07/06/2026
Jefe de redacción
2 min

PalmaEn el último festival de Málaga, los periodistas preguntaron a una influencer invitada por la organización que recomendara algún título. “¿Una película? ¿Qué rollo?”, respondió ella a los reporteros y a los dos millones de seguidores que tiene. Todo esto en la alfombra roja de un festival de cine.

Directores y actores reclamaron que no se invitara a intrusos a estos actos. El problema no es que asistan, sino que los periodistas les otorguen una entidad que solo tienen para los fotógrafos. Siempre ha existido una aristocracia ornamental del espectáculo. Ojete Calor inventó un término perfecto para designarla: ‘mocatriu’, un híbrido de modelo, cantante y actriz. Y de estas ha habido en las galas de los Goya, por ejemplo, desde sus inicios. Misses que presentaban galas producidas por José Luis Moreno y que ejercían como mujer florero del brazo de empresarios o, con suerte, con entidad propia. Cuando alguien osó darles un micro, nos regalaron perlas de la cultura pop como aquello de “estar en el candelabro”, de Sofía Mazagatos, y no sé si fue ella u otra mocatriu la que juró haberse leído los tres volúmenes de El señor de los anillos.

Las mocatrius y sus equivalentes masculinos (pseudoactores hipermusculados necesitados de logopeda) son la sal de los actos; la feria de las vanidades tronada que antes llenaba revistas del corazón y ahora, reels estúpidos.

Leo fascinado polémicas de creadoras de contenidos que no conozco y de las cuales no he visto nunca ningún vídeo. Me gusta la idea de que existan solo por escrito para poder imaginarlas a partir de un relato. La última es una tal Lola Lolita, cabreada porque, según denuncia, otra chica le habría robado el sitio en La caseta de Bad Bunny, el escenario VIP que recrea una construcción humilde y colorista de Puerto Rico donde famosos de primera y quinta categoría se mueven en los conciertos del artista más global de esta época. La alfombra sin alfombra más cotizada del momento.

La que sí que tenía el sitio en primera fila, a tocar de cámara para perrear, se defendió como una aspirante a Showgirls: “Está frustrada porque no ha podido estar delante para ser grabada”. Y añadió: “Yo no vivo en España, vivo en Suiza. Las famosas de España no las conozco tampoco, así que no tenía ni idea de quién era esta chica”. Glorioso. No saben de cine, ni falta que les hace. Larga vida a las mocatrius.

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