Jordi Pujol y nosotros, los isleños

Hace 50 años saltó la polémica por un supuesto desembarco del futuro presidente de la Generalitat en la revista mallorquina ‘Cort’

Jordi Pujol, en una visita a Mallorca en 2001, con el entonces presidente balear Francesc Antich.
30/05/2026
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PalmaFue ampliamente admirado, también en las Baleares, hasta que estalló el asunto judicial que ha afectado a su familia y del cual él ha quedado excluido por su delicado estado de salud. Antes de eso, Jordi Pujol fue, a lo largo de decenios, el referente de Cataluña por excelencia, con unos ciertos vínculos con las Islas. Los recordamos cuando se cumple medio siglo de la polémica que generó, en mayo de 1976, su supuesto ‘desembarco’ como accionista en la revista mallorquina Cort, en plena Transición política.

¿Quién era aquel Jordi Pujol i Soley, cuya posible presencia en una revista mallorquina generó tanto movimiento? Había nacido en Barcelona en 1930 y desde muy joven se había movido en círculos catalanistas y antifranquistas, por supuesto clandestinos. Aquella actividad le llevaría a ser sometido en 1960 a un consejo de guerra, al cual asistió un también muy joven Baltasar Porcel, a quien un policía, al pedirle el DNI, le espetó: “¿Y usted qué coño hace aquí, si es mallorquín?”. Por supuesto, Pujol fue condenado y enviado a prisión.

Jordi Pujol había estudiado Medicina. Pero, con aquella obsesión suya por “fer país” (hacer país), y al considerar que Cataluña necesitaba un instrumento económico, creó Banca Catalana, la cual llegó a implantarse en las Baleares. En 1974 fundó Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), formación con la cual llegaría en 1980, en coalición con Unió Democràtica, a ser presidente de la Generalitat los 23 años siguientes, todo un récord.

Según David Ginard, la relación del futuro presidente de la Generalitat con las Islas arrancaba en 1950, cuando un Pujol de solo 20 años y Joan Reventós, que tres decenios más tarde sería su rival en las urnas, entraron en contacto con el maestro mallorquín Pau Llabrés, a través de Francesc de Borja Moll. El objetivo era constituir, en lo más duro del franquismo, un grupo nacionalista juvenil.

Jordi Pujol, en visita oficial a Ibiza en 1982.

Llabrés les hizo ver las dificultades de aquel proyecto, en unos tiempos como aquellos y en un territorio como Mallorca. Y Pujol le respondió con una carta kilométrica, en la que demostraba un sorprendente conocimiento de la mentalidad isleña de entonces y, en parte, de hoy: “Mallorca no quiere oír hablar de, de catalanismo”. En todo caso, decía, se debería usar la expresión ‘mallorquinismo’. La causa era la misma, la reivindicación de autogobierno, pero se debía ir alerta con el término.

Los isleños de Pujol

Pujol, según aquella misma carta, trataba de encontrar una expresión aceptable para todos: “Países de Lengua Catalana” le parecía demasiado largo, y pedía a Llabrés si él sabía “algun bueno”, de nombre. Pero aquel proyecto de constituir una formación nacionalista en Mallorca no salió adelante.

Pasaría más de un cuarto de siglo hasta volver a tener noticias del estudiante de Medicina reconvertido en banquero. Según recoge Arnau Company, en el número 82 de Cort, correspondiente a finales de mayo y comienzo de junio de 1976, se publicaba una carta de José Carlos Llop y Guillem Soler, en la que anunciaban su baja como suscriptores, al haberse enterado, por una noticia de la agencia Alfil, de que “el banquero Jordi Pujol compra la mayoría de acciones de esta revista”. Esto suponía, entendían, que un medio explícitamente mallorquín quedaba “relegado” a un plan de inversión “por parte de fuera”.

En ese mismo número, una nota de la redacción aclaraba que “el señor Jordi Pujol, a pesar de lo aireado por la prensa, no ha comprado una sola acción de Cort” y calificaba de “bola” aquel rumor. Lo cierto es que sí que había habido contactos con Pujol por parte de los propietarios, vinculados al Partido Socialista de las Islas, que sería después el Partido Socialista de Mallorca (PSM). Pero no habían llegado a un acuerdo.

Pujol ya había entrado en el mundo de los medios de comunicación con la adquisición de la revista Destino, cuya dirección encomendó a un mallorquín: Baltasar Porcel. El escritor, por cierto, tuvo que mostrar la puerta de salida a Josep Pla, porque este se empeñaba en redactar elogios a la dictadura portuguesa, cuando ya se había producido la Revolución de los Claveles de 1974. Según Gregori Mir, Josep Melià también participaba en la gestión de la revista. Años más tarde, Pujol calificaría de “error” haberse metido en aquel lío.

Hacia 1977, Jordi Pujol y Convergencia se habían convertido en el referente del nacionalismo catalán. Entonces, declaraba a Baltasar Porcel, en referencia al resto de Países Catalanes: “Nosotros estamos a favor de la autonomía para los valencianos y para los baleares. Si después, como sería nuestro deseo, quieren ligarla con la de Cataluña, escucha, perfecto. Si no, nada, ellos tienen la palabra”. Solo le faltaba añadir “con su pan se lo coman”. Si bien en 1998 participó en un Encuentro Nacionalista en Mallorca y afirmó que “somos un solo pueblo”, en sus memorias reitera: “La unidad cultural de los Países Catalanes no tiene, a mi entender, una traducción política de carácter institucional”.

No todo el mundo miraba con simpatía a Jordi Pujol, desde el nacionalismo isleño. Al presentarse en marzo de 1977 una propuesta de estatuto de autonomía en el santuario de Cura, Josep Maria Llompart quiso dejar bien claro que “los Países Catalanes no son un concepto inventado por Jordi Pujol y la oligarquía financiera, porque las oligarquías no tienen nacionalidad”. ¿Banquero y patriota? Nunca podía ser.

El modelo de Gabriel Cañellas

Pero Pujol puso dinero sobre la mesa, lo que fue una forma rotunda de apostar por un nacionalismo isleño, para la campaña a las elecciones de 1977 de Unió Autonomista (UA), la candidatura encabezada por Josep Melià. Y no poco: medio millón de pesetas de la época, al que había que añadir un crédito de un millón más de Banca Catalana. No obtuvo representación, así que aquello fue otro fracaso de una posible extensión convergente hacia las Islas.

Quien sí se apuntó a CDC en 1978 como afiliado, y aún mantenía la militancia hacia 2008, fue el expresidente de la Obra Cultural Balear Climent Garau, frustrado candidato a senador por aquella formación autonomista. Lo hizo porque se fiaba, decía, “de la ética civil de Jordi Pujol”. Si bien reconocía que “como militante de este partido, estando en las Islas, poco podría hacer”.

Al ganar Convergència i Unió en 1980 las primeras elecciones autonómicas catalanas desde la Guerra Civil, contra todo pronóstico, se confió un área tan clave como la política lingüística a una menorquina: Aina Moll, a quien él califica de “muy convergente”, es decir, cercana en posición política. “Pujol me dijo: haz todo lo que puedas, pero con la máxima colaboración con todos”, recordaba ella en una entrevista. Un ibicenco, Isidor Marí, fue designado jefe del Servicio de Asesoramiento Lingüístico y después sería, aún en la etapa Pujol, subdirector general de Política Lingüística.

Más que en esta área, los pocos contactos de Isidor Marí con Pujol los tuvo a través de la Fundació Acta, un colectivo de intelectuales. Se suponía que le debían exponer sus opiniones: “Pero fue él quien nos quería transmitir sus opiniones a nosotros”, recuerda ahora. “Era una persona bien formada, con capacidad intelectual y de liderazgo. Eso era su virtud y su problema: le daba un exceso de confianza y una cierta tendencia a no ser muy autocrítico”.

e información del Archivo de Imagen y Sonido Municipal de Ibiza (AISME)

Según Gabriel Cañellas, en una larga entrevista con Jaume Sastre, Pujol –el exmandatario se refiere a él como ‘don Jordi’– “tenía una gran influencia” sobre Jeroni Albertí, que fue líder de Unión de Centro Democrático (UCD) en las Illes y presidente de la preautonomía, bien al servirle como referente, bien al “tener un poder real sobre él”.

La Unió Mallorquina que creó Albertí aceptó en 1986 añadirse a la ‘Operación Roca’, aquella extraña iniciativa por la cual el segundo de Pujol, Miquel Roca, aspiraba a la presidencia del gobierno estatal. Fue otro fracaso. La cooperación de los convergentes con alguna fuerza política de las Illes se llevaría a cabo sucesivamente en ámbitos quizá no tan arriesgados, como las elecciones europeas con el Partit Socialista de Mallorca y Esquerra Nacionalista i Ecologista d’Eivissa.

Jordi Pujol, en una visita a Mallorca, con Jeroni Albertí.

No solo Albertí, sino el mismo Cañellas lo reconoce: “Lo imité mucho”, a ‘don’ Jordi, ‘en sus maneras de hablar y de hacer política’”. Es decir, aquel estilo cercano, despreocupado, con alguna broma por medio. Cañellas quería hacer también como él al dar el relevo a un consejero destacado, como Pujol con Artur Mas. Después, a uno y a otro, las cosas se les fueron complicando. Fueron todos dos, con sus luces y sus sombras, referentes esenciales en aquellas autonomías que justo empezaban a ponerse en marcha.

La irresistible atracción del modelo convergente

“¿Por qué no se ha consolidado en Baleares una fuerza de centro hegemónica, como lo fue Convergència i Unió en Cataluña?”, se pregunta Josep Melià Ques. Obviamente, hay muchas causas. Lo cierto es que el modelo convergente, incluso su propio nombre, que expresa la idea de acuerdo, de entendimiento, ha ejercido una poderosa atracción sobre la política mallorquina prácticamente hasta nuestros días. Ya en marzo de 1976, a principios de la Transición, un grupo de destacados profesionales de las Baleares constituyeron Concurrència Democràtica Balear (Codeba): una semejanza con Convergència, creada solo dos años antes, que no podía ser casualidad. Son unas cuantas las formaciones mallorquinas que han utilizado el término ‘convergencia’ para su denominación. Fue pionera Convergència Poblera, ya en las elecciones municipales de 1979. La han seguido Convergència Alcudienca Independent, Convergència de Manacor, Convergència Porrerenca, Convergència Democràtica Murera, Convergència del Municipi de Santanyí, Convergència Campanera y Unió de Convergències en Manacor, Son Servera y Sant Llorenç. A escala autonómica hubo una Convergència Balear de breve trayectoria en los años noventa.

Información elaborada a partir de textos de Arnau Company y Matas, David Ginard y Ferón, Antoni Marimon Riutort, Jaume Mateu y Martí, Miquel Payeras, Jaume Sastre, Juan Pedro Bover Sánchez, Gregori Mir, Llorenç Carrió Crespí, Catalina Amer Ballester, Baltasar Porcel, Vicenç Villatoro, Josep Melià Ques y el mismo Jordi Pujol, además de publicaciones en Última Hora, Diari de Balears y El Mundo/El Día de Baleares y información del Archivo de Imagen y Sonido Municipal de Ibiza (AISME)

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