Exaltaciones Gabriel Caballero
Parecía que Julià de Jòdar había abjurado pasolinianamente de la escritura después de la colosal e inclasificable novelaza El desertor en el campo de batalla en Proa. Pero volvió. ¡Y qué regreso! Todo gracias a la delicada insistencia del equipo de la Editorial Comanegra, que le invitó a perpetrar Los vulnerables, precuela de la magna trilogía El azar y las sombras, que continuó removiendo la cola con el orsonwellesiano volumen La casa tapiada. Por tanto, no era un tríptico sino toda una saga, que ahora se ensancha, para nuestra felicidad, con Las noches en blanco. Sin embargo, durante este tiempo de espera, la pluma de Julià de Jòdar ha continuado revolviéndose, y lo ha hecho con dos volúmenes destacables: Variaciones Gabriel Caballero en Puente del petróleo (las muestras más destacadas de su psicogeografía badalonesa) en El rumor de los confines a Ensiola (recopilación de una veintena de artículos literarios de altos vuelos). Por no hablar del volumen colectivo, coordinado y editado por Júlia Ojeda, que vio la luz en Lleonard Muntaner, Editor: La forja de los días. Aproximaciones críticas a la obra de Julià de Jòdar. Poca broma.
Las noches en blanco pide una lectura activa, participativa. La narración –bellamente escrita con fulgores de estilo rococó– se ve ampliada a partir de diálogos metanarrativos –que comentan la jugada– y de una variada amalgama de textos que ofrecen un riquísimo abanico textual. ¿El objetivo? Crear un sublime tsunami de voces, de perspectivas, de puntos de vista, de posibilidades de interpretación. Todo ello para poner en duda al autor (¿está vivo o no?), la voz narradora (¿quién demonios nos está vendiendo el pez?), la historia (¿pasó o no pasó así?) y la reinvención literaria de los hechos (y ahí es cuando todos y cada uno de los engranajes del vasto universo Julián de Jódar van asomándose a un fascinante multiverso tan literario. A través del huracán de páginas extraordinarias, somos testigos del periplo del gran personaje de jodariano, Gabriel Caballero, entre los ochenta y primeros años dos mil, es decir, un compendio de ilusiones, enamoramientos, pasos, fracasos, éxitos y metamorfosis camaleónicas en medio de un portentoso amor melo. ¿El resultado? Una nueva obra prodigiosa.
Y, además, disfrutamos de la certeza de que la saga continúa, y continuará, con un título que ya se había anunciado y que vuelve a asomarse: La resurrección de la carne. No me hace falta explicitar que el espero con candelas. Ya que estoy, y como venimos del magnífico monográfico dedicado a Biel Mesquida, ¿cuándo empezaremos a organizarnos para consagrar congreso y fiesta a uno de nuestros mejores autores como es Julià de Jòdar? Pues yo me apunto al bombardeo. Mientras, (re)leemos Las noches en blanco y toda la obra de este titán llamado Julià de Jòdar. Viva y avance!