedora, o porque en Movistar no se fiaban de la mirada humanista de Sorogoyen, que pudo condescender ante el relato oficial españolista que todavía se reafirma con que las votaciones debían detenerse porque eran ilegales y debía usarse toda la fuerza que fuera necesaria.
Pero se ve que había muchas imágenes de archivo de la operación policial real que arrolló a aquella policía, también tras la sentencia contra 'el Proceso'. Y que han hecho un reportaje que, por lo que dicen, elogia sin demasiado pudor a aquella policía y su represión. Ícaro se puede ver en Filmin, y aunque las críticas no son muy positivas, no ha sido por razones estéticas o periodísticas que se han puesto en contra en las redes sociales miles de usuarios que consideran que la plataforma no debe emitir un contenido tan políticamente contrario a los postulados soberanistas.
Que la policía española no es independentista y que incluso disfrutó sádicamente de ese 'trabajo' no es un dato nuevo. Que haya un reportaje que lo documente, aunque sea desde el elogio o propaganda, no deja de ser significativo y revelador, y da más cuerda a las ideas independentistas, más argumentos a la reticencia ante todo lo que sea 'español' o injustamente represivo.
Los más arruinados han pedido que Filmin saque el documental del catálogo (lo que hará el 31 de enero), o directamente se han dado de baja de la plataforma –tienen todo el derecho–, decepcionados ante un proveedor de contenidos que no consona (tampoco ha consonado nunca) con sus ideas políticas. En la sede física de Filmin se han hecho pintadas. Ahora deberemos ver si en Netflix, por ejemplo, todo lo que se emite está de acuerdo con nuestras convicciones.