Ca na Beatriu: El futuro centro de interpretación del Parque Natural de la Albufera

En casa de Beatriz
09/04/2026
Escritor
4 min

Era la puerta de entrada al paraíso. Agua fresca y cristalina, todos los tonos del verde y con árboles frutales de toda clase. Era, y es, justo al lado del canal de Estella y del camino de la Empresa. Lo llamaban Ca na Beatriu. La joven pareja pasaba allí los veranos, demasiado calurosos en Ciutat y en sa Pobla. En la casa de veraneo se podían oír las olas del mar, de aquella bahía inmensa y azul. El primer árbol que allí sembraron fue un cerezo, como símbolo de pureza –por la flor blanca– y de amor y fertilidad –por el fruto rojo intenso. Hacía poco que se habían casado en Londres, después de conocerse en el teatro propiedad del Sr. Aubyn, en el 15 Bedford Row. En las tierras fértiles y negras de la Albufera, un cerezo sugería el paraíso añorado o la recompensa anhelada. En Ca na Beatriu, la señora –la llamaban los jornaleros de la Empresa– dirigía el antiguo ritmo del agua adormecida.

La pareja contrajo matrimonio el verano de 1884 en Londres. Beatriu Alexandra Flanagan, de soltera, tenía veinte años y era una joven actriz de teatro, ambiciosa y especialmente inteligente. Lee La Trobe Bateman era el hijo pequeño del lord John F. La Trobe Bateman, el hombre que había venido a Mallorca en 1862 para desecar y amar los humedales de la Albufera. Lee tenía veinticinco años y era un jovencito con muchas ideas en la cabeza. Buscaba su lugar dentro de la familia, le gustaba el arte de la escritura dramática, la fotografía y la pintura. Necesitaba, por encima de cualquier cosa, que lo miraran, lo valoraran y lo aceptaran tal como era. El aprendizaje de las técnicas de la jardinería y del cultivo de la tierra vendrían con los años... ¡pero, ay! siempre mirando las plantas y la verdura con una dimensión creativa, y poco comercial. La ganancia de la rentabilidad le estaría vetada de por vida.

este artículo no habría sido posible sin la complicidad y la ayuda de Francesc Lillo y Biel Perelló. Rodeando aquella verdor –donde las garzas, las fochas y algún cernícalo ponían la música de fondo– había higueras silvestres, pero lo que embellecía especialmente el lugar eran los cientos y cientos de moreras. Sus hojas sabrosas y opulentas alimentaban, en las casas antiguas de la posesión y de la Quartera, miles y miles de gusanos de seda. La seda era muy apreciada y cara en aquella época.

Los paraísos no son eternos, nada lo es; eso sí, son intensos. Y llegamos a la actualidad, al tiempo presente. Dejamos de lado el sueño y aterrizamos en el presente. Las tierras y las casas de Ca na Beatriu fueron segregadas de la gran finca en los años ochenta del s. XX, y con posterioridad también del Parque. El paso del tiempo ha hecho su trabajo, inexorable. Quedan las ruinas, la memoria, los olores.

Ca na Beatriu, el nombre está bien vivo todavía hoy en día. La casa está situada justo al lado del Hospital de Muro, a tocar de la carretera Ma-3433. Un espacio, un lugar próximo a la gente, a los visitantes. Una puerta perfecta a un centro de interpretación que invita a un viaje especial para explicar, hacer entender y poner en valor un territorio, un patrimonio y un ecosistema precioso y frágil. Un centro para traducir la naturaleza y la historia.

Sabemos que el Gobierno ve con buenos ojos este proyecto. Saben de la necesidad de un espacio nuevo donde la fauna, la flora, la historia y el patrimonio tengan su lugar. Que la gente del s. XXI mire y entienda las maquetas, los audiovisuales y las herramientas didácticas. Porque Sa Roca ya no es un espacio adecuado ni actualizado para las actividades educativas y divulgativas, para acoger a los visitantes y darles la información de precisión que hace falta. Necesitamos, ya, una nueva puerta de entrada intelectual y emocional a la naturaleza y al paisaje albuferense. Y aquí entra en juego Ca na Beatriu.

Siempre hemos pensado que l'Albufera no solo se tiene que proteger, también se tiene que explicar y vivir. Con un eje importante que es la investigación, la divulgación y la memoria histórica: desecación, campesinado y turismo. No podemos perder más tiempo. Conseller: nos encontramos en un punto de inflexión en que, si no mejoramos la conciencia ambiental, ordenamos el flujo de visitantes, reforzamos la identidad local y ofrecemos una actividad educativa de calidad, el futuro será triste y negro. El Parque necesita, casi a un tercio del siglo XXI, más dotación económica, más altura de miras y más ambición y, lógicamente, Ca na Beatriu.

Ahora que estamos en los días de Pasión y de liturgias sagradas, cuando las empanadas y los rubiols nos evocan los olores de las cocinas de nuestras abuelas y nuestras madres, estos son los mejores días para ir a visitar l'Albufera y caminar por los caminos de cañaveral, aquellos de raíces profundas. A primera hora de la mañana, cuando la niebla se levanta sobre los canales y los primeros rayos encienden las ramas más altas de los tamariscos, aquellos que hacen de guardianes discretos entre el agua dulce y la salinidad. Los amores de juventud de na Beatriu y en Lee perduran. También el sueño del viejo y añorado J. F. La Trobe Bateman. Cuando vayáis, escuchad el cañaveral, que dentro de un murmullo constante de tambores y procesiones, respira como si el paraíso tuviera voz propia.

Nota: este artículo no habría sido posible sin la complicidad y la ayuda de Francesc Lillo y Biel Perelló.

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