15/03/2026
Subdirectora
2 min

Cada vez que he contactado con los gabinetes de comunicación de las instituciones me he encontrado con situaciones que me han parecido surrealistas, pero que los periodistas hemos normalizado.

Para empezar, la falta de respuestas. Conseguir datos o una información, por irrelevante que sea, es un acto heroico. Las peticiones deben realizarse con semanas de antelación. A veces parece que uno escriba elabore artesanalmente las respuestas y las copie con caligrafía gótica a un pergamino. Tal vez el lector piensa que podrían hacer algo de vía en la era de la IA, en la que basta con pulsar un botón para recibir una lluvia de datos. Qué equivocado está... Los mecanismos de la opacidad necesitan un tiempo dilatado para acabar la paciencia de quien busca la información, que muchas veces desiste.

Por otra parte, los gabinetes de cualquier institución se dedican a sepultar los medios entre toneladas de informaciones irrelevantes. Diría directamente inútiles, pero no lo haré. Por ejemplo, Cort ha informado este viernes que el alcalde de Palma, Jaime Martínez, ha presentado la Feria de Abril. Desde aquí mis felicitaciones por esta presentación, que seguro que ha sido entrañable. El Consell de Mallorca informó el 7 de marzo que había realizado una ofrenda floral en honor del patrón San Juan de Dios con motivo del día de los Bomberos. Un evento que es imprescindible dar a conocer. Y el Govern informó día 11 de que 100 personas habían asistido a una mesa redonda del IB Dona.

Los medios elegimos qué publicamos y qué no, claro. Pero también contemplamos con estupor esta cascada de informaciones que nos envían mientras esperamos respuesta a muchas preguntas que hacemos en las instituciones y que suelen quedar en el limbo, perdidas en una dimensión paralela y del todo desconocida.

Los ciudadanos deben tener claro que, si no informamos sobre algún tema en concreto, no es por desidia, sino porque nuestros esfuerzos por conseguir los datos no tienen los resultados que desearíamos. Porque los gabinetes de comunicación han dejado de ser un servicio para los periodistas y funcionan más como un tapón. Al pedir hablar con algún cargo relacionado con el tema que queremos tratar, nos piden que indiquemos exactamente las preguntas, una práctica totalmente contraproducente para el derecho a la información. Las respuestas no deberían cocinarse antes que las preguntas.

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