Editorial

Mallorca Live: la cultura no puede ser una excusa

Imagen del Mallorca Live Festival 2025.
ARA Balears
29/05/2026
2 min

La inversión pública en cultura no sólo es legítima, es necesaria. Ningún país ni ninguna sociedad con una mínima ambición colectiva puede dejar la cultura exclusivamente en manos del mercado. El apoyo institucional a proyectos culturales sirve para garantizar pluralidad, acceso, cohesión social y proyección exterior. Pero precisamente porque los recursos públicos son limitados y provienen de toda la ciudadanía, la inversión debe responder a criterios de proporcionalidad, transparencia e interés general. Es aquí donde el caso del Mallorca Live dispara las alarmas.

El entramado de empresas formado alrededor del festival, que volverá a celebrarse del 12 al 14 de junio, ha recibido casi 3,5 millones de euros de las instituciones en sólo cinco años. Una cifra elevada que aún lo es más cuando se sabe que es sólo un poco menos que lo que ha recibido en el doble de tiempo –10 años– la promotora de un festival de referencia internacional como el Primavera Sound de Barcelona (3,9 millones). La similitud es difícil de justificar. El Primavera Sound ha construido una identidad cultural sólida, un cartel pionero y una marca reconocida en todo el mundo. El 65% del público es internacional y un 10% llega del resto del Estado. Es un festival que mueve mucha gente.

El Mallorca Live tiene mucha asistencia, pero apenas ha conseguido atraer un 15% de público de fuera de la isla. Si la ayuda de la Agencia de Estrategia Turística de las Illes (AETIB) pretende impulsar el turismo de festivales –una apuesta que también merece debate en una isla sometida a una enorme presión turística–, la fórmula no funciona. Llenar una explanada de gente durante tres días no basta para convertir un festival en un proyecto estratégico.

En todo caso, las prioridades políticas hace tiempo que quedaron claras. No es casual que tanto el Govern como el Ajuntament de Palma, desde que los gobierna el PP, integren turismo, cultura y deportes, en este orden, dentro de una misma conselleria y regiduría. Tampoco es casual que el Mallorca Live se promocione en las principales ferias turísticas internacionales. El apoyo público no es tanto una apuesta cultural como estrategia de marketing turístico.

Además, la comparación con el Mobofest es reveladora. Después de una década trabajando por la música de proximidad y por una cultura arraigada en la isla, el festival ha anunciado que cierra. Un proyecto impulsado por gente joven al cual, en comparación, se han inyectado cantidades ínfimas de dinero público. Cuestión de prioridades. Si el Gobierno quiere declarar el Mallorca Live proyecto estratégico, que lo haga. Pero entonces también debería exigir contraprestaciones culturales reales: apoyo a la creación local, espacios no residuales para los artistas isleños y transparencia sobre el destino de los recursos públicos. Porque la cultura necesita inversión pública. Lo que no necesita es convertirse en una simple excusa para continuar alimentando la maquinaria turística.

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