Alumnos con altas capacidades: "Se decía que atenderlos era como dar dinero a los ricos"

En Baleares hay 3.128 menores con esta condición, una cifra que queda muy lejos de la que se estima que hay

En los últimos años, con la irrupción de la escuela inclusiva, la detección y atención han mejorado.
21/05/2026
4 min

PalmaEn el aula, no siempre quien más necesita ayuda es quien más llama la atención. A menudo ocurre lo contrario. Entre alumnos con dificultades visibles y un sistema educativo tensionado, hay un colectivo que aún queda en segundo plano: los estudiantes con altas capacidades. En Baleares, hay 3.128 identificados, una cifra muy inferior a lo que se estima que puede haber. “Ha sido poco reconocido, poco entendido y poco identificado”, explica Rosabel Rodríguez, directora del Programa de Atención a las Altas Capacidades Intelectuales (PACiS) de la UIB. Esta falta de reconocimiento tiene consecuencias: “Se les da una atención educativa muy deficiente en general. Muchas veces, incluso, no existe”.

Durante años, han estado prácticamente ausentes del sistema educativo. En los años 90 y 2000, la atención era mínima y, a menudo, mal vista. “Incluso, iba a centros donde me decían que atenderlos era ‘como dar dinero a los ricos’”, recuerda Rodríguez. Con el tiempo, el discurso ha cambiado. Hoy se reconoce que estos niños y jóvenes “tienen maneras diferentes de aprender, con otro ritmo, y que necesitan adaptaciones”.

Pero este cambio no siempre llega al aula. “Se ha conseguido más en la teoría que en la práctica”, advierte Rodríguez. Todavía hoy, dice, “se hacen adaptaciones curriculares muy pequeñas, escasas, y muchas veces ni siquiera se hacen”. La clave, según defiende, es que la respuesta educativa se debe dar dentro del aula, con un currículum flexible, porque “la respuesta educativa no puede ser la misma para todos”. La detección es uno de los primeros obstáculos. En Baleares existe un protocolo desde 2015, pero la aplicación no es obligatoria. “Es voluntario: los centros que quieren lo aplican y los que no, no”, señala Rodríguez. Esto hace que muchos alumnos no lleguen ni siquiera a ser identificados.

Infradiagnóstico

María José Cordero, vicepresidenta de ABSAC Mallorca y madre de dos hijas con altas capacidades, lo resume con datos contundentes: “Del 10% que debería haber identificado, hay poco más del 1%. Debería haber al menos unos 20.000”. Para ella, el problema está claro: “Si no se identifican los alumnos, lo que ocurre es que están dentro del aula y tienen necesidades que no se conocen”. El desconocimiento también afecta a los docentes. “Los maestros no tienen herramientas y se necesita formación para hacer este trabajo de detección”, afirma Cordero. Y añade: “¿cómo puedo hacer mi trabajo si no estoy formado?”. La falta de formación es una constante que se repite en todos los ámbitos.

Francisco Tienda es el director del IES Quartó de Portmany y reconoce que todavía queda mucho trabajo por hacer: “Hace falta formación en este ámbito”. También alerta de un mito que todavía pesa en los centros: “Todavía perdura la idea de que ‘si son inteligentes, se las apañarán solos’”. Esta creencia es una de las causas de la falta de atención.

A pesar de ello, hay centros que han comenzado a dar pasos. En su instituto hace años que se realiza detección en primero de ESO. Pero no es suficiente con identificarles. “Lo que hay que hacer es escucharles y entender qué necesitan”, dice. Las necesidades son muy diversas. No todos los alumnos con altas capacidades responden igual. Algunos necesitan más profundidad, otros más ritmo, y otros prefieren no destacar. Maria Sureda, pedagoga terapéutica (PT) en el IES Manacor, lo explica así: “Hay alumnos que no quieren ser diferentes”. Por ello, en algunos casos, se ofrecen programas más discretos dentro del mismo centro o fuera, para potenciar sus habilidades e intereses.

A pesar de estos esfuerzos, el sistema todavía se encuentra tensionado. “Hay centros que dejan de lado a este alumnado, porque se priorizan otras necesidades más visibles”, señala Sureda. La escuela inclusiva ha ampliado la diversidad dentro del aula ordinaria, pero a menudo con los mismos recursos, lo que dificulta atender a todos. Las consecuencias son claras. Lejos del mito de que siempre triunfan, muchos alumnos con altas capacidades acaban desconectando. “Hay muchos casos de altas capacidades detrás de los cuales se esconde fracaso escolar”, alerta Rodríguez. El problema no es la capacidad, sino el encaje. “A menudo los problemas vienen cuando la educación no se adapta a estas capacidades, lo que puede generar aburrimiento”, añade.

El aburrimiento puede derivar en desmotivación y bajo rendimiento. Tienda lo confirma: “hay alumnos identificados que acaban abandonando y no hacen ni una FP básica”. También hay casos invisibles, de alumnos con fracaso escolar que nunca han sido identificados. La dimensión emocional es otro factor clave. “Necesitan atención emocional”, dice Tienda. Algunos alumnos pueden sentir que no encajan con sus compañeros, situación que puede provocar aislamiento o rechazo hacia la escuela.

Detrás hay muchos fracasos escolares

El testimonio de una familia anónima pone rostro a la realidad. “Siento que no me han dado nada de apoyo”, explica la madre de un joven de 16 años. Su hijo no fue identificado hasta primero de ESO, después de años de señales que nadie supo interpretar. “En Primaria nadie se dio cuenta de nada”, recuerda. A pesar de obtener el diagnóstico, la situación no mejoró. “Ahora tiene reconocimiento de altas capacidades… pero no ha cambiado nada, en el instituto”. Las dificultades se van acumulando: desorganización, falta de hábitos y desmotivación. “El sistema ha fallado desde Primaria”, afirma. Hoy, su hijo suspende asignaturas, incluso Matemáticas, el área donde tiene más capacidad. “Lo fían todo a la motivación”, dice la madre. Considera que el problema es que no se han trabajado con él aspectos como las estrategias de estudio y la planificación.

Este caso no es excepcional. Resume muchas de las carencias del sistema: detección tardía, falta de adaptaciones y ausencia de acompañamiento real. El reto, según coinciden todas las fuentes, es pasar del discurso a la práctica. “No nos podemos resignar solo a hablar de ello”, advierte Rodríguez. La cuestión va más allá de las altas capacidades, porque pone en duda la capacidad del sistema para atender la diversidad real. Porque, como recuerda Rodríguez, “no se puede atender a unos y olvidar a los otros”. Durante demasiado tiempo, a pesar de que se ha avanzado, estos alumnos han sido, precisamente, los otros.

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