El pasado agrícola olvidado de Son Gotleu

Durante el 'boom' turístico de los años 60, la llegada de trabajadores de la Part Forana y de la Península convertiría en un barrio dormitorio la ruralidad del extrarradio del Levante de Palma. Ahora una exposición da voz a los testimonios de aquella transformación.

Foto aérea de Son Gotleu.
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PalmaEntre 1960 y 1980, en solo dos décadas, la población en Palma se duplicó. Pasó de 150.000 habitantes a 300.000. El boom turístico, con epicentro en El Arenal, convirtió la capital balear en una especie de tierra prometida no solo para peninsulares, sobre todo de Andalucía y Murcia, sino también para familias de la Part Forana, que huían de la dureza del campo. Uno de los barrios del extrarradio que de repente fue colonizado fue Son Gotleu, situado en el distrito de Llevant, entre la calle Aragón y La Soledad. Su transformación se puede seguir en la exposición Son Gotleu, más allá del titular. Los orígenes de un barrio de acogida (1960-1980). Hasta la segunda semana de junio estará en el ambulatorio del barrio y después se trasladará al centro Mater. Es un proyecto de Palma XXI y Arquitectives, coordinado por la historiadora de Pollença Leyla Dworkin con el apoyo de Caixa Colonya y Fundación Iniciatives del Mediterrani.

Hoy Son Gotleu es el tercer barrio con más densidad de población de Palma, con cerca de 11.000 habitantes. Debe el nombre a una antigua posesión de la zona. En el actual camino de Son Gotleu todavía se pueden ver casas construidas en los años 50 con aires rurales. Son plantas bajas, con un jardín en la parte posterior. Cati Jordà Ramis, de 53 años, tuvo tiempo de conocer aquel pasado agrícola. “Yo –dice– soy la cuarta de ocho hermanos. Mi padre es de Sineu y mi madre, de Llubí. En 1966, él, a 24 años, vino a Palma a hacer de taxista. Lo hizo animado por unos familiares que ya llevaban un taxi. Al cabo de tres años, con lo que había ganado, ya pudo comprar un piso en Son Fortesa, donde se instaló con mi madre y los hijos. A Son Gotleu, a un kilómetro de distancia, iban mucho. Mis padrinos maternos hacían de masoveros en la posesión de Ses Sorts, donde hoy está el polideportivo Hermanos Escales. A principios de los 80, al morir el abuelo, ya nos instalamos toda la familia. Al acabar la década, cuando nos expropiaron la finca, tuvimos que volver al piso de Son Fortesa”.

Jordà siente nostalgia por su infancia en Ses Sorts, que a partir de 1973 vería construir delante la vía de cintura, allí donde antes pasaba el tren que iba a Llucmajor y a Santanyí. “Los ocho hermanos nadábamos en el lavadero. Ayudábamos a sembrar en la huerta y a criar animales. Nos venían a comprar vecinos de Son Gotleu y del Rafal. Recuerdo vender muchos conejos vivos que desollábamos al momento. En Navidad las cerdas triunfaban. Los que también hacían de vendedores eran los dueños de la posesión La Rafalera, donde se construiría el actual ambulatorio”. A finales de los 70, la nueva realidad demográfica del barrio era más que evidente. “Nos venían a comprar muchos peninsulares. Estaban encantados de poder adquirir productos de la tierra como los que tenían en sus pueblos natales”.

Primeras viviendas

En Son Gotleu, las primeras viviendas de protección oficial comenzaron a levantarse en 1962. Situadas entre la actual calle de Indalecio Prieto y la plaza de Orson Welles, serían conocidas como ‘los edificios blancos’. Eran pisos integrados en 19 bloques aislados, en forma de caja, de cinco plantas. Estaban en sintonía con el modelo desarrollista de la época, que contrastaba con la arquitectura de casas en planta baja de toda la vida. El mismo modelo se implantaría en otros barrios del extrarradio de Palma con una fuerte afluencia de trabajadores llegados de la Península. Fue el caso de la Indiotería, en el polígono de Son Castelló, y Son Roca y Son Ximelis, en el distrito de Ponent. En la década de los 50, Antoni Roca Cabanellas, el arquitecto del monumento fascista de la Feixina (1947), ya había construido pisos subvencionados en Corea (1955), en el Camp Redó, y en Verge de Lluc (1957), en el límite con Marratxí.

Monjas de Mater ayudando en las obras, 1964. Foto de Mater Misericordia

Nacida ya en Son Gotleu es Antònia Amengual Vidal, de 56 años. “Mis padres –asegura– eran de Llucmajor. Él hacía de guardia civil y en 1967 lo destinaron a Palma. Entonces supieron que se estaban construyendo unas fincas con todo tipo de comodidades en un barrio que no paraba de crecer. Compraron un piso sobre planos. Al estrenarlo, mi madre quedó fascinada. Antes mi padre había estado destinado a la Colonia de Sant Pere, donde vivían en una casa que no tenía ni electricidad ni agua”. Los progenitores de Amengual eran totalmente monolingües. “El castellano lo aprendieron aquí, en contacto con los peninsulares. Con todo, la mayoría de vecinos de la finca eran mallorquines como ellos que habían dejado la Part Forana con la idea de dar un mejor futuro a sus hijos. A finales de los 70, ante el incremento de la conflictividad, vendieron el piso para comprar otro en el barrio de al lado, Pere Garau”.

De la degradación de Son Gotleu no se temía Jordà. “Yo iba por todas partes muy tranquila, al horno, al quiosco de los helados, a la papelería... Conocía a todo el mundo. Nunca tuve la sensación de inseguridad ni vi nada de droga. Sentía, sin embargo, gente que se quejaba de que por la noche no podía dormir por culpa de los ruidos y de algún incidente que había”. En aquellos años, las calles estaban llenas de comercios regentados por mallorquines: Ca na Bel, Joieria Fortuny, Ferreteria Payeras, la mercería Ca na Paquita y el bar Ca sa Sinevera, un nombre que delataba el origen de los propietarios.

Mater Misericordiae

La parroquia de Corpus Christi, levantada en 1967, sería el alma de Son Gotleu. Lo explica Leyla Dworkin, la responsable de reconstruir la memoria del barrio con testimonios como Jordà y Amengual: “La iglesia dio cobijo a diferentes iniciativas culturales y sociales. Destacaron L’Infant Club Son Gotleu, el Iris Club y el grupo excursionista l’Orfe Club. También se crearía el Centro de Promoción Femenina. Y en el ámbito deportivo se fundarían equipos de fútbol como el CE Son Gotleu”.

Posesión de Ses Sorts, años 70. Al fondo se ve el colegio Sant Josep Obrer.

En 1964 las monjas franciscanas de la Misericordia inauguraban en Son Gotleu su primer centro Mater Misericordiae con voluntad de atender a niñas con necesidades especiales –entonces Sant Joan de Déu solo atendía a niños. En 1968 abría el Cine Novedades, con una capacidad para 400 personas –muy recordadas fueron las sesiones dedicadas a películas de François Truffaut. En 1982, después de catorce años de vida, se acabó la fantasía y el edificio pasó a acoger una oficina de la Obra social y cultural de Sa Nostra. Actualmente, es la sede de la Associació de Gent Gran.

En 1972 el barrio tuvo la primera escuela pública, el CEIP Joan Capó, cerca de la neurálgica plaza de Fra Joan Alcina. Hasta entonces los niños iban mayoritariamente a los centros concertados de La Milagrosa, en Son Canals, y a Corpus Christi. La oferta pública se ampliaría con el CEIP Gabriel Vallseca (1975), el CEIP Es Pont (1988) y el IES Josep Sureda i Blanes (1990). Entre estos dos últimos centros está el parque de Joanot Colom, presidido desde 2003 por una gran estatua de bronce del principal líder de la revuelta de las Germanies del siglo XVI.

La revista Eco Viu haría de altavoz de aquel frenético desarrollo. Se editaba bimensualmente y llegó a tener un tiraje de 500 ejemplares. Incluía cartas de los lectores, viñetas humorísticas, recortes de prensa y un apartado sobre el origen del nombre de las calles titulado Conozca su calle. “En sus orígenes –apunta Dworkin– sirvió sobre todo para denunciar los problemas que afectaban a la población de Son Gotleu y para presentar a la vez propuestas de mejora. Se reivindicaba la instalación de un alcantarillado, de contadores de agua individuales, la pavimentación de las calles y la construcción de escuelas, zonas verdes, pistas deportivas y espacios de juego para los niños”.

Contra el estigma

En 1977, en plena Transición, se legalizó la Asociación de vecinos de Son Gotleu. En 1993, se crearía otra, la de Orson Welles, liderada por el combativo activista Ginés Quiñonero (1935-2022), conocido como ‘la voz de Son Gotleu’. La entidad tomaba el nombre de la plaza del barrio, situada en los terrenos de la antigua posesión de Son Negre, que corría el riesgo de ser urbanizada. En 1985 se haría realidad una de las grandes reivindicaciones vecinales: un centro de salud. Se levantó sobre los terrenos de la antigua posesión de La Rafalera. “A partir de los años 90 –afirma Dworkin–, la creciente demanda de mano de obra motivó la llegada de migrantes extracomunitarios, sobre todo de Nigeria, Senegal y el Magreb. Se instalaron en Son Gotleu porque era donde había casas más baratas. Y aún pasa. El Ayuntamiento, sin embargo, lo tiene totalmente abandonado. Hoy el sentimiento de pertenencia al barrio es frágil porque la gente apenas puede sobrevivir, llegar a fin de mes”.

Dos niños en Son Gotleu.

En 2003, para gestionar las necesidades de tanta multiculturalidad, se creó la Plataforma de entidades y servicios de Son Gotleu. “Hacen –dice la investigadora– un trabajo de hormigas para combatir el estigma de barrio conflictivo. Todo su buen trabajo, sin embargo, queda dinamitado cuando sale en los diarios la noticia de alguna pelea”. Cati Jordà y Antònia Amengual, dos de las vecinas históricas de Son Gotleu, continúan vinculadas como educadoras ocupacionales en el centro Mater. Amengual ve en el barrio una nueva transformación del todo sorprendente: “Cerca del ambulatorio, pegado a la vía de cintura, están construyendo fincas con piscina”. El servicio de autobuses de la EMT ofrece otro contraste. La línea 7 une Son Gotleu con el lujoso barrio de Son Vida.

Semillero de músicos

De Son Gotleu han salido grandes artistas. Ya en los años 70 aparecieron en el barrio un montón de agrupaciones que ofrecían formación musical a los vecinos. Una de las primeras fue la Banda de s’Almudaina, fundada en 1977 en la parroquia de Corpus Christi. Creció tanto que en 1995 se convirtió en la más numerosa de Mallorca, con 72 miembros. El batería Mané Capilla Fernández, de 64 años, se siente deudor de ella. Multipremiado en el concurso Pop Rock de Palma, ahora forma parte del grupo Clara Ingold & The Silver. Con anterioridad tocó para Furnisch Time, Trazom Tzara, Wonkhï Palma, Sunflowers y Rock&Press. En 2024 protagonizó el documental Pinceles y baquetas.Capilla es el noveno de nueve hermanos. Forma parte de la primera generación de peninsulares que se establecieron en Son Gotleu durante el boom turístico. Llegó en 1968, con seis años, con los padres, procedente de Granada. El padre trabajaría de picapedrero, y la madre, de limpiadora. Toda la familia tuvo que vivir en un piso de 110 m2, de cuatro habitaciones y dos baños. “Yo –dice– tuve una infancia feliz. En una época en la que la escuela todavía era en castellano, aprendí el catalán en la calle, jugando al fútbol con hijos de mallorquines. También nos juntábamos con críos de etnia gitana. La convivencia era buena”. A partir de los 80 el barrio sucumbiría a la pandemia de la heroína. “Un hermano mío se enganchó y acabó muriendo de sida”.Son Gotleu no tuvo una escuela pública hasta 1972, el CEIP Joan Capó. “Yo –dice Capilla– todavía tuve que ir a la de Son Canals. Coincidí allí con algunos de los hermanos Balboa. Fueron los primeros africanos que vi en el barrio”. Los Balboa eran siete y procedían de Guinea Ecuatorial, que fue colonia española hasta 1968. En 1969 el padre, el poeta y político Juan Balboa Boneke, se vio obligado a exiliarse del país africano con la familia, huyendo de la represión. De los hijos, quien ha destacado en el mundo del canto es Concha Buika, nacida en 1972. Su música está influenciada por la cultura gitana y flamenca que conoció en el barrio palmesano. Sus hermanos Amando y Boré Buika se han decantado por la interpretación y Guillem (Balboa), el mayor, por la política –en 2017, a 52 años, sería el primer alcalde negro de las Baleares, de Alaró, por MÉS.Ligados a la rumba de Concha Buika hay otros cantantes criados en Son Gotleu como Azuquita (Pedro Bermúdez), fallecido en 2025 a 47 años, y el percusionista Benji Habichuela. En cuanto al rap y al hip-hop destacan los cantantes Maik Marel y Magno Palacios y el grupo Los Talegueros. La voz, sin embargo, más potente de este estilo es Rels B. Nacido en 1993 con el nombre de Daniel Heredia Vidal, se ha convertido en uno de los máximos exponentes de la música urbana en español a escala global. En 2018 el palmesano repasaría sus orígenes humildes en el documental Gracias desde Son Gotleu. De diferente registro es Toni Pastor, que ha tocado el laúd en formaciones como Daniel y la Quartet de Baño Band y Música Nostra. También ha colaborado con Marta Elka y Joan Miquel Oliver.

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