08/09/2026 - 07:32 h.
Profesora de Filología Catalana de la UIB
3 min

Todos recordamos aquel verso de la icónica canción Boig per tu, que entonaba el grupo Sau y decía: “¿Cómo te puedo querer / si de mí estás tan lejos?”. El verbo ‘estimar’ –del latín 'aestimare', con el significado de determinar el valor de alguna cosa– sirvió al catalán para distanciarse de la solemnidad que había adquirido ‘amar’, heredero directo del latín 'amare'. El castellano también recurrió a una alternativa y la encontró en ‘querer’, procedente de ‘quaerere’, que nos remite al hecho de querer obtener (alguna cosa). La emotiva canción de Nino Bravo –con aquel estribillo insistente: “Porque te quiero, / te quiero, te quiero / y hasta el fin te querré”–, lleva incorporado un verbo cuya historia semántica no deja de sugerir una cierta idea de determinación. Nuestro ‘estimar’, en cambio, nos lleva originariamente a poner precio a un referente inanimado (o animado). Si continuamos este recorrido por las lenguas románicas, el italiano y el francés toman el ‘amare’ latino y hacen un uso cotidiano de él. Nos lo recuerdan canciones como Ti amo, de Umberto Tozzi, y Je t’aime, moi non plus, de Serge Gainsbourg y Jane Birkin. Este dúo, con su “te quiero y, a la vez, no exactamente”, proclamaban al viento las contradicciones humanas implícitas en este sentimiento universal. Una tensión similar recorre la novela Nu (diari d’un postadolescent), de Carles Cortés, publicada por la editorial Vincle este 2026. El libro, que adopta el género de la autoficción y la forma del diario personal, despliega casi todo el caleidoscopio de significados que las lenguas románicas han ido depositando en el acto de amar: valorar al otro, quererlo, poseerlo o entregarse a él. Nu podría parecer una novela sobre la homosexualidad masculina y sobre la necesidad que algunos sienten de esconderla: “Qué tristeza quien niega su preferencia sexual y por presión del entorno o por acción de él mismo acaba su vida con quien no es de su gusto”, dice Teseu, el protagonista de la narración y alter ego del autor. A lo largo de la novela, las ambigüedades y las ocultaciones funcionan, en algunos personajes como espacios de protección ante la sociedad. Este miedo a mostrarse atraviesa buena parte del relato. Teseu, a punto de cumplir los sesenta, se lo reprocha al amante: “No quieres que nadie de tu entorno conozca mi existencia”. Pero Nu va mucho más allá, habla de la dificultad de querer al otro y de quererse a uno mismo. La novela se construye como una arqueología sentimental hecha de deseos, pérdidas, dependencias, miedos y decepciones alrededor del etéreo ‘querer’. De tal manera que, al acabar la lectura, el lector casi no puede evitar hacerse una pregunta: ¿sabemos, los humanos, querer? Es una cuestión que ha ocupado el arte y a los artistas y que Nu formula con una intensidad particular. En este sentido, Je t’aime, moi non plus parece impregnar buena parte del relato. Teseu recuerda que nunca ha recibido un abrazo de su madre y, sin embargo, unas páginas más adelante escribe: “Te quiero, madre”. Entre estas dos frases se extiende buena parte del territorio emocional de Nu. La obra transita por la piel y el alma de Teseo y pone palabras a aquello que había quedado enterrado a lo largo de los casi cuarenta años de vida del protagonista para recordarnos que escribir es iluminar zonas de la memoria que habían quedado ocultas. Por eso, hacia el final, Teseo admite: “Pensaba que aquellos abusos de los catorce años no habían dejado ninguna huella”. Y es precisamente en esta necesidad de poner palabras a la vida que el diario adquiere una dimensión casi tridimensional y nos presenta a Teseo en su triple condición de lector cultivado, profesor de Filología Catalana y escritor reconocido. Desde esta mirada, las alusiones literarias se convierten en juegos de espejos que revelan, de rebote, la biografía del protagonista. Cuando habla de La montaña mágica, de Thomas Mann, escribe: “Detengo el paso del tiempo con la lectura”. La frase desborda la simple referencia literaria, porque el tiempo es precisamente el gran protagonista de la novela de Mann. He aquí el profesor de literatura: deja la pista y busca la complicidad de un lector dispuesto a seguirle el hilo.En definitiva, leer Nu es recorrer el caleidoscopio de significados –‘estimar’, ‘querer’, ‘amare’, ‘aimer’− con los que las lenguas románicas han ido verbalizando el sentimiento huidizo que protagoniza la novela. Teseo intenta retener este imposible de tres maneras: amando, leyendo y hablando. Con los cuerpos prueba de acercarse a los otros; con los libros, de detener el tiempo; con la lengua, de dar forma a una manera de mirar el mundo. Y ni el amor, ni la literatura ni la lengua pueden vencer del todo la pérdida, pero los tres permiten habitarla.

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