23/05/2026
Director del ARA Balears
2 min

PalmaEste martes asistiremos previsiblemente a la aprobación de la ley de proyectos estratégicos. Teóricamente, una normativa que pretendía hacer sencillo y fácil que las iniciativas ciudadanas, y sobre todo empresariales, puedan conseguir recursos y permisos de manera rápida para no perder oportunidades. Como sociedad, se puede estar en desacuerdo con el cómo, pero el objetivo es viable. Quien tenga un buen proyecto, que se le abran puertas.

Ahora, lo que más nos debería preocupar es que realmente lo único que acelerará esta ley es el caos normativo. Las más de 70 enmiendas introducidas principalmente por el PP y también por Vox afectan a decenas de leyes que no tienen nada que ver con los proyectos estratégicos. Y ya sé que lo han hecho también las mayorías de izquierdas. ¿Y qué?

Es una barbaridad, una actuación antidemocrática y una perversión del sistema utilizar una ley como vehículo normativo para cambiar medio ordenamiento jurídico. Si se quiere recortar (más) el catalán, si se quieren rebajar normativas ambientales, o si se intenta rebajar el nivel exigido por los psicólogos clínicos para, falsamente, asegurar que se ha acabado con un problema, hay que ser valientes y hacer proyectos de ley específicos. ¿Y por qué? Porque esta es la manera prevista para las normas que rigen esta y todas las comunidades. El Gobierno hace un proyecto de ley, lo somete a exposición pública, los grupos opinan, enmiendan y sale un resultado participado por la sociedad. No un gol por la puerta de atrás.

No tener una mayoría parlamentaria suficiente, y que quien te la dé sea Vox, ciertamente, es incómodo. Pero esto no justifica que cuando te abre la puerta, introduzcas toda clase de normas sin el debate al que tenemos derecho como sociedad.

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