El nuevo Bachillerato de Excelencia, a debate: "Los centros competirán por meter alumnos"
El Gobierno presenta el programa como una apuesta por el talento académico, pero la comunidad educativa ve riesgo de segregación escolar y un ataque a la escuela inclusiva
PalmaSeparar a los alumnos con las mejores notas del resto de alumnado para crear un itinerario de Bachillerato de Excelencia. Es la apuesta de la Consejería de Educación y Universidades para el curso 2026-2027 que ha encendido las alarmas entre pedagogos, docentes y familias, que ven en ello un nuevo paso hacia la segregación educativa y un modelo que cuestiona la idea de educación inclusiva impulsada en los últimos años. "Los alumnos ‘excelentes’ deben convivir con el resto, porque la sociedad es así: diversa”, resume Joan Jordi Muntaner, doctor en Pedagogía por la UIB. “El contacto, la relación y el intercambio con gente diversa enriquece, porque los ‘buenos’ son un modelo para el resto. Agrupar alumnos solo porque tienen un rendimiento muy alto, ¿es este el único objetivo?”, se pregunta. Con este Bachillerato llega una nueva forma de segregación del alumnado, que se suma a la lingüística y a la que se producirá con la implantación de la zona única en la mayoría de los municipios de Baleares.
El nuevo programa comenzará con 130 plazas repartidas entre Mallorca, Menorca y Ibiza. El nuevo IES Llorenç Villalonga que se instalará en Sa Riera concentrará la mayor parte de la oferta con 70 plazas y dos líneas de primer de Bachillerato. En Menorca se dispondrá de un aula de excelencia con 30 plazas, y en Ibiza otra, también con 30 plazas.
La Conselleria defiende el proyecto como una respuesta para estimular el talento y el esfuerzo y ofrecer una formación más profunda al alumnado con mejor rendimiento, pero cuando le piden por el apoyo que tiene el Gobierno para impulsarlo, la institución cuestiona que se necesite el apoyo de alguien. El decreto establece una metodología basada en la investigación, la reflexión crítica y el trabajo autónomo, con prácticas de laboratorio, elaboración de ensayos y un entorno similar al de la enseñanza superior. En esta primera fase se podrán cursar las modalidades de Ciencias y Tecnología, y Humanidades y Ciencias Sociales, con la previsión de incorporar más adelante la modalidad de Artes. Se prevé que los jóvenes puedan cursar dos itinerarios a la vez. La comunidad de Madrid, Aragón y Castilla y León, entre otras autonomías, tienen programas más o menos parecidos. El Programa de Excelencia en Bachillerato de Isabel Ayuso es, en todo caso, el más parecido al que impulsan las Baleares.
Conocimiento y competición
Hay estudiantes brillantes que ven oportunidades reales. Fèlix Coll, exalumno del IES Biel Martí de Ferreries y una de las mejores notas de la selectividad del 2025, con un 9,35 sin ponderar, considera que el programa puede ser “una buena idea, sobre todo en cuanto a aprender y ampliar conocimientos”. “Tener la opción de profundizar en las asignaturas, hacer prácticas de laboratorio y tener la posibilidad de cursar una doble modalidad es una oportunidad que enriquece mucho y que puede abrir más puertas con vistas al futuro universitario”, afirma. “A mí me habría gustado tener una opción así”, dice.
Ahora bien, el mismo estudiante también introduce matices. “El Bachillerato, y sobre todo segundo, ya es una etapa muy intensa”, advierte. “Si quieres sacar notas altas para entrar en la carrera que deseas hacer, la presión ya es enorme”. Por eso, duda de cómo encajará el aumento de exigencia con la competición por las notas de corte. “No tengo muy claro si añadir más contenidos y más exigencia ayudaría realmente a subir las notas o si, incluso, podría generar todavía más estrés a los alumnos”, dice.
La filosofía del programa divide a la comunidad educativa. “Es una idea antigua y conservadora, que parte de la idea de que ‘los buenos con los buenos funcionan mejor’, cosa que no necesariamente es cierta”, afirma Muntaner. “El enriquecimiento real viene del contacto con personas diversas”. El pedagogo cuestiona incluso la necesidad de un itinerario separado. “Estos alumnos ya han demostrado capacidad cognitiva y de trabajo. Si durante la ESO ya han mostrado competencias excelentes, no hace falta un tratamiento especial. También serán excelentes más adelante. La profundización se debe hacer en la universidad, no en Bachillerato”, sentencia.
Los premiados y las mejores notas
El sistema de acceso al programa establece un filtro claro. Tendrán prioridad los alumnos que ganen los nuevos premios Extraordinarios de ESO, una convocatoria que la Conselleria impulsa por primera vez. Las pruebas se hacen el 28 de mayo e incluirán cuatro exámenes: matemáticas, inglés, comentario histórico en catalán y comentario científico en castellano. Para presentarse, habrá que haber cursado toda la ESO en el estado español, estar matriculado en cuarto de ESO en las Baleares y tener una nota mínima de 9,35 en tercero de ESO. Los ocho mejores alumnos recibirán 500 euros. Después de los premiados, podrán acceder los alumnos que hayan obtenido al menos un 8 en las pruebas, y finalmente los que tengan una media mínima de 8 en cuarto de ESO.
En las Pitiusas, el debate incorpora una dimensión territorial. Francisco Tienda, director del IES Quartó de Portmany y presidente de la Asociación de directores de Enseñanza Secundaria y Régimen Especial de las Pitiusas, explica que ya han recibido consultas de familias interesadas en los premios Extraordinarios y en el nuevo itinerario. “Les hemos explicado que está pensado para alumnado con un expediente académico alto y que trabajarán con metodologías más propias de la universidad. Pero, cuando han visto que esto implica ir a otro centro, no les ha gustado mucho”, cuenta.
El debate llega en un momento especialmente complejo para la educación pública, con ratios elevadas y falta estructural de recursos
Las críticas se extienden más allá del criterio académico y apuntan a un efecto estructural: la reproducción de desigualdades. “¿Qué alumnado podrá acceder a estas notas? ¿Qué entorno sociofamiliar facilita realmente alcanzar estos resultados?”, plantea Kiko López, presidente de la sectorial de Ensenyament de la UCTAIB. “En realidad, se profundiza en las desigualdades sociales”, opina. Otro hecho que preocupa a algunas escuelas concertadas es el hecho de que puedan perder alumnos, por el hecho de que necesitan tener ratios mínimas para mantener los conciertos y recibir dinero público. Ahora bien, la posición de la concertada no es unitaria: La Confederació de Centres d’Ensenyament (CECEIB), que representa más de una veintena de Centros Concertados (CC) celebra “cualquier medida que premie la excelencia” y pide que, si el proyecto funciona bien en la pública, después se traslade a los centros concertados.
En cambio, López advierte del riesgo de consolidar una lógica elitista dentro del sistema educativo. “Habrá familias que pensarán que sus hijos están perdiendo el tiempo dentro de las aulas ordinarias y que necesitan una atención específica”, dice. “Se está fomentando una élite que quizás se podría formar igualmente en el ámbito privado, pero ahora se financia con dinero público”, añade. Para el representante de las cooperativas, la clave es el sentido mismo de educación inclusiva. “La base de la educación inclusiva no es esta”, defiende. “La inclusión real es estar en contextos diversos y representativos de la sociedad actual, no dentro de burbujas”.
¿Y los problemas estructurales?
El debate llega en un momento especialmente complejo para la educación pública, con ratios elevadas y falta estructural de recursos. “Yo aceptaría un Bachillerato ultraexigente y segregador si antes tuviéramos, entre muchas otras cosas, unas ratios adecuadas y unos buenos servicios de orientación con personal suficiente”, afirma la profesora Tonina Siquier, del IES Sineu. “Este año tengo 29 alumnos en primero de ESO, y eso es muchísimo. ¿Qué puedo hacer realmente para atender todas las casuísticas? Muy poca cosa, por no decir nada”, lamenta.
Siquier sitúa el conflicto en las prioridades políticas. “Cuando todo esto esté resuelto, ya podremos hablar del Llorenç Villalonga. Pero mientras vengan con medidas para favorecer a los que ya van bien porque la pública está degradada… pues conviene que recuerden que la pública está degradada precisamente porque la Conselleria no destina los recursos necesarios. Nosotros hacemos todo lo que podemos”, argumenta.
Las fuentes consultadas ven en el proyecto un posible paso hacia un sistema educativo dual. “Generará competencia entre los centros para meter allí a sus alumnos”, advierte Siquier. “La educación no debería ir por aquí. Debería ir de reducir el abandono escolar y atender bien a todos, no de tener cuatro alumnos que acaben yendo al Llorenç Villalonga”. Y añade: “A todos los centros les gusta enviar muchos alumnos a Selectividad y tener matrículas de honor. Hay institutos que se vuelven locos con eso, imagina si ahora abren otro campo de batalla para colocar alumnos en un centro de élite”, expone.
Los centros buscan la excelencia
Las familias también expresan dudas respecto a este tema. Xavier Ferriol es presidente de FAPA Mallorca y de la Apima del IES Joan Alcover, uno de los centros de Palma que tradicionalmente ha dado mejores resultados académicos. Describe lo que podría pasar con una comparación: “Es como si fuéramos un barco que funciona y nos pusieran otro al lado que nos roba los tripulantes”, dice. Ferriol cuestiona el sentido del proyecto. “¿Qué pasa? ¿Que el resto de centrosno buscan la excelencia? ¿Son mediocres? Es lo que se da a entender", lamenta. También alerta que el proyecto nace sin un proyecto educativo definido.
Los defensores del programa (el PP, Vox y CECEIB, entre otros) argumentan que puede evitar la desmotivación de los alumnos con más rendimiento dentro del sistema ordinario. Pero los críticos consideran que el problema no es la desatención de la excelencia, sino la falta de recursos generales para todo el sistema. “Por suerte, hay muchos alumnos buenos y no podrán entrar todos, y quedarán con nosotros”, celebra Siquier.
Para entender el fondo del debate hay que superar el caso concreto y girar la óptica. “Lo que se plantea no es lo mismo que separar alumnos con discapacidad, que todo el mundo vería mal, pero sigue una lógica de segregación”, afirma Muntaner. El debate, dice, no es qué se quiere proteger –el talento, la exigencia o el rendimiento–, sino qué modelo de escuela se construye cuando se empiezan a trazar itinerarios que separan. “Cuando se habla de excelencia, todo el mundo dice que la quiere. Pero esta separación no es necesariamente positiva ni para quien supuestamente la tiene ni para un sistema educativo que ya está muy tocado por los problemas estructurales”. La pregunta que queda abierta es si esta nueva apuesta servirá para fortalecer la educación o, al contrario, para dibujar una nueva línea invisible de segregación socioeconómica en un contexto educativo ya muy colapsado.