Bienvenida la limitación de coches, pero no basta
PalmaLa regulación de la entrada de vehículos a Mallorca recién aprobada por el Consell, siguiendo las que hicieron Formentera e Ibiza, es una buena noticia. Puede parecer una afirmación obvia, pero no lo es teniendo en cuenta que hace años que la saturación ocupa titulares, estudios, debates políticos y conversaciones de calle, y, a pesar de ello, las medidas efectivas para ponerle límites han sido muy escasas. Por eso es justo reconocer el valor de una iniciativa que ha conseguido, además, un amplio apoyo político, con la única oposición de Vox.
Mallorca necesita límites, las Islas los necesitan, porque en la mayor parte del territorio la sensación de saturación hace tiempo que ha dejado de ser una sensación para convertirse en una evidencia. Las carreteras colapsadas son solo una de las expresiones más visibles, pero no la única. Hay masificación en el mar, en los espacios naturales, en los aeropuertos y en las calles. Cualquier medida que contribuya a reducir la presión es, en principio, bienvenida.
Ahora bien, conviene no engañarse. La limitación de los coches que llegan de fuera no resolverá por sí sola el problema. Mallorca recibió el año pasado cerca de 400.000 vehículos por sus puertos, una cifra muy elevada. Pero también es cierto que Baleares es de las comunidades con más coches por habitante del Estado, casi uno por residente, en una tendencia creciente. Lo decimos porque a veces nos resulta cómodo atribuir todos los males al turismo. Y es cierto que buena parte de la presión que soportan las Islas está relacionada directa o indirectamente. También lo es que la expansión del alquiler turístico ha multiplicado los desplazamientos en coche. Pero los datos obligan a mirarnos también al espejo: el 81% de los desplazamientos entre municipios los hacen residentes, y las vías más congestionadas de Mallorca coinciden, sobre todo, con los principales corredores laborales y residenciales. En otras palabras, una parte significativa del problema la generamos los isleños. Durante décadas hemos construido unas islas cada vez más dependientes del vehículo privado, mientras el transporte público avanzaba a un ritmo insuficiente.
La regulación impulsada por el Consell de Mallorca es necesaria. Como también lo será continuar discutiendo sobre otros límites que hasta ahora han sido tabú. Pero si realmente queremos unas islas menos congestionadas, más habitables y más sostenibles, harán falta cambios más profundos. Habrá que invertir más en transporte público, hacerlo más eficiente y atractivo, y asumir que no todos los desplazamientos de los residentes deben hacerse en coche. Ahora bien, el esfuerzo que se pide a los ciudadanos debe tener como finalidad reducir la presión sobre el territorio, las emisiones y la congestión. No se trata de dejar espacio libre para que el sistema continúe creciendo sin restricciones. Se trata, precisamente, de aprender que los límites son necesarios para todos.